Periodista en Argentina, contado en primera persona

Sea una excepción y que no sirva de precedente, voy a escribir esta nota en primera persona, aun tratándose de una situación profesional. El contexto es una entrevista. Teniendo en cuenta el problema que representa la caída de las reservas del Banco Central de la República Argentina, y que la única salvación de la cual Argentina pueda esperar una bocanada de oxígeno son los dólares de la soja (solución por cierto de corto plazo, si no es acompañada de otras medidas), fui en busca de un operador del mercado de esa oleaginosa, para La Libre Belgique, diario del cual soy la corresponsal aquí en Argentina.

Sé que las entrevistas en este país se desarrollan en un marco muy particular en la medida que del lado del gobierno no se conceden entrevistas a medios no afines; aunque es justicia reconocer que ha habido una mejora desde hace unas semanas en la comunicación. Aun así, el libreto por parte del entrevistado en la configuración “oficialista” es tan previsible, que es agacharse a pedir algo que muy probablemente será rechazado sólo por cumplir con la obligación de buscar sinceramente escuchar todas las campanas. En cuanto a los “opositores”, solo atienden medios amigos, los cuales, éstos, hacen notablemente pocas preguntas. La mayoría de las veces conceden con la cabeza a todo lo que dice el entrevistado ya que el cara a cara se da a sabiendas que piensan lo mismo. De lo contrario se evitarían. Y si hay preguntas no tienen ninguna conexión con lo que acaba de decir el entrevistado. Generalmente es una opinión que solo pide ser confirmada. No ser ni propagandista, ni hacer oficio de oposición, simplemente ser periodista, es muy complicado.

Si a eso se le agrega el nacionalismo, estamos hechos. El argentino de base está convencido que un Europeo que ha tenido que estudiar desde la primaria la historia de Sumer, de la Grecia Antigua, de las campañas de Roma, de los varios imperios, de las cruzadas, del judaísmo, del cristianismo, del islam, del renacimiento, de la contra reforma, de las revoluciones emancipadoras, de las dos Grandes Guerras, de la construcción europea, de la Guerra Fría, de la descolonización, y mucha más, nunca accederá a entender los suntuosos y complejos doscientos años de historia argentina. Lo piensa de verdad.

Esa actitud derivada de la idea que Buenos Aires es una Nueva Atenas con su propio logos, implica una condescendencia hacia el periodista extranjero. Pero lo que realmente domina es la falta de ejercicio hacia entrevistas de verdad confrontativas. A la menor pregunta que no guste, brota toda la lava contenida de sordo resentimiento. Resentimiento aumentado por el hecho que Europa esta retornando al crecimiento mientras que Argentina se hunde en un nuevo y sórdido colapso económico. Por lo cual muy rápido surgen las invectivas. En mi caso, como soy belga, el “Congo Belga” es un must insoslayable. Inútil explicar la densidad de las relaciones culturales, económicas, el cariño que los belgas tenemos para con África, y singularmente con la región de los Grande Lagos. Menos explicar que para muchos europeos, debido a nuestra fricción temprana con África, mucho tiempo fuimos considerados como “africanos blancos.” Nada de eso debe obviar que los crímenes de la colonización son innegables y como afortunadamente, al no tener nada de comparable a Arturo Jaureteche, el revisionismo histórico de reescritura de los hechos, inexistente en Europa occidental, en todo caso como corriente dominante de los contenidos didácticos, nada nos legitima ideológicamente a negar las evidencias. Lo reconocemos y condenamos.

Pero esta vez además del “Congo Belga”, se innovo: tuve derecho a la “Europa Nazi”, de la cual se supone que todos los europeos somos productos derivados. Ofensa hecha no tanto a mi persona sino a mis abuelos que pagaron el precio de la sangre para liberarnos de la peste nazi. Eso fue realmente un comentario superiormente ofensivo surgido en respuesta a preguntas que tenían que ver con la rotación de las tierras usadas por la soja genéticamente modificada, con la diversidad de la oferta agropecuaria, temas de esa índole totalmente ajenos al repaso de la Segunda Guerra mundial. Seguro que el señor que espetó semejantes infamias no se enteró que la guerra contra el ejercito más potente, hasta ese momento, de todo los tiempos, contando con tropas adoctrinadas por el totalitarismo, no se acabo sola por encanto en cuatro años. Sino porque millones de jóvenes europeos lucharon, entre los cuales muchisimos belgas. Seguro que nunca habrá oído hablar de la Batalla de las Ardennas, por ejemplo, o de Lieja, única ciudad del mundo a ser titular de la distinción de la “Croix de Guerre” por el coraje de sus habitantes. Mucho más hubiese podido oponer si no fuese que los argumentos infamantes del entrevistado surgen en medio de una entrevista cuyo tema es la soja.

Mejor que seguir desarrollando, reproduzco el mail que mande a Gustavo Grobocopatel, presidente del Grupo los Grobos:

He sido corresponsal en Moscú, Zúrich y ante la Comisión Europea, y la verdad es que es la primera vez en veinte años de periodismo que tomo esta iniciativa. Sobre una pregunta relativa a la cantidad y la calidad de la oferta agropecuaria en Argentina usted consideró necesario hacer comentarios sobre los belgas y el Congo, es su derecho de entrevistado de decir lo que se le cante. En cambio, debo decirle que considero su último comentario, terminada la entrevista, sobre los “europeos nazis” y el canto hondo que siguió, particularmente ofensivo. No sé si usted sabe que los europeos con los estadounidenses y los soviéticos ganamos la Segunda Guerra, tanto como ganamos la Primera ? Lo sabía? La ganamos en base a la valentía y el sacrificio de nuestros abuelos, entre otros el mío, Auguste Dussart, y mis tíos abuelos, resistentes desde la adolescencia que como millones de otros jóvenes, resistentes desde la primera hora, terminaron en campos de trabajo. Si Hitler hubiese invadido Argentina no sé si los argentinos le hubiesen opuesto la misma combatividad y valentía. Hasta creo que le hubiese caído simpático a la mayor parte de los argentinos a la imagen de quien dirigió el país de Castillo a Perón. De hecho, a nosotros nos enseñan que Argentina pertenecía al Eje por evidente complicidad con los nazis. Evidentemente, de los aliados que triunfaron los argentinos saben poco empíricamente, ya que aquí durante la Segunda Guerra Mundial no llegaban ni resistentes ni partisanos italianos, sino que altos mando de SS y de la Wehrmach por lo cual en parte se entiende de los Europeos de aquella época, sólo retengan a los nazis. Por último, creo saber que este país sigue siendo gobernado por el peronismo, partido fundado por un espía nazi por lo cual para los argentinos no hay ruptura entre la guerra y la post guerra.

Lo único que se sabe del coraje de los colonos argentinos es su ardor al combate en las campañas del desierto y el genocidio de pueblos originarios; el genocidio paraguayo; la matanza de civiles indefensos durante las ocho dictaduras del siglo XX y demás semi-dictaduras, y por haber perdido la guerra en las Falkland y haber tratado muy mal a vuestros soldados en primera línea del frente.

No sé si ofender a un periodista extranjero le pareció una buena táctica comunicacional, sí sé que varios colegas europeos y estadounidense pasaron por momentos similares de tener que soportar el resentimiento local, pero le puedo decir que si antes, cuando un argentino nos sacaba la última versión de la Leyenda Negra nos contentábamos con una sonrisa interior, hoy la mirada que tenemos sobre este país, de ayer y de hoy, creo poder decir, compartida por una mayoría de corresponsales extranjeros, ya no permite semejante indulgencia. Uno de los problemas de este país es que se sigue percibiendo como la Rubia Mirella en su juventud, la cual se podría permitir aleccionar a una benedictina sobre la virtud de la castidad y ser atendida con paciencia. Es tiempo de anoticiarse, el mundo, Club de París, FMI, gobiernos, opinión pública, mercados, turistas de pasaje, a la Rubia Mirella la vemos como una señora ya muy desgastada por sus muchos vicios, de los cuales nadie sino ella es responsable.



Categorías:Argentina, EUROPA

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