Los Moyano adquiriendo respetabilidad al por mayor

MOYANO-CRISTINA-TIEMPOS_IECIMA20120203_0064_7Teresita Dussart (c) Todos derechos reservados

Desde que Hugo Moyano, secretario general del gremio de los camioneros y de la CGT, rompió la alianza con la pareja Kirchner, en 2010, paso de ser conocido como el líder de un ente gestado al modo de una empresa criminal, la CGT Camioneros, a ser el Lech Walesa argentino. Las imágenes del líder camionero en las tribunas a la derecha de la pareja presidencial, una postal diafanizada de sobrevivencia del musolinismo austral, desaparecieron. Hasta resulta de mal gusto, o “hacerle juego” al gobierno, recordar que Hugo Moyano sostuvo, alentó, hizo posible, gracias a su red de punteros[i] instalados dentro del mundo de la villa y del conurbano, todas las decisiones tan erradas como erráticas de Néstor Kirchner y luego la esposa Cristina Fernández, a lo largo de casi una década de acompañamiento. Aprietes, chantajes, violencia sindical, injurias, bloqueo de medios señalados a la vindicta popular por no participar de la kermés militante; no hay una infamia de la cual el líder gremial no participó, con toda impunidad judicial y con absolución política hasta 2010.

Moyano Inc. subcontrató la fuerza bruta. La pareja ordenaba, él ejecutaba. Es un hecho absoluto que hay un antes y un después Moyano en la capacidad de movilizar la chusma. Los autobuses escolares para acarrear la turba desde 2010, no son comparables en tasa de aglutinación a lo que la CGT podía levantar por medidas que relevaban de una política de cuadrillaje del territorio y su red de tráfico de influencias con los caciques del conurbano. Al kirchnerismo le queda en 2013, como grupos de choque, una base nutrida de clientelismo, aunque muy erosionado por la hiperinflación, la relación con las agrupaciones del hooliganismo local, y algo de punterismo propio, aunque cada vez sostenido en una cuerda más floja.

Esa relación que Hugo Moyano encarnó no se entiende si no se entiende lo que es el sindicalismo peronista de origen. La pareja Kirchner ha encarnado un peronismo de mimetismo de la pareja Juan Domingo Perón y Evita Duarte, y pocos como Moyano habrían podido acompañarlos en esa aventura político-criminal. Sólo podía ser un peronista acuñado del mismo fundamentalismo. El imprescindible informe de 1947 del diplomático estadounidense Spruille Braden, en puesto en Argentina durante la segunda guerra mundial, “The Blue Book on Argentina”, que expone en toda su crudeza la complicidad de Argentina con las potencias del Eje, constituye un documento base para entender el sindicalismo peronista. Razón de ello es que no es un libro redactado con posteridad, sino un informe de inteligencia frío destinado a definir el lugar que se merecía el país en el concierto de las naciones libres.  Singularmente en cuanto al rol de Juan Domingo Perón, como agente de Alemania trabajando a favor de los nazis. En su tercer capítulo: “Nazi-fascist caracter of the Argentine regime”, establece las instituciones de apoyo a lo que se convirtió en la única sobrevivencia oficial del musolinismo en el mundo. El sindicato único es la colona maestra de este tipo de régimen: “Siguiendo los métodos nazi-fascistas-falangistas, suprimieron libertades individuales, liquidaron instituciones democráticas, persiguieron opositores con métodos terroristas, crearon una máquina para la diseminación de ideales nazi-fascistas, establecieron una organización de trabajo por corporación infeudada al gobierno….”.

Miguel Primo de Rivera, congenió una organización del trabajo de la cual Perón se inspiró abiertamente, consistiendo en  “un organismo que represente tanto el empleador como el trabajador”. Esa organización es la Confederación general del Trabajo (CGT) post revolución de 1943, tal como fue pensada por Perón que recobro su carácter de origen con la pareja Kirchner-Fernández.  Ese tipo de organización no admite democracia sindical. En el régimen peronista no hay varias uniones respondiendo a obediencias ideológicas distintas para negociar los salarios o las condiciones de los trabajadores. Hay un solo sindicato representando a todo los obreros. Teóricamente pueden caber otros, pero no tienen ningún poder de negociación real, con lo cual sus afiliados son cantidad omisible. Exactamente como en la “Carta del Lavoro de Mussolini”. Hugo Moyano no hizo otra cosa que aplicar el método a la letra. Durante su periodo de auge bloqueó cuanta actividad pudo de modo que todo lo que tuviese ruedas, aunque sea a una silla, se afilie a su rama.

El sindicalismo peronista tiene varias aristas; la primera es una formidable máquina de amedrentamiento y de apriete, lo cual requiere jefes con un perfil de hombres violentos y poco dispuestos a la negociación con quien no piense de la misma manera. Por otra parte, su lugar en el mapa del poder es el de actuar como palanca sobre las masas. Eso le otorga el acceso a una mana de fondos ocultos muy importante. Por eso a lo largo de la historia del gremialismo peronista, las internas entre jefes de los diversos sectores (carne, taxi, ferrocarril, transporte, portuarios, entre otros) para ocupar la jefatura de la CGT están plasmadas de crímenes varios. En ese ámbito extremadamente hostil, el más agresivo y más inescrupuloso gana. Como Hugo Moyano en nuestra contemporaneidad,  Augusto Timoteo Vandor en su tiempo.  El problema para ellos es que esa agresividad social que los propulsó donde los propulsó, termina por serles contraproducentes cuando empiezan a sentirse al estrecho en el rol de instrumento funcional al cacique de turno. Esa angurria de poder hizo que Isabelita Perón le bajara el pulgar a Vandor y lo condujera a un callejón que culminaría con su ejecución en 1969, no obstante lo más abyectos servicios que este le brindara a Juan Domingo Perón. Por motivos distintos, pero siempre dentro de una interna del peronismo, José Rucci, entonces presidente de la CGT seria asesinado en 1973. Hoy es la nueva Isabelita, Cristina Fernández, quien le bajó el pulgar a Hugo Moyano, pero los siniestros servicios para conducir el país hacia el nuevo ocaso nacional no son menores a los de sus predecesores. Esos servicios coligaron en que en 2014, Argentina volvió al ser el Estado semi paria, con el cual hay tratar desde una distancia prudente, en todo punto comparable a lugar en el mundo que ocupaba Argentina de la inmediata post-guerra.

El sindicalismo peronista no es ni de izquierda, ni de derecha, es peronista, nacionalista, populista, autoritario. Hugo Moyano se asoció a un gobierno que casualmente optó por un discurso de peronismo de izquierda porque en el movimiento pendular de la historia argentina, en ese momento era el discurso que inspiraba respetabilidad. Pero lo mismo podría haberlo hecho hacia la derecha si las circunstancias lo hubiesen ordenado. Durante la última dictadura tuvo un rol más que oscuro en Mar del Plata. Y conste que no es el único de los cuadros de la era Kirchner de pasado indecoroso. También la pareja Kirchner, que tanto se enriqueció a través de una financiera durante los años de plomo, o el líder de la rama del sindicalismo peronista de la construcción, UOCRA, Gerardo Martínez, que figura en la nómina de los civiles que participaron activamente de la represión, como muchos más conocidos y menos conocidos;  se benefician de la respetabilidad de estar asociados a la marca “derechos humanos” sin nada haber hecho para merecerlo, más bien el contrario. Es un hecho irrefutable que la pareja, tanto Néstor como Cristina instalaron en los espacios estratégicos requiriendo de gente de confianza a personalidades con un protagonismo activo en la represión (Raúl Zaffaroni, hoy miembro de la Corte Suprema, Cesar Milani, jefe del Estado Mayor, etc.). Entre ellos varios sindicalistas.

En harás de amnesia, los aprietes de Moyano fueron borrados de la pizarra. Su rol durante la dictadura en Mar del Plata, nunca cuestionado. ¿Su enriquecimiento personal? Tampoco. Es un espectáculo surrealista ése al cual se asiste desde hace una semana, la pulseada del hijo (no hay peronismo sin nepotismo), Pablo Moyano, amenazando con  muertes en caso de no obtener del intendente de Quilmes la ratificación del contrato de recolección de basuras de la empresa Covelia. Detrás de la conservación de los puestos de la empresa de recolección, que supuestamente quieren proteger, se trata de reivindicar un contrato de prestación de servicio a un ente público, que nunca fue licitado, para una empresa con fuertes presunciones de ser de ellos, Covelia, la cual figuraría a nombre de un testaferro.  ¡En resumen se trataría de una huelga en defensa de intereses privados correspondiendo a bienes mal habidos!

¡En resumen se trataría de una huelga en defensa de intereses privados correspondiendo a bienes mal habidos!

Las amenazas de muerte de Moyano no son a tomar a la ligera. Hay al menos un muerto, Mariano Ferreyra, quien pago con la vida querer descolocar los intereses de esa categoría de  grandes patrones que son los sindicalistas peronistas. Ferreyra fue asesinado el 20 de octubre de 2010 por una patota de la Unión Ferroviaria, dirigida por José Ángel Pedraza. Y Hugo Moyano hizo denodados esfuerzos por influir en Néstor Kirchner. En ese momento también amenazo con una huelga general si tocaban a Pedraza, el cuerpo del estudiante aun tibio, recién ejecutado por sicarios del gremio. La última intervención de Moyano a favor de Pedraza se dio pocas horas antes de la muerte del expresidente. Covelia no es la única empresa de la nebulosa Moyano, y Moyano no es el único líder sindical  millonario en Argentina. Son muchos sus colegas a figurar entre los grandes patrones del país, muchas veces dentro del mismísimo gremio del cual tienen como mandato defender los intereses de los obreros. Ese nivel de conflicto de interés nunca preocupó a la pareja Kirchner, mientras eran aliados. Además de transferencia de fondos, ajenas al escrutinio de los controles del Estado, el peronismo funciona concediendo feudos de corrupción que los interesados administran discrecionalmente.

No obstante las amenazas de muerte, Pablo Moyano fue recibido al día siguiente por el Papa peronista en el Vaticano, en una segunda audiencia en lo que va del año de papado. Antes, los seculares recibidos en audiencia por el príncipe de la Iglesia eran jefes de Estado, premios Nobel, gente de una cierta relevancia en la marcha del mundo. Hoy el criterio es ser un Juan Moreina, peronista, tatuado de “Malvinas Argentinas”, del club San Lorenza o algún otro club de futbol argentino,  de tener un mate entre las manos o alguna manifestación de patrioterismo rancio. Dejó de ser una marca de privilegio. No obstante, ese reconocimiento en Argentina, contribuye a la adquisición de respetabilidad de una “famiglia”, los Moyano.  En circunstancias de reflejos neguentropicos por parte de una sociedad sana, esa misma familia se vería impuesta de la adjetivación de altamente impresentable.

 

[i] Grupo de choque en Argentina, marcando un territorio para la colecta de votos en base a técnicas de amedrentamiento y clientelismo.



Categorías:Argentina, Corrupción, Latin America, Otro día en Argentina

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