Mahmud Ahmadinejad crimen y castigo ?

(C) Teresita Dussart

El 7 de enero le será difícil a Mahmud Ahmadinejad soslayar la intimación de presentarse ante la justicia de su país por hechos de desacato, abuso de poder y corrupción. La convocatoria anterior, en noviembre pasado, fue contemplada con el mayor desprecio por parte del ex presidente de Irán, pero en tres meses el aislamiento del populista ha ido creciendo. Los acuerdos sobre el programa nuclear iraní con Occidente, los cuales deberían abrir paso al levantamiento de las sanciones, le significaron un  knock out a él y a sus respaldos dentro del arco populista fascistoide que representó su gestión.

Para colmo de humillación, la nueva fecha de la convocatoria ha sido anunciada por el ahora Fiscal General y portavoz de la Justicia, Gholan Hossein Mohseni Eje’i, víctima de una de las tantas purgas orquestadas por Ahmadinejad. Éste, tras una vida dedicada al aparato de Inteligencia de Irán, y tras haber sido ministro de la misma de 2005 a 2009, había sido removido de su cargo por el ex presidente. Aparentemente, el populista iraní reprochaba al clérigo por no haber sabido, o querido, prevenir las manifestaciones de la “Revolución verde” de 2009, durante las cuales decenas de miles de jóvenes se volcaron a las calles para denunciar el fraude electoral perpetrado por Ahmadinejad, el cual, según datos lo suficientemente corroborados, habría robado la victoria a los reformistas. Eje’i no es precisamente un reformista y mucho menos un zelota de las libertades civiles. Su historial desde ese punto de vista no es nada glorioso. Es menester recordarlo de modo de no incurrir en un exceso de optimismo. La salida infamante de Ahmadinejad y su entrada en la basura de la historia, hechos manifiestos desde la mismísima asunción de Hassan Rouhani en agosto pasado, no deben ser interpretados como una victoria de los reformistas, sino de los conservadores moderados, encarnados en el modelo de los hermanos Larijani, especialmente dos de ellos, Ayatollah Sadeq Larijani, ministro de Justica y Ali Larijani, presidente del Parlamento, contra el populista del bazar percibido como un usurpador.

En el banco de los acusadores del ex presidente se encuentra otra figura de proa de esa ortodoxia revolucionaria teocrática, el presidente de la Corte de Justicia Administrativa, a cargo de los asuntos de mala praxis de funcionarios, Sayyed Mohamed Montazeri.  “Uno de los desastres de la precedente gestión ha sido que el Señor presidente mentía al pueblo y abiertamente violaba las leyes“, declaraba el 27 de diciembre pasado ante la prensa el magistrado. Comentario recopilado por la agencia IRNA, como manifestación de la plena anuencia oficial.  Oficialmente los cargos que se le reprochan puntualmente a Ahmadinejad son no haber cumplido con su obligación de nombrar un ministro de Deporte y de la Juventud y no haber transferido el dinero que correspondía a la red de transporte subterráneo de Teherán. Nada de muy elocuente sobre el papel. En realidad por encima de estos hechos y de las muy pesadas presunciones de desvío de fondos y actos de corrupción que le son reprochados al ex tiranzuelo persa, a lo que la justicia apunta es a su vínculo y la subsecuente protección otorgada a uno de los personajes cuyo protagonismo habrá sido de los más funestos de la historia del régimen, Said Mortazavi.

Aliado incondicional de Ahmadinejad, Mortazavi es considerado responsable según una investigación del parlamento iraní (Majlis) de 2010, por la muerte de por lo menos tres detenidos en el complejo de detención de Kahrizak, tras la represión de las manifestaciones de la Revolución Verde en 2009.  En aquel momento, Mortazavi ocupaba el puesto de Fiscal General de la Nación, al cual había sido nombrado por Ahmadinejad. El informe parlamentario iraní lo acusa por las condiciones en las cuales más de seiscientos jóvenes fueron detenidos, hacinados varios días en celdas diminutas, torturados para extorsionarles falsas confesiones y con un ensañamiento particular, debido al hecho que entre esos jóvenes se encontraban varios hijos del establishment iraní (alta función pública, clérigos e intelectuales). La Némesis por excelencia de Ahmadinejad. Segmento el cual término por causar su pérdida. Uno de los tres muertos es Mohsen Rouhalami, hijo de Abdolhossein Rouhalami, consejero de Mohsein Rezai, el secretario de la Asamblea de los expertos. Un conservador también.

El  Monje Negro de Ahmadinejad, relativamente joven, 46 años, se distinguió desde los albores de su carrera por sus abusos de autoridad. Ya siendo juez, a cargo de la Cámara de procesamiento 141, al final de la presidencia de Mohamed Khattami se hizo cargo de hacer cerrar la mayor categoría de medios de prensa de la historia del régimen. Su sobrenombre es el “Carnicero de la Prensa”. Ciento veinte medios fueron clausurados, dieciseis periodistas encastillados en la cárcel de Evin. También tiene que cargar sobre su consciencia la muerte de la fotógrafa de prensa iraní canadiense Zahra Kazeri, muerta después de 19 días de interrogatorios en la cárcel de Kahrizak en 2003. Golpeada a la cabeza, el cuerpo hecho trizas, “muy violentamente violada” según informa el perito médico militar iraní que observó su cuerpo post mortem, se dice que Mortazavi podría haber asistido en persona al último interrogatorio. Mortazavi compartía con Ahmadinejad el toque payasesco de la política, el antisemitismo a flor de piel, el discurso negacionista en cuanto a la Shoah, y no dudaba en incurrir en ninguna de las infamias que llevaron a Irán a encarnar por antonomasia el país del Eje del Mal.

El 3 de febrero 2013, Mortavazi era destituido de su cargo y encerrado en la cárcel de Evin, donde se debía de encontrar con varias de sus víctimas. Pero Ahmadinejad aún presidente se encargó de hacerlo liberar, dos días después, y el 6 de febrero hasta lo rehabilitaba, nombrándolo director de la Seguridad Social de Irán. Estando a cargo de esa función se le reprocha hoy gravísimos atropellos relevando de la corrupción simple. A eso se refiere el jefe del Tribunal Administrativo, Sayyed, cuando declara que Ahmadinejad violó leyes y ofreció un puesto a un “condenado” haciendo referencia a Mortazavi sin nombrarlo. Embriagado de poder, Ahmadinejad, hasta soñó con hacer de éste su delfín. Lo que Ahmadinejad no contempló con la acuidad suficiente, lo que sí supo hacer el establishment religioso, es que la revolución verde, aún si fracasó, creó un antes y un después irreversible. La represión que él y Mortazavi protagonizaron les está ahora pasando factura.

El enjuiciamiento de esos siniestros personajes, si se cumple, no debe hacer olvidar que son muchos los retos antes de que Irán se reencuentre con una política de derechos humanos y de defensa de las libertades civiles que el ayatoleslam Hassan Rouhani prometió al pueblo. El líder de la revolución verde, Mir Hussein Moussavi, y su familia siguen en arresto domiciliario. Pero indudablemente sería una señal muy fuerte.

Sobre el mismo tema, del mismo autor en este portal :

Iran explicado para tontos

Hassan Rouhani, el hombre del Medio



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