ISIS, lo peor de la nebulosa islamofascista

(C)Teresita Dussart. Todos derechos reservados

Hasta el anuncio de Barack Obama, el jueves pasado, los desplazados iraquíes huyendo del terror instaurado por el “Estado Islámico de Irak y Siria” , también conocido como el autoproclamado “Califato de Irak y Medio Oriente” solo podían contar con los Peshmergas kurdos. Musulmanes suníes o chiitas, cristianos, yasidíes, los civiles de las ciudades por las cuales pisa el grupúsculo de imagesCADLKLN7Abu Bakr al-Bagdadí, no se han beneficiado de otra forma de solidaridad que la de las redes sociales. Oprobio hacia las manicomiales acciones emprendidas por los terroristas de ISIS, pero nada más. Y visto el nivel de compromiso tras tres años de guerra en Siria,  no parecían tener motivos de esperanzarse con forma alguna de operación de rescate.  Barack Obama se compromete pero sólo en el marco de ataques extremadamente circunscriptos. El presidente de Estados Unidos declaró que ataques aéreos serán emprendidos contra ISIS “sólo si ataca americanos o interfiere con la ayuda humanitaria provista a los desplazados”. Frente a un grupo de terroristas que ataca hasta las formaciones terroristas más aguerridas, en un marco de hiperterror nunca visto desde la violencia de los primeros califas, la modestia en la definición del objetivo por parte de Obama crea cierta perplejidad.  De frente a degolladores seriales, que aterrorizan la población apareciendo en selfies con las cabezas ensangrentadas o clavando éstas en picas en las plazas públicas, un enunciado un poco más marcial habría abarcado la necesaria  dimensión psicológica que requiere enfrentarse a la barbarie de ISIS y aquellos grupos que le rinden pleitesía.

En el país vecino, hace tres años que Bashar al-Assad viene lidiando con grupos de djihadismo global. Todos grupos acuñados por esa mutación del wahabismo que empezó a desplegarse en el mundo en 1979 en Afganistán y entró en la clandestinidad terrorista a partir del despecho generado por la primera guerra en Irak, cuando un tal Osama Ben Laden se ofendió porque los saudíes no le confiaban a él y los veteranos de Afganistán computados en su base (Al Quaeda) el cuidado de combatir contra Saddam Hussein, según una hoja de ruta muy ingenua que iba proponiendo a cada príncipe que se le ofrecía. Desde ese despecho, el odio hacía los takfir (infieles) no dejo de crecer. Argelia, Chechenia, el Afganistán post 9/11 fueron los grandes momentos de aceleración de la mutación de ese wahabismo.

En Siria, los grupos fundamentalistas se hacen la guerra, se roban material, se secuestran, se ejecutan entre ellos y se acusan mutuamente de crear división (fitna). ISIS fue echado del territorio en enero precisamente por ese motivo. Algunas facciones logran sumar su poder se nefandad. El Frente Islámico en Siria es una de esas coaliciones. En ella coligan la Liwa al-Tawid, Ahrar a-Sham, Jaish al Islam y Jaish al Islam. Otros grupos como Jamaat al-Nusra y Mujaireen wal-Ansar, predominantemente chechenas, obedecen a sus propios comandos. ISIS no debe ser el árbol que esconde el bosque y hacer olvidar esas otras facciones de islamo fascismo.

Aparte de los rusos, nadie se preocupó durante tres años de los estragos cometidos por la ferocidad psicópata de la horda djihadistas en Siria, acuñados por las administraciones occidentales como gentiles partisanos motivados por instaurar un gobierno democrático. Si no fueron directamente armados, recibieron  equipos de telecomunicaciones de última generación de Francia, Estados Unidos, Turquía y Qatar entre otros. No se pudo medir el agradecimiento de los djihadistas hasta la fecha. Los desplazados y las victimas sirias de los djihadistas, ellos eran y siguen siendo representados como agentes del régimen de Bashar al-Assad.

Solo un sistema extremadamente violento como los propios grupos djihadistas pudieron repeler a ISIS en Siria. En Irak, las huestes de Al Bagdadí pueden implementar su sistema de terror porque no hay fuerza que pueda enfrentarse a degolladores, violadores y asesinos. La situación actual es que esa forma de terrorismo alimentada un día por fondos saudíes antes de que se les fuera de las manos, ya no se conforma con ataques puntuales. Ahora conquista territorios e impone el terror como sistema de gobierno. En Libia, Benghazi puede caer en manos de Ansar al-Sharia en cualquier momento. En Irak, las tropas de Nuri Al-Maliki no parecen poder recuperar terreno frente a ISIS. En Siria, Bashar al Assad se defiende con la ayuda solapada de Rusia.

Guste o no guste, Vladimir Putin es visto en el Levante como el único capaz de hacerle frente al djihadismo global y oponerle el tipo de contraofensiva que haga cambiar de lado al miedo, combinado al tipo de discurso, sin relativismos culturales, que repugna a los Hernán van Rompuy del mundo, pero que sí inspira una máxima sigilosidad en los rangos de este nuevo totalitarismo de bandera negra. La amenaza de Putin de “ahogar los terroristas chechenos en el retrete” fue desafortunada, pero los interesados recibieron diez sobre diez, el mensaje en cuanto a quien tenían en frente. El djihadismo global, habiendo alcanzado al nivel de monstruosidad y de rápida expansión de ISIS se compara solo al nazismo. Enfrentarlo es asumir una guerra total. Es decir una guerra de ellos o nosotros.



Categorías:Islam, Medio Oriente, Terrorismo

Etiquetas:, , , , , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: