Henrique Capriles, el resistente

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Opinión. Teresita Dussart (c)

“Cada uno sabe lo que le toca hacer. Es importante ser organizados y de ser protagonistas”.  A este punto del clímax de opresión, alcanzado en Venezuela, desde la imposición del régimen especial que le otorga superpoderes a Nicolás Maduro para poder gobernar en base a decretos, es hora de tomar consciencia de la gravedad de la situación. El tono del discurso de Henrique Capriles de hoy  remite a una apología  a la resistencia y no es para menos. En otras circunstancias históricas de semejante peligrosidad para las libertades, el discurso no habría deparado. La humanidad no se reinventa y los siniestros payasos que apuntan a perpetrarse al poder siguen el mismo molde.

Henrique Capriles está solo, los venezolanos libres y los otros alienados al discurso oclocrático también, están solos. El destino de los sirios importa poco a la hora de actuar pero por lo menos existen retóricamente a la hora de levantar protestas. Los venezolanos, como la generación sacrificada argentina, librada en los brazos del populismo a la idiotización endémica por el abandono del estado, la pauperización, las drogas sintéticas y la relegación social, no interesan a nadie. Lo que les falta a los dirigentes de las satrapías medio orientales, asiáticas o africanas es un dirigente autoritario que sepa usufructuar con el lirismo de las venas abiertas de Galeano, la noción de soberanía. El mejor disfraz para un fascista consiste en poder escudarse en una idea políticamente correcta como lo hace Maduro, como lo hace Fernández en Argentina. Nadie mejor que los nuevos protodictadores o presidentes autoritarios de América Latina de este milenio han sabido ampararse detrás de esa noción hipertrofiada de la soberanía. Periodistas oprimidos, instituciones pisoteadas, cámaras de representación popular utilizadas para fines de reformas constitucionales, economía hecha añicos, corrupción endémica a medida que va creciendo la indigencia, una década o quince años en el caso de Venezuela, 60 años en el caso de Cuba, no interesan a nadie en el mundo, porque son intocables, so pena de ser tachado de infringir una soberanía supuestamente alcanzada a duras penas. Una soberanía puesta al servicio de la alienación pero que no ha encontrado todavía el camino de la creación de un estado bueno para el género humano.

El 8 de diciembre habrán elecciones municipales y todos sabemos que habrá fraude de vuelta y represión consecutiva para aquellos que la denuncian, como lo anunció de antemano Nicolás Maduro.  “La única empresa que funciona en Venezuela es la del miedo”, dice Capriles. Parte del continente se encuentra en la misma situación de alienación, con matices adaptados a las realidades culturales y tropismos de los unos y los otros.  Esta primera década del milenio ha visto reinstalarse una galería de presidentes estrambóticos, necrófilos, ignorantes, corruptos, versión edulcorada  del Doctor Francia o de Juan Manuel de Rosas, con el silencio cómplice de los estados cumpliendo estándares democráticos mayores en América Latina y más allá del continente.

Venezuela tiene a Capriles, Argentina tiene al mujik de la presidente

cambios-en-el-gabinete-1802761w300Los venezolanos están solos, como lo están las generaciones sacrificadas y las por lo menos dos que seguirán como consecuencia de la desidia de los gobernantes de estos tiempos. Pero por lo menos los venezolanos tienen el consuelo de tener en la figura de Henrique Capriles su dignidad y sus valores representados. En Argentina la secta peronista inhibe definitivamente la aparición de un Capriles.

En su incierto discurso de regreso a la vida pública, Cristina Fernández repitió como un latiguillo desde las primeras palabras “soberanía”. El gesto de instalar a la cabeza del Ministerio de Economía un mini Leonid Breznev y sus colaboradores uniformados del gris de la función pública soviética no es un detalle meramente anecdótico. Está anunciado lo que se viene. La “profundización del modelo” es una tautología de la planificación autoritaria y del dirigismo por parte de una casta de aparatchik corruptos desde la más alta opacidad estatal. Axel  Kicillof es un nuevo converso al estalinismo que tiene del marxismo un conocimiento comparable al conocimiento que el nuevo converso francés tiene del islam wahabita.  Lo presentan como un especialista de Marx, pero el confiesa haber leído tan solo el primer capítulo de “Das Kapital”.  Hay miles de especialistas del economista alemán y lo que es seguro es que no se puede ser especialista de un autor que no se puede leer en el texto original. El enfant chéri de la presidente a duras penas se expresa en castellano porteñizado. Aunque, desde su nominación introdujo el “nosotros”, no aún él “nos” para referirse a su persona. La ignorancia no es un detalle pintoresco. La historia demuestra que la inteligencia y la erudición son vacunas contra el autoritarismo. Todos los presidentes autoritarios del continente presentan un serio déficit de preparación y un grado de imbecilidad irrefutable. El último video de la presidente Cristina Fernández es lo suficientemente elocuente, como para no abundar en ese terreno. Las declaraciones de Maduro son un florilegio de supina idiotez.

Kicillof, tiene de Breznev, además de la frialdad, soberbia y el físico, el estilo mujik. Sus primeras declaraciones son las de un adolescente retardado. Los errores sintaxiales de Breznev fueron la única fuente de risa en aquellos años de guerra fría. La diferencia es que la sociedad soviética sabía a qué atenerse con él. En Buenos Aires, la gente no entiende cómo se debe interpretar la uniformización a la cual tiende el mujik de la presidente. Paso a paso se le van imponiendo de facto las trasformaciones sustanciales de la organización misma del Estado y la reducción de las libertades civiles.

Las libertades en América, tres décadas después de haber dado por terminado otra de sus tantas noches de despotismo, están de vuelta severamente amenazadas. En Venezuela se puede transformar la situación. Demostrar solidaridad con Capriles es un test para los libres del continente.

Teresita Dussart. Derechos reservados



Categorías:Latin America

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