Fútbol, el deporte amigo de la corrupción

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Desde San Pablo, Brasil

Por Teresita Dussart

Si algo bueno quedara de esta Copa de Fútbol organizada por la FIFA, es el principio de desalienación al opio del pueblo. Es la primera vez que el índice de percepción de la corrupción relacionado al fútbol y el impacto de sus subsecuentes ajustes de cuenta, tercerizados en la cancha supera la pasión futbolística. Y eso se da en una nación que hace del fútbol una religión. Por lo menos en la parte sur de Brasil.

No faltan los motivos para entrar en cura de desintoxicación. Entre sus efectos colaterales nefastos, el juego de pelota demuestra una rara capacidad anestésica de la opinión pública hacia todos aquellos temas que cuentan y que solicitarían conciencias despiertas. Por encima de ese defecto de fábrica, el fútbol ha demostrado universalmente una propensión inigualada por ninguna otra actividad deportiva para asociarse con el hampa, generar corrupción con el estamento político, inspirar las pulsiones gregarias, nacionalistas, xenófobas, más vulgares de la especia humana y asociarse en contubernios fangosos a todas las mafias existentes, ajustándose a la realidad criminológica en cada país.

De los Balcanes a América Latina en nombre del fútbol se cometieron los peores estropicios. La guerra de los Balcanes empezó en las canchas de fútbol y prosiguió como es historia. Terminada la guerra, los criminales de guerra se reciclaron en el hooliganismo con ramas en actividades tan poco espartanas y propias a las virtudes ascéticas del atletismo como la trata de personas, tráfico de armas, de droga y otras actividades relevantes de la criminalidad organizada transnacional. En el resto del mundo, los pases de jugadores se convirtieron en un luctuoso ardid para el blanqueamiento de activos. En América Latina, singularmente en Argentina, el fútbol hace ya mucho tiempo que puso la rodilla en tierra frente al poder feudal de turno, ofrecido su costado populista para el acarreo de huestes aplaudidoras, o amenazadoras, según las circunstancias. Las relaciones de varios clubes con el gobierno y sus “barrabravas”, directamente financiadas con dinero del erario público por usinas del gobierno Kirchnerista hoy, están ampliamente demostradas en fuentes públicas, con algunos bufones destacándose, como lo fue Guillermo Moreno, el ex sátrapa de la Secretaria de Comercio.

1377620_10202993628716042_6666154529964650896_n[1]La autora visitando el Arena Parque

A través del futbol se corrompe la base de la sociedad, pero la pirámide no se mantiene intacta. Al contrario se lleva la mejor parte. En el caso brasileño, la presunción de sobrefacturación en el período de campaña electoral presidencial es altísima. De todos los estadios, desafiando el sentido común, el Arena Corinthians de Sao Paulo es el más emblemático. Es un regalo que se otorgó el ex presidente Luis Ignacio Lula Da Silva (PT), fanático del Club Corinthians, aprovechando su condición de hacedor de opinión electoral. Aunque su estrella esté palideciendo bajo la competencia del nuevo stakeholder de la política brasileña, el ex presidente de la Corte Suprema, Joaquim Barbossa. El mismo que hizo juzgar a los barones del petismo dentro de lo que se llegó a llamar la crisis del Mensalão.

Aparentemente, Lula habría tenido motivos de confiar en 2010, en la seguridad que los cataríes intervendrían en el financiamiento del Arena Corinthians (o Itaquarao), a cambio de su lobbying para la concesión de la Copa en 2022 al Estado dirigido por el Emir Tamir bin Hamad al Zani. Pero ese financiamiento nunca llego.

La FIFA es el laboratorio que produce hoy tan nefasto principio activo. La asociación de fútbol argentino (AFA) dirigida por el inamovible e inefable Julio Grondona, también vicepresidente de la Finanzas de la FIFA, algo así como un Amado Boudou con más longevidad política, le hace espejo. Otras federaciones nacionales mantienen relaciones mucho más complejas con la FIFA, sería el caso de la Confederación Brasileña de Fútbol, mantenida apartada de la organización de la Copa. Los escándalos relacionados a la FIFA han sido objetos del interés inquisitorial de varios periodistas especializados, como el portugués Hugo Daniel Souza; Thomas Kristen (Fifa Mafia, 2012); Andrew Jennings, de la BBC (Fifa, dirty secrets), prohibido en la sala de prensa en la sede de Zúrich; el brasileño Jamil Chade, del diario paulista “Estadao”. Pero la FIFA sabe contratacar. Su poder financiero y el chantaje que puede ejercer con el arma fatal de los derechos de retransmisión (otra fuente inacabable de retro comisiones ocultas) es lo suficientemente disuasoria como para contener las digas.

Indiscutiblemente los dos últimos presidentes de la FIFA, el brasileño Joao Havelange y el suizo Joseph “Sepp” Blatter, han llevado a cumbres inexploradas la opacidad en la organización futbolística. A eso hay que agregar la dramaturgia que se instaló con la obsesión del el emirato de Qatar en conseguir que se desarrollen los juegos en su desierto acomodado por los petrodólares, Esa obsesión condujo a que varias delegaciones vendan su votos a cambio de favores que de alguna manera se están cobrando a lo largo y lo ancho de esta Copa, como también se está cobrando las condiciones de la selección de Rusia en 2018 y muchísimas otras deudas generadas por tráfico de influencia.

El fútbol además de ser un deporte de equipo que fácilmente puede generar antagonismos clánicos, tiene la particularidad de ser regido por reglas mucho más sencillas que cualquier otro deporte de césped. No exige una contextura atlética emérita, y el hecho de ser seleccionado tiene que ver con el talento, ciertamente, pero también mucho con la suerte. Siendo un deporte, tan anti elitista por naturaleza, no exigiendo poseer virtudes drásticamente diferentes del promedio de una población joven gozando de una salud decente, no obstante,  en veinte años, las estrellas del fútbol pasaron de ser deportistas de alto nivel, al estatuto de semidioses.

Hace un mes, el ex jugador francés de origen bereber Zinedine Zidane perdió una valija en Sao Paulo, y el incidente privado tomo las proporciones del asunto del collar de la Reina. Se desato una furia de diva. Individuos, sumando cada uno más diplomas, por poco que sea, que todo el árbol genealógico del ex -jugador, se encontraron en situación de sufrir la furia neroniana de la gloria “des Bleu”. De no ser  porque se hizo conocer corriendo detrás de una pelota, ese mismo hombre tal vez estaría trabajando de valijero.

Eso es lo que el pueblo brasileño ya no parece decidido a soportar. Ese derroche de Bling Bling : las obras faraónicas, la esposas prostibularias rebautizadas “modelos”, el reciclaje de ex corredores de detrás de la pelota en comentaristas políticos, los gloriosos impresentables chorreando litros de grasa,  de la índole de Maradona, las falsas campañas humanitarias pagadas con cheques millonarios al estilo del enano de jardín rosarino, los políticos barrabravas que se escudan en la popularidad de la chusma, la colusión con el bandidismo, los nuevos Elefantes Blancos que la Copa 2014 dejará en Brasil, mientras que el país espera reformas en infraestructuras, los presidentes de asociaciones locales tratados con rango de Jefe de Estado. Más  que nunca, manifestar su desprecio hacía ese deporte,  es una cuestión de consciencia democrática.

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Es este portal del mismo autor sobre el mismo tema : El hombre nuevo peronista resultó ser el Petiso Orejudo.

https://relacionesinternacionales.co/2013/10/26/el-hombre-nuevo-peronista-resulto-ser-el-petiso-orejudo/



Categorías:Corrupción, FIFA, Latin America

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