José Miguel Insulza o el síndrome de Múnich

InsulzaFidelCastro-241x300El secretario general de la Organización de Estados Americanos  viene acompañando el profundo retroceso de la democracia en la región en este principio de milenio. @teresitadussart

Si en algo tiene razón Nicolás Maduro es cuando sentencia, a propósito de José Miguel Insulza, el secretario de la OEA: “Él sabe que él es el secretario general enterrador de la OEA y le debe doler mucho la cabeza, así que dejemos quieto a Insulza”. La seba americana, americana en el sentido toquevillano, de la organización multilateral bajo el mandato del chileno, ha dado paso a un nuevo acervo político que es el de la satrapía de la generación de dictadores electos de estos últimos quince años. Y lo menos que se puede decir es que en Insulza han encontrado alguien que les cuide las espaldas. Todo lo que podía acercarse a la noción de democracia como sistema de gobierno garantizando las libertades individuales, se ha convertido a lo largo de esos años en un sistema de gobierno fundado en la dictadura de la mayoría, cuyo extremo centralismo desde la cumbre del ejecutivo acabó con la división de poderes, permitió las más impetuosas e imprevisibles interferencias en la vida de los ciudadanos, avasalló los mecanismos de control del Estado y dio rienda suelta a la más abyecta de las formas de corrupción. Ése es el estado de situación en una porción significativa de la América Latina del siglo XXI.

La última fechoría de Insulza fue la de organizar las condiciones del rechazo de la convocatoria del Consejo Permanente de la OEA que se debía organizar ayer, jueves 27 con motivo de la situación en Venezuela. La reunión fue postergada por instrucción de Venezuela, utilizando un artilugio, el artículo 6, alegando que cuando la convocatoria fue realizada, el presidente del consejo, el embajador dominicano Pedro Vergés Cimán, no se encontraba, lo que ponía el Estado de Venezuela, por su más antigua titularidad, en postura de ejercer la presidencia del Consejo Permanente. En el marco de esa cumbre, de la cual debían participar los cancilleres, se habrían elevado protestas por parte de los Estados más críticos hacía el régimen chavista. Un mal momento por ahora soslayado. Maduro y los esbirro de su gobierno sienten que aquel olor a azufre que una vez creyó sentir Hugo Chávez en reunión plenaria de Naciones Unidas, ahora se les está acercando y podría ser el de la Corte Penal Internacional. Urge dar la sensación de un apoyo continental.

Habiendo logrado esquivar ese percance, Elías Jaua, canciller venezolano se fue con gran premura a estrechar manos con los otros protagonistas del Eje del mal.  Ante su par boliviano ayer, declaró querer que la misma reunión se desarrolle dentro del marco de la Unión de Naciones Suramericanas, (Unasur): “Cualquier acción internacional para plantear” lo que calificó de “agresión”, “consideramos debe ser en el espacio de la Unasur”. La razón de ser del Unasur, tal como fue pensada por el difunto Néstor Kirchner, fue crear un gremio de presidentes autoritarios que se defienden entre ellos cuando se eleva el nivel de protesta a un nivel lo suficientemente critico como para considerar puesto en peligro su ejercicio ilimitado del poder. Lo que ellos llaman sin temor al ridículo de tentativa de “magnicidio”.

En el siglo XXI, el retroceso de la democracia es tal que querer retirarle un mandato a un gobernante corrupto, envuelto en evidentes casos de mala praxis, es percibido no como como una consecuencia lógica, propria una democracia madura, con mecanismos constitucionales para rescindir,  un contrato en el fondo, sino como una transgresión equivalente a la muerte del padre o el incesto con la madre. Hay que decirlo muy fuerte, es un acto altamente honorable el declarar intolerable desgracia moral e intelectual el tener su destino en manos de un payaso y soportar su zafiedad. El gobernar no comporta unción mágica. Querer y emprender las correspondientes acciones para echar un mandatario no es asimilable a violar un tabú religioso. La democracia es eso. El voto es sólo un mandato de representación limitado en el tiempo, no una delegación de plenos poderes.

El argumento de Jaua para trasladar su problemita al gremio de déspotas del Cono Sur es que en la OEA hay “injerencias”. Si las protestas y la repudia son injerencias, desde luego las hay. Y la ciencia política contemporánea, nacida con los derechos humanos y el “nunca más” entroniza la “injerencia” como una obligación, acompañada en muchos casos del concepto del “deber de proteger”, o sea de intervención armada. La modernidad considera que el Estado no es un lugar donde las fronteras hacen de valla inviolable para el golpeador. En las dictaduras, la “no injerencia” es un punto medular, ya que se trata ante todo de respetar la entereza del soberano derecho a golpear, por parte del cacique de turno.

Henrique Capriles comentó la “no injerencia” de la OEA de esta manera: “Pareciera que para Insulza aquí tiene que haber cientos de muertos para que la OEA se pronuncie. Qué lamentable que Insulza no haya sido capaz de decir nada sobre la situación de nuestro país“, dijo. Eso fue hace dos semanas. Desde entonces, Insulza se inspiró en el Papa y envió una suerte de mensaje navideño de “paz” a los hombres de buena voluntad o algo por el estilo. Un mensaje del cual resulta que las partes se encuentran moralmente equiparadas, el tirano y el pueblo oprimido formando un todo inescindible.

Según Insulza, entre la víctima y el verdugo lo que falta seria “dialogo”. “Lo que hemos visto hasta ahora, la ausencia de conversaciones, la sordera política y la actitud confrontacional, sólo consigue prolongar el conflicto, incrementar la animadversión y aumentar día a día el número de ciudadanos muertos y heridos”, describió en una columna de opinión en el diario El País de España. La censura a la prensa independiente, la represión el hostigamiento, el insulto hacia quien piense diferente, las expropiaciones, el desabastecimiento, la inseguridad, la humillación perpetua de vivir bajo la ley del gatillo fácil de los colectivos populares armados por el chavismo,  el fraude electoral, nada de eso le parece motivo suficiente a Insulza como para determinar con claridad quién es  elverdugo y quién es la victima tras nada menos que quince años de autoritarismo. La paz que propone Insulza es la de Múnich en 1938. “Quisieron evitar la guerra a costa del deshonor, tuvieron la guerra y el deshonor”. (Winston Churchill).

De deshonor Insulza tiene lo suyo. Se hizo inequívocamente cómplice de Maduro cuando apelo, sin nombrarlos, a Leopoldo López y Henrique Capriles a desistir en acompañar la protesta: ““La presencia de determinados dirigentes podría desencadenar incidentes que posteriormente todos lamentarían”.  Pidió a los representantes de los medios abstenerse a la autocensura. Eso, en un país ya cercenado por la censura más crapulosa. Para eso apeló a la “conciencia sobre el influyente rol que desempeñan en esta coyuntura política”. Jugó sobre la cuerda de la conspiración “golpista”: “López y otros dirigentes impulsan la táctica de ocupar las calles para oponerse al gobierno de Maduro y forzar un ‘cambio constitucional’”. Finalmente, su apología de la paz tampoco brilló por su creatividad en materia de soluciones, ya que se conformó con consultar varias cancillerías de la región, al cabo de lo cual llegó a unabrillante conclusión, eso mientras morían los estudiantes bajo las balas reales de los colectivos y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB): “existe plena coincidencia en cuanto a la urgencia de que se entable un diálogo entre el gobierno y la oposición”.

Lo que desapareció bajo esta década de neocaudillismo es el espíritu de resistencia en el acervo institucional latino americano. Con matices, Insulza, Evo Morales, José Mujica, Luis Ignacio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugos, Néstor y Cristina Kirchner, Emilio Zelaya, Rafael Correa y Daniel Ortega han marcado una involución en la cultura democrática, y eso será lo primero que los ciudadanos deberán repensar cuando todo esto se termine y que algunos de estos déspotas, tal vez, tengan que presentarse ante Cortes internacionales por crímenes de lesa humanidad, narcotráfico, corrupción masiva. ¿Cómo fue posible?

La democracia es democracia sólo si es sinónimo de libertad. Un gobierno democrático es aquel que se hace garante de las libertades individuales y de los derechos de las minorías. Su nivel de representación no debe obstaculizar las libertades naturales del individuo, ni derrumbar la muralla china entre los distintos poderes. El brote de regímenes gestado a principios de este milenio es más liberticida que muchas dictaduras y no es por falta de elementos de comparación en este continente tan adicto a los poderes fuertes y violentos. Es evidente que las futuras mayorías deberán ser mucho más controladas. Si la OEA sobrevive, se deben los americanos del sur un profundo debate sobre el significado de la democracia. De lo contrario, la profecía hecha por Jorge Luis Borges sobre un “destino suramericano” en su “Poema Conjetural”, se hará realidad hundiendo aún más este continente en la ciénaga de un populismo compuesto de unos pocos ignorantes exultantes y otros muchos avasallados y empobrecidos.

 

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Categorías:Corrupción, Latin America

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