Los conceptos retorcidos del legado Kirchner

El aporte del Kirchnerismo a la Ciencia política en el Cono Sur. Columna de humor. Teresita Dussart (C)

La semana pasada, el jefe de Gabinete calificó de “re-contra mamarracho” los informes independientes sobre la inflación real, que vienen siendo divulgados por miembros del Congreso argentino. Los organismos de medición no lo pueden hacer, de lo contrario infringirían la Ley anti-terrorista votada por el oficialismo en 2007, con el fin casi excluyente de poder criminalizarlos en caso que divulguen información que aterrorice la población aunque no sean culpables que los cómputos reflejen un gobierno de terror. [i] En un pais que registro tres atentados en la década de los noventa, sin resolución judicial a la fecha, la ley antiterrorista fue implementada para curarse en salud de todos aquellos que se atreven a disentir del relato.

Los conceptos aplicados al arte de gobernar son tan abstrusos que no tienen traducción posible y el registro de vocabulario es el de un club de amigos de barrio. Si a un intérprete le tocaba traducir  la expresión “re contra mamarracho” en un foro internacional se vería enfrentado a un grave problema.Afortunadamente, la onda de propagación de la doctrina del presente gobierno argentino no abarca mucho más interprete que la señora que traduce los discursos de la presidenta Cristina Fernández a la atención de los hipoacúsicos. Sin lugar a duda sería la persona más indicada para escribir esta columna. Claramente hay ámbitos  donde el traducir con las manos presenta una clara ventaja competitiva. Vaya a traducir un eximio intérprete de Naciones Unidas “Yanina te llena el pomo”, “Artigas quiso ser argentino y no lo dejamos, carajo” y tantas otras procacidades en azerí, swahili, hebreo, alemán o lo que sea. No cualquiera puede.  Los intérpretes de políticos están acostumbrados a traducir conceptos como “enfoque”, “sustentabilidad”, “método de concordancia”, “reducción de emisiones”,  “negociación”, “funcionalismo”, “federalismo”, “regionalismo”, “ambiente”, “conflicto de interés”, “contraparte”, “contrapoderes”, “responsabilidad de proteger”, “seguridad alimentaria”, “seguridad jurídica” “principio de subsidiaridad”  etc… “Pomo”, “mamarracho” no figuran en el léxico de las ciencias políticas.

OPERACIÓN CONTRA MAMARACHO

Pasada la fase de perplejidad catatónica, la expresión de Capitanich resume  con meridiana claridad, la situación. Sólo hay que ajustarse, olvidar Max Weber y atenerse a los tropismos del aquí y ahora y traducir literalmente. Los intérpretes simultáneos deben traducir sin acotar, transformar, mejorar  el contenido conceptual de lo dicho. “Contra”  como parte de una locución preposicional se presta a construir varios conceptos aplicados a la política, singularmente en el universo castrense o el de la seguridad. Contra-insurgencia, contra-espionaje, contra-revolucionario. Hay una noción de fuerza, de acción deliberada, enérgica, audaz.

En esa acepción coquiana[1], lo que los congresistas estarían haciendo sería llevar a cabo una audaz acción contra el mamarracho del Indec. El afijo “re” podría suponer una reincidencia o un retorno, eventualmente un énfasis. En cualquiera de estos matices, no debería modificarse ni la categoría gramatical ni el sentido del lexema “contra”, el cual mantiene su sentido de “oposición a”. Y de hecho los miembros del Congreso reinciden mensualmente y enfáticamente en proponer su operación contra el mamarracho del Indec. Una propuesta para traducir en castellano seria: “insistente desmentido a algo muy mal pergeñado” o “enfático correctivo a algo muy mal pergeñado”.

ELLOS SE ENTIENDEN

Los conceptos que articulan la vida política bajo este gobierno, más que coloquiales, son a uso estrictamente intimista. Es un poco como el lenguaje secreto de los mellizos. No tiene vocación a ser entendidos por quien no participe de sus asados dominicales. Los peronistas siempre despreciaron la cultura del argumento y le prefirieron el de la opinión y esta administración más que ninguna. La ideología tiene de bueno que tapa hasta la más crasa incompetencia. No ha habido un gobierno que no haya tenido su Monje Negro en décadas de gobiernos decadentes. Y siempre el mismo perfil, un individuo de pocas pulgas tratándose de ética, ambicioso, académicamente un cero a la izquierda y carismáticamente peor. Guillermo Moreno, Axel Kicillof, López Rega, Domingo Cavallo, Rogelio Frigerio y muchos más. Al final de todas las gestiones terminadas en catástrofe se apela a un gran Vizir a quien se otorga por mandato de acercarse a la normalidad cuando ya arde Roma. Sólo que no puede ser normal aquel que acepta quedar asociado a un Nerón o un Catilina. Este círculo vicioso no empezó con los Kirchner. Ellos explotaron casi comercialmente un acervo político cultural que les precedía. Mientras todo quedaba a puertas cerradas, en el fondo afectaba sobre todo aquellos que eligieron los mamarrachos que los gobiernan.

Ahora algo de ese mamarracho contaminó a la región. Eso es la solidaridad garantizada de antemano, hacia todas las formas de represión, en aplicación de una concepción  hiperbólica, arcaica, de la soberanía. La cual hoy ha permitido al gobierno argentino hacer la apología de la represión en Venezuela a través del pronunciamiento del canciller Héctor Timmerman, y otros funcionarios de alto nivel, entre ellos Jorge Capitanich.

Evidentemente la noción de responsabilidad de proteger (R2P) no es parte de la cultura política argentina. De hecho se ha mantenido afuera de todos los tratados internacionales en materia de injerencia humanitaria, así como lo hacen las peores dictaduras celosas de hacer respetar sus garantías : silencio se reprime. Y la verdad es que el mundo es lo que menos le importa a Argentina, a menos que sea para endeudarse. En el caso de Venezuela, no se trata de injerencia, sino simplemente de denunciar un caso de abusos contra los derechos humanos por parte de un presidente mal electo, mentalmente inestable, que podría un día terminarse ante la Corte Penal Internacional.

La pareja Kirchner en diez años ha profundizado el aislamiento del país, y por sobre todo ha fracasado en lograr forma alguna de integración regional. El propio José Mujica, ha declarado en una oportunidad que Argentina había hundido el Mercosur. Pero hay algo que sí han logrado los Kirchner. Eso es transformar el Mercosur en un gremio de defensa de los presidentes autoritarios. En la acepción Kirchnerista, los presidentes democráticamente electos deben tener el derecho de reprimir soberanamente y robar y defraudar cuanto quieran, éste es el acervo “re contra democrático” que los Kirchner han transferido a la región. Ese concepto de la hipersoberanía se acopla a otro como parte de la caricatura del estado típico latinoamericano, con un hiperpresidente, a menudo estrambotico, actuando por encima de las agencias de evaluación, afianzado en un grupo de íntimos, operando las cosas de la república fuera de la esfera pública y con una metodología conocida sólo por ellos. Eso no solo no ha sido corregido sino que intensificado, legitimado. Es el legado Kirchner.  Enfáticamente opuesto a la democracia.


[1] “Coqui”, sobrenombre del Jorge Capitanich


[i] Código Penal el artículo 41 quinquies, eleva al doble la pena para los casos en que “alguno de los delitos previstos en este Código hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.



Categorías:Argentina, Latin America, Otro día en Argentina

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