Esto no es una república federal

Teresita Dussart © Todos derechos resevados

José Manuel de la Sota, el gobernador de Córdoba, lo declaro hoy. ”Es como si los Cordobeses teníamos que quemar nuestro documento de identidad”, haciendo referencia al silencio, el abandono mejor dicho, seguido de los comentarios ultrajantes por parte de las autoridades federales, para la sensibilidad de las víctimas de la noche de horror que acaba de transcurrir. Florencio Randazzo, Ministro de interior, Sergio Berni el señor Seguridad de la presidente, Jorge Capitanich, el flamante Jefe de Gabinete, el cual mostro su verdadero rostro hoy, irrumpieron en comentarios realmente infamantes de frente a una tragedia para cientos de familias saqueadas, arruinadas, destrozadas, de una noche a otra, por desidia del gobierno  central,  para el cual gobernar debería traducirse en prevenir los riesgos y mandar la gendarmería antes que se consuma la situación de crisis.

Los policías cordobeses decidieron autoacuartelarse ayer, colocando en el lugar del chantaje emocional a sus esposas, en un aparente reclamo de aumento salarial. Hay que estar muy interiorizado de los pormenores de la historia reciente argentina, para saber que la instrumentalización de las esposas en reclamos de índole aparentemente económicos es un ardid utilizado por una fuerza gangrenada por prácticas mafiosas, cada vez que investigaciones internas se acercan a su punto más álgido.  Los “Patanegras” de la policía bonaerense lo han utilizado tanto como la policía cordobesa, siendo estas las fuerzas provinciales acaso las más preocupantes para la seguridad de los ciudadanos.

Pero independientemente de los fundamentos sociales contextualizando el actuar de la fuerza policial cordobesa, lo cierto es que de la Sota tiene fundamentos los cuales quizás trascienden hasta lo que quiso expresar. Perforando la espesa capa de mitos y cursilería que hicieron las veces de tintero al relato sobre la construcción de la Nación Argentina, cabe preguntarse ¿qué mecanismo republicano funda la identidad argentina? La constitución reseña en su capítulo 1 “La Nación argentina adopta para su gobierno la forma representativa federal, según lo establece la presente Constitución “. Es la primera mentira. El sistema argentino tiene lo poco de malo del sistema federal y todo lo malo del sistema central sin ser ninguno de los dos.

El único lapso de federalismo real de la larga historia de guerras civiles de las provincias impertérritamente desunidas, de sus muchos odios y miserias de su primer siglo, fue el de la primera república constituida, cuyo protagonista fue el general Justo José de Urquiza, el vencedor de Caseros, cuya victoria fue usurpada por Bartolomé Mitre y Valentín Alsina. Entre el tirano estrambótico Juan Manuel de Rosas y el general Mitre, que los revisionismos históricos argentinos (porque son varios) de un lado u otro oponen en uno de las tantos antagonismos mendaces, hay en vez, un hilo conductor que es el avasallamiento de las provincias a la aldea porteña y su aduana. Dentro del claustro intelectual argento, la Aduana sigue teniendo la misma importancia, entendiendo los gobiernos peronistas o filo peronistas que se sucedieron que la economía se gestiona según lo que entra y lo que sale, punto. Pero ya no es Buenos Aires, territorio autónomo, el que manda. El gobierno federal se termina allí donde se terminan las vallas de la Casa de Gobierno en esa porción ínfima de la Plaza de Mayo. De allí se toman las decisiones de avasallamiento de los territorios “del interior” como se los sigue llamando, fuera de toda regla de perecuación, de distribución de los ingresos de la Nación, sin principio de continuidad territorial; todo en función de criterios clientelares, caprichosos, enfermizos, inaccesibles a la razón, en doloso y concertado desconocimiento de la Constitución.

Ayer en Córdoba hubo un eclipse de Estado de Derecho. Se violaron varios artículos y garantías institucionales de ciudadanos argentinos. Hubo un estado de conmoción interna, tal como lo define el artículo 23. Individuos superaron la delincuencia urbana a la cual se han habituado los habitantes de las grandes urbes y conurbanos de esta república. Hubo un estado de sedición, políticamente alimentado desde el gobierno federal. Se abandonó toda una ciudad en manos de un malevaje sin límites. Se alentó a esos mismos ciudadanos a armarse, a constituirse en grupos de autodefensa, se rompió con lo poco que queda después de otra década perdida de una Nación cansada de perder.

Es un problema de fondo que necesita de una solución de fondo que rompa con los tabúes. En Argentina, un gobernador con un execrable expediente al poder, tiene más probabilidades de ser reelecto que un buen gobernador provincial porque la identificación popular se hace según un sentir territorial, signo que la comunidad de destino entre las provincias nunca se dio. Por otra parte esas provincias tienen las manos atadas para firmar tratados de libre comercio con estados tercios, para alcanzar empréstitos con organismos multilaterales. Deben soportar la mala gobernación de un estado central, la discrecionalidad en la redistribución de las riquezas. Las provincias pobres padecen de carencias que sitúan sus poblaciones objetivamente bajo la línea de pobreza, pero ni siquiera pueden recibir los presupuestos de ayuda dentro de los programas de cooperación internacional, porque al ser parte de un conjunto nacional del cual otras provincias gozan de condiciones diametralmente opuestas ven su perfil estadístico mejorado.

Argentina tiene que repensarse en sus fundamentos. O alcanza un nivel de autonomía real, que la emancipa de la mala gobernación del estado central a través de una revisión de su Constitución, o tal vez lo mejor para algunas provincias cuyas letras de nobleza son superiores a las de Buenos Aires o las de la Patagonia, como Córdoba, alienada por la herencia del tardío virreinato del Río de la Plata a integrar un  tejido nacional artificial, contribuir a sus guerras absurdas y ahora esperar inútilmente que llegue la caballería a salvarla del lumpenato creado por el gobierno unitario peronista; la secesión pueda ser una solución. Solución que hoy parece irreal, pero no lo será siempre.



Categorías:Argentina, Otro día en Argentina

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