Las mafias detrás del trafico de personas

Italy Migrant Deaths

Teresita Dussart (C)

El Mediterráneo se está transformando en un gran cementerio marino. Hoy fueron rescatados 50 cadáveres, de los cuales diez eran niños, a 70 millas de las costas sicilianas de la isla de Lampedusa, en aguas maltesas. La cifra no era definitiva ya que en altas horas de la noche dos helicópteros, “Espero” y “Lybra”, seguían rastreando las aguas en búsqueda de otros cuerpos. Viajaban 250 personas en la patera. Aparentemente se habría dado vuelta a las 17.15 hora local.  Italia acababa de dar por terminada la siniestra tarea de búsqueda de cuerpos de la anterior tragedia, que causó 339 muertos sobre 500 clandestinos. En estos dos últimos casos los migrantes eran eritreos y somalíes. A partir de 2012, a los tradicionales harraras, inmigrantes clandestinos que parten de las costas de África del norte, o aquellos de África subsahariana, se vino a sumar la oleada de refugiados, más que migrantes, del nordeste del continente. Los candidatos a la inmigración que parten de África del norte no han disminuido por lo tanto. Al contrario, han visto su número incrementado por el factor “Primavera Árabe”, mientras que los migrantes del Cuerno de África son empujados por el instinto de supervivencia y la esperanza de una vida mejor, ante  los inasibles conflictos que acechan Somalia, Etiopía y Eritrea. Estos últimos empezaron a afluir a principios de 2012. El 29 de marzo llegaban 1.000 refugiados de la costa oriental de África, en una semana eran 20.000. Y las cifras no van en disminución. Las capacidades de la isla Lampedusa están totalmente colapsadas.

En el caso de los 339 muertos, el traficante tunecino fue arrestado y una causa es instruida por un juez italiano por homicidios múltiples. Es difícil fijar un número de muertos precisamente porque es ilegal, no hay registros, y ocurre en alta mar. Hay precedentes conocidos que indican que acorralados por la Guardia de Finanza italiana, la mafia albanesa llegó a tirar al agua los tripulantes.Para luchar contra esa tragedia, Italia tiene que apoyarse en la buena voluntad de los países de origen de los migrantes, y sumar el apoyo de la Unión Europea. Por eso las autoridades peninsulares esbozaron una forma de cooperación  el 13 de septiembre, llevando a cabo una acción conjunta con la policía tunecina a lo largo de la costa de la isla de Lampedusa. Rafik Adelsallem y Ana María Cancilleri, ministros del Interior de Túnez e Italia, respectivamente, decidieron reforzar la cooperación.  No obstante las buenas intenciones, el gobierno tunecino viene muy cuestionado por su resoluta incapacidad de gestionar las cuestiones de seguridad, y menos la lucha contra los carteles mafiosos y el terrorismo. El partido islamista Ennanda, emanación de los hermanos musulmanes en Túnez, reconoce abiertamente que no sabe qué hacer frente a esos retos. Dentro de su propia  policía judicial cuenta con elementos sensibles a la causa de la mafia djihadista, que controla en su portafolio de acciones delictivas el tráfico de migrantes. Rachid Ammar, el ex jefe de Estado Mayor del régimen anterior, en la época del depuesto presidente Ahmed Ben Bella, apuntó recientemente en medios tunecinos las severas fallas del aparato de inteligencia del nuevo régimen, sin ser desmentido por las nuevas autoridades.

Un episodio ocurrido el viernes pasado indica hasta qué punto las nueva autoridades en los países post insurrección se encuentran superadas. Esta vez en Libia. Sálala Al Marghani, ministro de Justicia, admitió que no tenía el control del sistema penitenciario en respuesta a las acusaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) remitida a la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL). En ese informe, las nuevas autoridades están acusadas de malos tratos, torturas y muertes en sus cárceles. Al Marghani admite, con pesar, que los centros penitenciarios se encuentran en su mayoría en manos de las milicias Thwars. Libia y Túnez son los dos puntos clave como escala y punto de concentración y distribución de los migrantes de África subsahariana y de África oriental. Si los más alto jerarcas a cargo de la seguridad reconocen que no pueden luchar contra la delincuencia,  habrá más muertos, no cabe la menor duda.

En cuanto a la Unión Europea, todas las lágrimas de Roma no han movido una pulgada la fortaleza de protección contra la marea de migrantes. Durante la noche, Joseph Musca, Primer Ministro de la Isla de Malta, decía: “esto es otro llamado para Europa, para que despierte. ¿Cuántas personas más deben morir antes que haya una intervención? Malta e Italia trabajan juntos y son abandonadas sobre este tema. Esto es un problema europeo. Estos desesperados buscan un futuro en Europa y Europa no puede hacer la que no ve. Los mares en torno a nosotros se están transformando en cementerios”. El ministro de Asuntos Exteriores, Angelino Alfano, recordó que el Mediterráneo es la frontera natural entre África y Europa, no entre África e Italia. La propia comisaria de Asuntos Interiores de la Comisión Europea, Cecilia Malmström, propuso crear una flotilla de rescate que cubra la totalidad del Mediterráneo en aguas comunitarias. Pero nada hace. Hasta 2003, el reglamento de Dublín preveía un mecanismo según el cual  el solicitante de asilo vea su petición tramitada por una administración común con prerrogativa centralizada para determinar a qué país competía recibirlo. Ahora la petición es atribuida o rechazada por el país de puerta de entrada a la Unión. Eso, frente al fenómeno de inmigración masiva deja expuestos a Italia, España, Grecia o Chipre. La zona más pobre de la Unión. Desde la tragedia del 4 de octubre, se vuelve a hablar de poner a disposición vehículos aéreos no tripulados, drones, sistemas de detección satelital.  La dimensión defensa no es anecdótica porque los tráficos mutan y lo que hoy es tráfico de migrantes mañana puede evolucionar en piratería, que es el flagelo típico de las costas de Somalia.

En reacíón al segunda naufrago de la semana, el presidente de Malí Ibrahim Boubacar Keitar apeló a una conferencia Unión Europea, África sobre la inmigración. “Estos hechos nos interpelan a nosotros como africanos“, enfatizó, haciendo gala de un sentido de responsabilidad que no siempre fue tan claro en esa parte del mundo. La organización  “Fund For Peace (F4P)” emite todos los años una clasificación de los estados fallidos. Hace seis años que Somalia encabeza ese triste listado. Etiopía está en el lugar 19 de 178, Libia en el puesto 54, porque le favorece el parámetro de legitimad de su gobierno, si no estaría entre los diez primeros. Entre los criterios retenidos por F4P se puede leer: presión demográfica,  movimientos de personas desplazadas, personas viviendo bajo la línea de pobreza, catástrofes naturales, grado de legitimidad del gobierno, arbitrariedades del aparato de seguridad, surgimiento de nuevas élites afianzadas al gobierno, progresivo deterioro de las infraestructuras. El tráfico de migrantes y la trata de personas, que muchas veces van juntos, se nutren de ese panorama.

Teresita Dussart.

A quien le intereso esta nota también puede leer en este portal: “El Estado macrocorrupto”



Categorías:Africa, EUROPA

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