Charlie Hebdo quintaesencia de la libertad de expresión

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¿Nos damos cuenta de las cosas que nos pasan cuando nos pasan? ¿Nos damos cuenta que es la quintaesencia, aquella mismísima idea que nos hacemos de la Libertad, lo que fue profanado, esta mañana? El ataque al diario satírico Charlie Hebdo, esta mañana, a las 11, hora local de Paris, que dejó doce víctimas, decapitó la dirección de un semanario, emblemático de la libertad de expresión, golpeando la redacción durante su reunión hebdomadaria a la cual acudían necesariamente sus caricaturistas estrellas.

Los tres individuos, según las informaciones disponibles en las primeras horas parecían informados de las costumbres del medio. Los gritos, “Allahu Akbar” y otras consignas que se pueden oír en el video, (a priori) amateur, en el cual se ve el binomio de terroristas abatiendo a un policía al suelo, revelan una versión sociolectal del francés con fuerte acento de la periferia. La vestimenta se ve claramente inspirada del dress code del “Estado Islámico”. Lo que también parece inspirado del EI, es que los perpetradores no son suicidas. En un momento, se les oye decir: “vengamos al profeta y matamos a Charlie Hebdo”, como personalizando la entidad. Todo el método operacional revela una cierta torpeza, propia a los hábitos del conurbano parisino, especialmente en la movilidad urbana de los terroristas. Se equivocaron de dirección, entrando primero en un inmueble vecino al objetivo apuntado. Una actitud que seguramente habría inspirado una caricatura a los satiristas que ya no son. Los violentos se desplazaron en coche y no en moto, lo cual es la elección de individuos determinados ciertamente, tal vez con entrenamiento terrorista, pero amateurs al fin. Probablemente individuos con niveles de educación general y de perspicacia bajos. Sera fácil para los servicios rastrearlos por el método de huida; probablemente una cuestión de horas.

Charlie Hebdo venía de ganar la semana pasada un juicio, contra dos asociaciones surgidas ex nihilo: ”Rassemblement Algérien pour la Paix et le  Progrès” (RAPP) y “Organisation Arabe Unie” (OAU). Dos organizaciones totalmente desconocidas, que habían demandado a los satiristas por una publicación en la cual el periódico se burlaba una vez más de los fundamentalistas islamistas. Lo que más odian los obscurantistas y los populistas en general es precisamente lo que define el ADN de un medio como Charlie Hebdo. Su única ley es: no limit. En los últimos años, el semanario acuñado en los fondos bautismales de la izquierda anarquista había vislumbrado el peligro de lo políticamente correcto, lo cual está acompañando la senescencia de aquellas ideas renacentistas de Occidente, sobre el derecho a dudar, a no creer, a informarse como cada cual lo entienda, a reír, a no inclinarse. Ese peligro, tal como es percibido por los espíritus libres, es el establecimiento de una tolerancia asimétrica hacia el fundamentalismo wahabita, instalado y financiando por Arabia Saudita y Qatar, en las periferias lumpenizadas de Europa. Simpatía paradójica hacia sus propios enemigos que, por condescendencia o pereza intelectual, viene impregnando las capas de la inteligencia instalada.

Charlie Hebdo hizo varias portadas, que algunos juzgaron polémicas, sobre Mahoma. En febrero de 2006, republicó las caricaturas del semanario danés,  Jylland Posten. En 2011, una de sus portadas históricas es el Sharia Hebdo. Sin embargo los caricaturistas hoy asesinados no eran islamófobos. Usaban su tinta en denunciar el fundamentalismo, del cual los musulmanes son las primeras víctimas. Charlie Hebdo era ecléctico en su puntería. Últimamente había hecho una portada sintetizando la vanidad del Papa Francisco, el “Papa Progre”.

Los tres terroristas tienen cómplices dentro de la sociedad biempensante. Una manifestación de ello, es la declaración hace una semana del muy soberbio parlamentario europeo Daniel Cohn-Bendit, cuando Charlie Hebdo ganó su juicio contra las dos asociaciones precitadas. El franco-alemán líder del movimiento de Mayo 68, hoy campeón olímpico de lo políticamente correcto,  declaró, refiriéndose a los periodistas de Charlie Hebdo: “son unos boludos”, “masocas”, “les gusta hacerse daño,  se dicen vamos a pegar, después tendremos la policía, tendremos miedo, vamos a gozar”. Bueno, en vez de gozar están muertos. Muertos en ejercicio de la libertad de expresión. No se escaparon como sí lo hizo Daniel Cohn- Bendit en su momento. Han sido muchas las personalidades que han contribuido a instalar la idea de que la libertad de prensa, sin concesiones, era constitutiva de una violencia equiparable a la de los asesinos, violadores, esclavistas, oscurantistas que azotan el mundo a través del djihad internacional.

Es muy fácil reducir a los irreemplazables Cabu (Jean Cabu), Wolinski (Georges Wolinski), Charb (Stéphane Charbonnier) y Tignous (Bernard Verlhac) a provocadores. Si ellos mismos se definían así como parte de un discurso truculento que hacía las delicias de los que rehuimos del sometimiento, eran ante todo periodistas y de los mejores. El talento del satirista es captar la esencia de la actualidad, lo cual requiere híper lucidez. Es un tipo de periodismo muy particular, pero es tan necesario como el despacho frío de la agencia de noticias(cuando y donde las hayan).



Categorías:Islam, Terrorismo

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