La Ley por encima de la Omerta familiar

omerta10Asesinato de estudiante chilena en Buenos Aires.

 

(c)Teresita Dussart

 

Es interesante cómo se construye la percepción del ciudadano argentino de los últimos acontecimientos en relación al crapuloso hecho que terminó, hace cuatro meses, en Buenos Aires, con la vida de la estudiante chilena Nicole Sessarego. La percepción de estar ante un escándalo no deriva de la constatación que si no fuese por la acción de los familiares del probable asesino, Lucas Azcona, no se habría dado con la identidad de éste, no obstante los muy elocuentes vídeos disponibles que captan las imágenes del predador. Tampoco esa indignación deriva del hecho que el asesino responda a una constelación de características del perfil típico de un asesino serial y que éste haya podido mantenerse al amparo de una previa señalación. La percepción del escándalo deriva del hecho que sea el padre quien lo “entregó”.

En ese “entregar”, según la acepción local, está la noción de traicionar, librar al gran Sanedrín, abandonar a una potencia, denigrarse a sí mismo, profanar la confianza. En el léxico argentino la expresión “entregar” no tiene el mismo valor que en castellano neutro. En ese decir se cataliza el sentimiento de indignación hacía quien lo comete. Es una expresión reveladora de la red de solidaridad intrafamiliar y clánica, las cuales se sobreponen a los nexos como resultado de la ética propia del Estado de derecho.

No hay un medio televisivo que no utilice el verbo “entregar” para describir la acción cumplida por el padre del asesino. Sin embargo, se entiende desde la mismísima universalidad de la naturaleza de la especia humana, que el padre no “entregó”, sino que denunció, o por lo menos cumplió con una debida y mínima diligencia ante un crimen que marca una línea roja entre el amor filial y la autoridad parental, entre el cariño privativo y el deber de decir la Ley. El crimen de la joven Nicole, como el de Candela, como el de Ángeles antes, revela mucho más que el lado oscuro de la naturaleza humana y de las mentes enfermas emboscadas bajo el manto de una aparente normalidad.

Lo que la percepción social parece enfatizar es un cierto ADN cultural. Tal vez aquél que hace a la reincidencia de hechos político criminales a lo largo y lo ancho de la construcción de la nación argentina. Desde las familias de contrabandistas vascos llegado en torno a 1750, poco antes de las reformas borbónicas y de la instauración del Virreinato de la Plata, buscando una estirpe que su pasado judicial, ya para la época, no les podía otorgar en la Península, se sumó la llegada de familias pobres del sur de Italia a principios del siglo XX, aportando el ultimo toque a un crisol etno criminal muy particular. Un hecho que la fenomenología no permite discutir es que la república panporteña conlleva en sus genes preferir los “códigos” privativos a la Ley.

En ese terreno, fundacionalmente criminógeno, la familia es el núcleo sagrado y denunciar un miembro es un tabú, mucho más transgresor que el proprio asesinato. Tanto es así que una rareza argentina hace que el Código Penal reafirme el Código de la “Famiglia”: “no pueden ser ofrecidos como testigos los parientes por consanguinidad o afinidad en línea directa ni el cónyuge aunque estuviere separado legalmente, salvo que se tratase de reconocimiento de firmas“. Es esa cultura que hace de esta república, virtualmente, una organización criminal en sí, con un alto aval social de aceptación hacia los crímenes de sangre tanto como de la corrupción.



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1 respuesta

  1. La nota es muy interesante pero hay dos cosas que no comparto o no estoy entendiendo tu punto de vista. Una es el tema de la llegada del “tano” pobre del sur, “aportando el ultimo toque a un crisol etno criminal muy particular”, nunca lo vimos desde ese punto de vista, más allá de conocer el tema de las mafias del sur, se que no te referís a todos pero suena fuerte. La otra es lo que dice el código, que me parece que apunta más a la falta de objetividad que puede llegar a tener un pariente directo. Yo voy a creer en mi hijo, es decir, utilicen todo lo que tienen a su alcance para demostrarme que mi hijo es culpable, esto sumado a hacerme cargo de la parte que me toca en cuanto a lo que puede haber influído la crianza, por supuesto no refiriéndome a un asesino serial pero si a un hijo que simplemente se equivocó. No se si fui claro, estas cosas son interesantes para charlar, intercambiar mano a mano, pero lo bueno es que tus notas lo generen. Un saludo.

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