Nisman, actor, síntoma y víctima de una Side mafiosa

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El bloque del Frente Para La Victoria (FPV)[i] del Congreso argentino acaba de puntuar una de esas falsas conferencias de prensa, en la cual los componentes leen una declaración ante los periodistas, sin derecho éstos a formular preguntas. El objetivo es fijar una estrategia defensiva ante las dudas surgidas por la muerte del fiscal Alberto Nisman, titular de la investigación del atentado a la Amia. Atentado sin resolución dos décadas después. El vocero más importante del FPV, Julián Domínguez, uno de los delfines potenciales de la presidente Cristina Fernández, imputó aquella denuncia que hiciera Nisman, muy inopinadamente, la semana pasada a aquellos círculos de la inteligencia “donde no ha podido llegar la transparencia”. El diputado no parece tener la misma relación al espacio tiempo que sus contemporáneos. Hace doce años que gobiernan los Kirchner. Lo suficiente como para realizar reformas de fondo dentro de los servicios de inteligencia y seguridad del estado. En la misma declaración, Domínguez nombró al ex director de Operaciones, recientemente llamado a retiro, Horacio Antonio Stiusso, alias “Jaime”, “El Ingeniero”, “Stiles”.  La presidente del bloque del FPV, Juliana di Tulio, por su parte ratificó la intención del partido de aseverarse  del porqué de la decisión de “interrumpir las vacaciones de Nisman”. Movida cuyo fin fue de  interponer esa denuncia que tanto sorprendió a la sociedad argentina, en la cual se acusa a la presidente de encubrimiento del estado iraní, a través del Memorandum of Understanding de público conocimiento.

Ese acuerdo, aberrante de forma y de fondo, firmado en 2012, hace eco a la misma gestión que Néstor Kirchner condujo como primera acción de política extranjera, cuando en octubre de 2003 acreditó al parlamentario radical Marcelo Stubrin con el fin de congeniar un tipo de acuerdo en Ginebra con la contraparte iraní en la persona de Hussein Hachemí. Las negociaciones abortaron según una fuente protagonista de ese encuentro, porque la parte argentina les exigía a los iraníes el pago de algo asimilable a una coima, la cual debía ser pagada a través de un estudio de abogados muy conocido de la capital. Consecuencia o no, al no “arreglar” en 2003,  la pareja presidencial reinstalaba la pista iraní “a secas” y obraba activamente a liberar los imputados de la conexión local. Tanto es así que Cristina Fernández declaró como testigo ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 3 en 2004,  de tal modo que la conexión local fue sobreseída. Nisman en ese momento era fiscal con los ex fiscales Eamon Mullen y Julio Barbaccia y con ellos sostuvo la misma acusación. Pero llegado el punto candente se alió a Stiusso. Más tarde pediría el allanamiento del domicilio del ex  juez de la causa, Juan José Galeano. Galeano fue el primer juez en investigar en 2003 las mega causas de corrupción del Kirchnerismo, pero en esa época, Clarín era todavía kirchnerista, y nadie se percató (en Argentina) de la maniobra que significó su desgracia.  El mismo juez con las mismas causas, diez años después habría sido tratado como un héroe. Galeano quedará en el relato argentino como el malo por antonomasia.

Como consecuencia de ese giro de 180 grados, Nisman fue ungido como protegido de Stiusso. Nisman convirtiéndose en el fiscal de la causa Amia, con el presupuesto más acaudalado de la historia, sin por lo tanto haber aportado un dato nuevo al expediente a lo largo de su mandato. Los nombres que figuran en su denuncia por encubrimiento con el estado iraní, como Emilio Miguel Ángel Pérsico, ya figuraban en un pedido de información del juez Galeano. Pedido emitido el 8 de setiembre de 1994, al cual la SIDE de la época a penas consintió a contestar con informaciones de estado civil.

La relación con Stiusso era triangular e incorporaba a la entonces esposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado. La conectividad entre las causas de los esposos es tal que plantea enormes cuestionamientos sobre evidentes conflictos de interés en serie, como mínimo.  Hasta fines de 2011, entre Arroyo Salgado, Nisman y algún que otro juez afín, pero ninguno tanto, el gran articulador de protecciones, carpetazos, encubrimientos y camas a favor de la construcción del poder de la pareja presidencial fue Stiusso. La confianza era tal que Sandra Arroyo Salgado fue la jueza encargada de perseguir con métodos dignos de la Gestapo a la accionaria mayoritaria del grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Stiusso, argentino de primera generación, hijo de padres sicilianos, labró la Secretaría de Inteligencia como una célula mafiosa de la diáspora. Lo que hace la mafia siciliana principalmente es vender protección. En algunos casos puede incidir en líneas delictivas propias, pero primero vende protección. Stiusso llegó a ser el  hombre fuerte del servicio al cabo de varias internas surgidas de las turbulencias del post menemismo pero su pertenencia al servicio de inteligencia argentino es anterior al atentado de la Amia.

Ese equilibrio se quebró en algún momento. Entre Cristina Fernández y Stiusso y por ende entre la presidente viuda y los referentes judiciales de la colosal causa Amia y de la especialización narcotráfico. Ese “algo” es muy difícil de reconstruir para los observadores y sólo se puede conjeturar. Lo que es seguro es que, sea lo que sea, “eso” toma la forma de la pérdida de la protección mafiosa por parte de Stiusso. A partir de 2012 empiezan a surgir “revelaciones” a medios “opositores”, cuando no a diputados con alto protagonismo en los medios. Las revelaciones difunden verdades, incompletas pero verdades, haciendo lugar al mensaje subliminal mafioso: “hay más”.  A veces esas “revelaciones” se venden asociando lo útil a lo agradable, a través de agentes proveedores de “informes reservados”.

Hubo de ellos varias manifestaciones, unas más elocuentes que la otra. Jorge Pacífico uno de los carapintadas, miembro del ex partido nazi argentino Modin,  comprometido en fotos y documentos varios como parte activa del esquema terrorista local,  beneficiado por las gestiones de la alianza encubridora (Stiusso-pareja presidencial) ante el TOF 3, en 2004, fue el autor menos pensado de la denuncia por corrupción en el caso de la empresa Ciccone Calcográfica contra el vicepresidente Amado Boudou. ¿Por qué él? ¿Y cómo le habría llegado esa información justamente a  él? El ex batallón 601 adujo haber tenido la suerte de encontrarse en el buen lugar, al buen momento, en una confitería de Tribunales y haber oído una conversación….  El caso es que él fue la fuente de uno de los casos más resonantes de corrupción.

Con la muerte de Nisman, el escenario político criminal argentino acaba de registrar una complicadísima aceleración, la cual remite a otros escenarios análogos en el mundo. Durante la presidencia de Boris Yeltsin, la segunda generación de mafiosos rusos tuvo que enfrentarse al síndrome de Brutus, con una tercera generación que de haber sido apadrinada, se convirtió en una facción parricida.  Y es que uno sólo es traicionado por los suyos. Y Nisman era una creación de la pareja Kirchner. Fue un apóstol de los primeros tiempos. Y el beneficio fue mutuo durante ochos años. Fue el perfecto engranaje de la maquinaria de persecución de opositores y de protección de los socios del poder. Él con la  investigación de la Amia y su ex esposa, Sandra Arroyo Salgado, como jueza de una jurisdicción tradicionalmente copada por la Side, San Isidro, donde la señora tuvo a cargo las causas más sensibles de narcotráfico en una década que progresivamente transformaría el país en un narco estado. Ni la acción judicial de la esposa limitó la penetración de los carteles en Argentina, ni Nisman aportó un dato concreto a la manifestación de la verdad en la causa Amia.

La muerte siempre es un escándalo, decía el viejo presidente François Mitterrand, a medida que él mismo se acercaba a la suya. Pero la muerte también es una forma de entrar en la leyenda. Seguramente la muerte caratulada como dudosa del fiscal Alberto Nisman sea los dos a la vez. Escandalosa porque sobreviene después de haber el difunto creado una expectativa importante, a más de un título, a raíz de su denuncia contra la presidenta de la República y algunos de sus adláteres. Pero la muerte de Nisman lo hace también entrar en una leyenda, la de un mártir, incansablemente abocado en la búsqueda de la verdad y la independencia de la justicia. Algo que no fue ni a medias, a lo largo de estos diez años de complicidad, de intrigas, de silencios culpables que tanto favoreció la impunidad.  Nisman fue uno de esos tantos casos de servidumbre voluntaria dentro de la alta función pública, a cambios de muchos privilegios. Si este país fuese capaz de superar la división amigo-enemigo y repensar las fundaciones morales de sus instituciones más vitales, la gesta más urgente sería pronunciar el acto de defunción de la Side, la Central que menos merece el calificativo de inteligencia del mundo libre. Un  organismo que no sirvió para nada, y que confrontada a la causa Amia, sólo puede ser abordado por lo que es, una organización criminal.

[i] Peronista. Partido creado por la pareja Néstor Kirchner, Cristina Fernández.



Categorías:Argentina, Corrupción

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2 respuestas

  1. Clarísimo, muy bien.

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  2. El tema es que ahora nos encontramos con la disolució de la SI pero con este gobierno con un pie afuera, con todos los miembros de la SI permaneciendo en la nueva central y con Gils Carbó controlando las escuchas. No cambia nada, o cambia para peor. Claramente no es una solución.

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