Populismo manicomial en América Latina

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Teresita Dussart (C) Érase una vez un registro novelesco latinoamericano que instalaba al dictador estrambótico como personaje central de la novela continental, fundiendo la realidad y la actividad onírica en un todo inescindible. Ese registro parecía llamado a perecer  en los 80 con  la llegada al poder de jefes de Estado de tinte (casi) sociodemocrático, como lo fuera Raúl Alfonsín en Argentina. Por esos años, el regreso a la democracia en todo el continente imponía condenar todos los excesos en el mismo plano como expresión del enaltecimiento del mismo pecado de origen, el autoritarismo desmedido, aumentado de componentes subliminales político mitológicos. Pero la sangre tira y, a partir de los 90, la excentricidad volvió a ocupar el tablero político en Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Honduras, Nicaragua, y con efectos contaminantes pero no avaladores en Brasil, Uruguay y Perú.

El cuadillismo en América Latina esta mejor que nunca. En Nicaragua, Daniel Ortega busca reinstalar el poder perpetuo al mejor estilo somosista con una reforma de la constitución presentada el lunes 4 de Noviembre al Congreso por la mayoría del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Por la misma ocasión busca reconciliarse con la caricatura de los comics latinos y su notable afinad por el verde oliva al rehabilitar el rol de los militares en la conducción de los asuntos del Estado. En Venezuela, el Ministerio de la Felicidad Social, de Maduro, no depararía en una novela de Augusto Roa Bastos, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier. En una semana, el “Yo el supremo” bolivariano ha impartido unción oficial al “milagro” de la cara de Chávez “aparecida” en un túnel a obreros, ha decretado “Navidad Temprana” y su Usencia  sigue refregando frente a las invasivas napias yanquis, el “pajaritico” que se le “apareció” y “le hizo sentir el espíritu de Chávez”. Las burlas no le alcanzan, tanto que se hizo hacer un sombrero con el ave. Otro “pajaritico” lo hace salir de sus goznes. Ése es  el Twitter. Maduro, al enterarse que había perdido seis mil seguidores de la red social, decidió que el escarnio gringo tenía un límite y convocó ayer a una reunión regional sobre ese tema realmente candente. Realmente, desde el realismo mágico, se entiende. Maduro es un “Árbol-palabra” parafraseando a Roa Bastos. Su universo semiológico impone abandonar las prosaicas nociones de gobernación del mundo real: control de la inflación, confiabilidad de la información, libertad de prensa, competitividad económica, ascensor social.

En Argentina, una pareja de embusteros góticos se trasmitió entre conjugues el mando del poder y reanudó con la necrofilia peronista. La actualidad oscila entre descomunales escándalos de corrupción, comunicados irreales sobre la salud de la presidente, cuyos problemas neurológicos, endocrinológicos y vasculares cierran perfectamente con una versión fáustica del poder. La plataforma lexical del relato cristinista no recurre al pintoresquismo algo naif de Maduro.  Es algo más cruda, más fálica. Agitando manos fuertes y uñas pintadas de blanco de masajista, la presidenta no finge ser obscena. Como Maduro no finge haber reconocido el espíritu de Chávez en el “pajaritico”. Se muestran como son.  Los dos odian con todas sus fuerzas los “foliculares letrinaríos” como el doctor Francia de Roa Bastos los odiaba. El odio visceral a la prensa es uno de los rasgos comunes de los tiranuelos, en esta versión de democracia de forma.

El pajaritico de la presidenta le hace decir: “me tengo una confianza bárbara” y le permite decretar que con ella “Belgrano sí se habría casado[1], con total desaprensión para la hermana de Encarnación Ezcurra; levantarle una estatua al general Manuel Belgrano en la Casa Rosada, desde la cual el “prócer” la contemple de piedra, pero solo en apariencia.

En cualquier país fastidiosamente normal un jefe de estado que se compare a Keops y a Napoleón, como se ufanó ser una reencarnación Cristina Kirchner, es invitado a ingresar a la casa de Orates, pero hay un rincón del mundo donde esos prejuicios no cunden. Al contrario lo que tiene rédito es lo manicomial.

En Bolivia, Evo Morales se autoproclamo curaca y trabaja a repulsar  los españoles imperialistas confiscando como en Argentina, las empresas una tras otra. Con un bemol empero, en Bolivia se sabe que en esos casos hay que emitir aunque sea conceptualmente la necesidad de resarcir la empresa. Sus frases son conocidas como “evadas”. Él es el hombre que espetó  “los indígenas se autosuicidaron antes que ser esclavos de los españoles”. En buen cocalero impulsa la causa del acullico que anestesia los cuerpos y embrutece las mentes. El Día de los Muertos en La Paz fue dedicado a Chávez y Néstor Kirchner, el cual ya había sido comparado a la Pachamama en su país.

Afortunadamente, sólo una parte de América Latina se ha convertido a esa catequesis. A esa América, la experiencia de la democracia aburre. El pueblo porta un afecto cuanto más sincero a sus dirigentes que éstos los tratan mal. Esos dirigentes además están protegidos por un gremio. Eso ningún autor del género novela de dictador lo habría inventado. Néstor Kirchner lo hizo. Claro, con el solapado disfraz de la integración continental en contra de la Organización de los Estados Americanos (OEA).  El Unasur es un sindicato de presidentes autoritarios (con alguna excepción) que se reúne cuando uno de ellos está en peligro de destitución, aunque esto sea por la vía constitucional, como lo fue con Fernando Lugo. Otro personaje truculento cuyos escándalos sexuales acreditan un cierto paradigma paraguayo. De la misma manera la pareja Kirchner habia liderago la protesta gremial cuando Manuel Zelaya había sido depuesto en 2009 en Honduras. Los golpistas alegando querer evitar allí también una reforma de la constitución de Zelaya buscando perpetuarse en el poder a modo dinastíco.

Poco a poco, los estragos de esos gobiernos populistas van limando sus posibilidades de perpetuarse al poder. Cristina Fernández no lograra la re-reelección,  y el desgaste de popularidad es patente en muchos de los miembros del gremio Unasur. Cabe recordar como desagravio hacia los venezolanos que Maduro está donde está como consecuencia de un fraude electoral leonino. Las satrapías latinoamericanas se corresponden entre sí, cuando surge una, surge otra. Cuando desaparece una, desaparecen todas.  En el fondo, es bastante más trágico que cómico.


[1] El general Manuel Belgrano, personaje muy importante de la Independencia argentina tuvo muchas aventuras pero nunca se casó. Habría tenido una relación con la hermana de Encarnación Ezcurra, esposa del tirano Juan Manuel Rosas, pero nunca se casó ni reconoció el hijo.



Categorías:Argentina, Latin America

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2 respuestas

  1. Estos países son hoy un revival del boom de la literatura fantástica de los 80, cuando García Márquez, Roa Bastos y Vargas Llosa nos maravillaban mostrándonos con sarcasmo mundos absurdos y divertidos por lo grotesco, que creíamos que sólo podían existir en su imaginación. Otra vez, la realidad supera a la ficción.

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