Cristina bergogliana, homilía por cadena nacional

JUSTICIA-MANO-PROPIA-Presidenta-Telam_CLAIMA20140331_0173_24

Teresita Dussart. Todos derechos reservados.

Columna de opinión

 

No es fácil escuchar a la presidenta de los argentinos por Cadena Nacional. Siempre da un poco de resquemor tender la oreja, aún cuando lo expuesto es insoslayable por ser ventilado con obligatoriedad por todas las frecuencias del país. Uno no puede no anoticiarse del tono intimista y sentirse algo extraviado en un huit-clos que a menudo parece exclusivamente referido a una trama familiar. Las apariencias del show presidencial ponen al espectador en el mismo plano que la audiencia del reality. El primer instinto es llamarse al pudor y respetar la intimidad de la señora quitándole el sonido. Pero la señora es la presidenta de un país conocido por no hacer nada como los otros, y esa praxis en disidencia del sentido común es la parte medular de su idiosincrasia, a la cual no se puede fallar.¿Si no fuese por el exotismo de la doxa peronista, y que decir de la kirchnerista, cómo se explicaría la fatalidad de un país fallido que todo parecía tener, sin jamás haber alcanzado a ser lo que parecía?

Hoy, con motivo de celebrar la creación de una red de centros de rehabilitación de personas víctimas de adicción a drogas peligrosas, por la Secretaria de Programmación para la Prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico (Sedronar),  la presidente hizo una curiosa apología de los asesinos. No cabe entrar en detalles de lo que sería esa red de rehabilitación, no obstante el hecho que se trate de  una excelente y más aún necesaria medida. No cabe,  porque en diez años de kirchnerismo, periodistas y analistas hemos aprendido que ninguno de los objetivos en materia social ha sido seguido de efecto, aparte de aquellas medidas inmediatamente clientelares. Los Kirchner finalizaron lo que Carlos Menem y más aún Eduardo Duhalde, cuando dirigía la policía de la provincia de Buenos Aires y como presidente, habían empezado: hacer de este país un narco-estado. Eso fue hecho. Unos cuantos centros de rehabilitación pagados por el Estado vendrían bien para reparar aun marginalmente la hecatombe generada por la codicia de una clase política de supina inmoralidad. Lamentablemente, han pasado tantos planes que no fueron otra cosas que generación de fondos públicos desviados, de la envergadura de “Sueños Compartidos”, que obligatoriamente un periodista que se respeta ya debe estar hurgando como se estructurará esta vez la corrupción.

El pequeño “plus” de la cadena nacional que hace noticia, ha sido esta declaración: “Cuando alguien siente que su vida no vale más de dos pesos para el resto, tampoco le podemos reclamar que la vida de los demás valga para él más de dos pesos“.  No se sabe si lo dicho ilustra la filosofía de derecho que apaña el nuevo código penal. No deja de estar en ruptura con las consideraciones más arraigadas en cuanto al respeto de la vida ajena. De ahora en más, cuidado con las personas que tengan muy baja su autoestima; Cristina Fernández rompió con cuatro mil años de definición del crimen a lo largo y lo ancho de la humanidad.

Elaborando sobre el estado de ánimo del “Homo Conurbanensis”, la presidenta casi casi hizo una autocrítica cuando se refirió a la “frustración” de las personas que viven en el conurbano. “El que se siente [sic] en la periferia siente que la sociedad le ha soltado la mano“. Si no fue una autocrítica, es únicamente porque la presidenta se representa como llegada al poder hace un instante, si de apuntar a los disfuncionamientos se trata. Sólo evoca 2003, para marcar un hito de todo lo malo que prevalía antes de la génesis del Estado Kirchnerista.

Es un hecho que las ciudades argentinas se han plagado de “villas”, y que el proprio conurbano tiende a parecerse a una villa. Que la cultura del trabajo ha sido definitivamente remplazada por una cultura del malvivir, que la desestructuración de la confianza entre los ciudadanos se encuentra consumada, que es un oscuro lugar de derelicción, y que sus perversos efectos mesológicos son difícilmente reversibles. Esos flagelos surgieron al cabo de una década de crecimiento desaprovechada al no generar desarrollo.

La sociedad del espectáculo, la del Show cristinista, impone una alta dosis de confusión entre realidad y ficción. Primero fue la impostura del compromiso histórico. El halo legendario de un coraje durante los setenta que la pareja no tuvo ni en dichos, ni en hechos. Se callaron, se enriquecieron disfrutando despiadadamente de la usura a través la Circular 1050 dispuesta por la junta militar. Después fue la seudo lucha contra la pobreza, ficción que también se estrella contra la realidad. La Argentina post Kirchner cuenta con un cuarto de su población viviendo en condiciones de pobreza urbana. Según el informe del PNUD, Argentina en 2013 fue el país donde más hurtos se registraron en el mundo, siendo seis de cada diez acompañados de actos de violencia. También encumbra la lista de la ONG ambientalista, “Green Cross” de los lugares más contaminados del mundo con el Riachuelo y sus villas linderas. Un lugar donde un gobierno afectó efectivamente, un precio casi nulo a la vida.

La violencia no es azarosa. ¿No son los Kirchner que ofrecieron la mejor protección de todos los tiempos a los barrabravas (hooligan) y sus estropicios? Y qué decir de los narcotraficantes, punteros, sicarios, traficantes de seres humanos, reincidentes en materia de delitos de género: todos  han encontrado, mínimamente, empatía y a veces un espacio en una destacada logia de la militancia kirchnerista. La sociedad ultra violenta argentina es el resultado de un discurso difundido por los voceros de la pareja, entro otros Hebe de Bonafini y su peculiar noción peronista de la justicia: “Al enemigo ni justicia”, o de Luis d’Elia y su llamado a “fusilar” el opositor venezolano Leopoldo López. Los personajes más violentos de la historiografía argentina han sido rescatados como héroes gracias a un revisionismo revigorado e impuestos en los libros escolares como modelos a seguir.

El reciente exhibicionismo religioso de Cristina, del cual dio una renovada demostración ayer,  es atribuido a la influencia de Francisco. La realidad es que ni la presidente se hizo Bergogliana, ni Bergoglio se hizo Kirchnerista. Son las dos caras de la misma moneda. Los dos son peronistas, tan populistas e histriónicos uno como el otro. Los dos con mucho por escamotear de su pasado y lo peor, dolosamente carentes de logros en materia de políticas sociales. El rol de la iglesia católica argentina, tan puesto en adelante en las Villas Miseria fue el de la caridad y del miserabilismo piadoso. El balance humano es altamente negativo.  La diferencia yace en que si en Roma Francisco usufructúa de una nueva identidad, en Argentina la realidad azota en las calles.

 

Sobre el mismo tema : Confirmado un Papa peronista es una catástrofe para el mundo, publicado en este portal, de la misma autora, el 1ro. de Enero de 2014 

https://relacionesinternacionales.co/2014/03/07/un-papa-peronista-es-una-catastrofe-para-el-mundo/



Categorías:Argentina

Etiquetas:, , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: