Cristina Fernández aún no otorgó una entrevista a un periodista

0[1]Teresita Dussart (C)

Desde su elección -se cumplirán dos años en octubre- la presidente de Argentina sigue a la fecha sin haber otorgado una entrevista a un periodista. Las conferencias de prensa son inexistentes y, si se hacen, son sin derecho a pregunta. Tras haber tomado acta de la impopularidad de sus “cadenas nacionales”, Fernández innovó creando una serie de charlas televisivas con personajes familiares y netamente afines al oficialismo. Charlas referidas como entrevistas aunque no sean periodistas sus interlocutores.  Hasta ahora, la única comunicación que se conocía por parte de la Presidente eran las arengas desde púlpitos con un público seleccionado puntillosamente y acarreado por un encuadramiento aceitadísimo de “punteros”[1] políticos.  También se conocían los one man show desde alguna oficina de la casa de gobierno, con la infaltable Tuna de los “chicos de la Campora“[2].

La primera charla de esta nueva forma de comunicación, pensada para mejorar la imagen de la viuda de Néstor Kirchner, se dio con un lobista del Kirchnerismo, Hernán Brienza. Antes de pasar a Télam a hacer comunicación política para el gobierno, Brienza fue periodista.  Editado para ser pasado dos domingos seguidos por el canal de Televisión Pública, el programa no logró despegar del 2% de rating. Aun posicionando el módulo de política ficción en un horario de alta escucha. Brienza fue reemplazado por el locutor Jorge Rial. Personaje insoslayable del rubro chisme y gente porteño. Rial conduce varios programas en el cual desfilan esposas de futboleros, expertas del baile del caño, rubias oxigenadas de tacos muy altos, semimundanas fornidas, púdicamente evocadas como “modelos” aunque los criterios físicos no sean aquellos de los de las pasarelas internacionales. Tanto la primera y la segunda charla se dieron en una dramaturgia pensada como un reality show.

La idea sería, según los expertos en imagen tanto del lado de la oposición como del gobierno, “humanizar” a la presidenta. Así se la haría bajar de su presunto olimpo de prócer en devenir[3].  A lo que se apunta es a desvelar su lado B. Una estrategia incomprensible teniendo en cuenta que precisamente lo se desconoce de la presidente es el lado A. No se la conoce dando un discurso estructurado, terminando sus frases, haciendo pasar un mensaje nítido, contestando preguntas inclusive aquellas más polémicas, aceptando el debate en una contienda electoral con opositores. El lado B, la parte emocional, los llantos, la referencia autobiográfica permanente, los detalles de la vida hogareña, el estilo tremendamente coloquial hasta el uso y abuso de obscenidades de soldadesca, la presunta épica de los setenta, componen el plato ordinario de los argentinos. Huelga aclarar que no siempre fue así Cristina Fernández. Hay documentos que relatan una senadora hace diez años, la cual, aún envarada en la prosopopeya peronista, se expresaba con holgura, lógica y en castellano neutro. Cuando aún aceptaba ser entrevistada, en los años 90, se la podía ver con un Alberto Leucco, un Luis Majul, un Mariano Grondona, intercambiando con una coherencia certera. La confrontación de los documentos de ayer y de hoy abunda lamentablemente en confirmar una degradación política, intelectual, implacable.

Durante la conversación con Rial, se colaron algunas perlitas de información pura.  En el primer bloque,  emitido ayer, la presidenta hizo extensísimas referencias a su fallecido marido. Una de ellas, tal vez la más interesante, en particular para la Justicia, es el relato que hace sobre cómo impactó el asesinato del joven militante del Partido Obrero (PO) Mariano Ferreyra[4] por un grupo de choque de sindicalistas peronistas enfeudados al kirchnerismo. Sorprende la ingenua revelación que hace la Presidente afirmando que las investigaciones se hicieron desde Olivos, bajo el control del mismísimo Néstor Kirchner. En ese momento éste ya no se encontraba investido de ninguna función institucional, era consorte. Es él, relata, quien hizo llamar a “Julio” (Alak, ministro de Justicia), quien con su secretaria procedió desde Olivos, según sigue relatando la Presidenta, a los allanamientos. “Naturalmente, con el poder judicial”, cree necesario precisar Fernández. En Argentina el Poder Judicial no tiene policía judicial y tiene que recurrir al Ejecutivo para proceder a diligencias como allanamientos. Pero las decisiones son tomadas, en teoría, independientemente del Ejecutivo por el juez de la causa. En un caso tan político, parece que el maître d’oeuvre fue Néstor mismo, y es la Presidente que lo dice. Las partes civiles y los acusados tendrían motivos de conmoverse. En un momento, encuentran a “alguien” que es “traído aquí”, es decir en Olivos. ¿Quién lo interroga? estaría uno en derecho de preguntarse ¿Néstor Kirchner, Julio Alak? Sólo los jueces y sus secretarios pueden interrogar. Ni siquiera los fiscales pueden hacerlo en el sistema garantista elegido por los argentinos desde el retorno de la democracia. Siempre en relación a Mariano Ferreyra, las declaraciones de Cristina Fernández rompieron con una idea romántica que hasta el más férreo antikirchnerista daba por veraz: la idea que la muerte del joven sumergió al ex presidente en una gran tristeza que actuó como el golpe de gracia. Como lo dijo el hijo mayor de la pareja presidencial “la bala que mato Ferreyra, roció el corazón de mi padre”. Cristina develó ayer que, en realidad, lo que precipitó el estado de salud de su marido fue el “desencaje” de éste al percibir una conspiración “nos quieren armar un Kosteki[5] y Santillán”, le gritaba a su esposa.

No pudo faltar la clásica mención a las veleidades destituyentes de “Clarín y Magneto”[6]. En eso fue substancialmente ayudada por el locutor. “¿Ése fue el segundo intento de destitución?”, preguntaba Rial.  En algún momento la presidenta rasguñó su convite. “Te tengo que corregir. No hay cepo“. La prueba: vio hordas de argentinos en Rusia y en Nueva York. No podía ser de otra manera y faltar la insoslayable cháchara financiera, aunque el “modelo” ocupó menos tiempo que de costumbre y como tal eso es noticia. Con la evocación recurrente de un supuesto “modelo” los Kirchner obraron a instalar la idea de una singularidad económica. La realidad es muy distinta. A la Presidente le critican su programa económico y financiero, pero si intentara otra cosa, sería aún más impopular. Hay mitos tan instalados que el que intentase gobernar en base a recetas de país normal no podría.  Tal vez por eso, por tener el equipo constituido por defecto con los que aceptaron ser parte de un gabinete tan excéntrico o simplemente por no saber, Cristina implementó religiosamente los viejos mitos y las viejas fobias peronistas. Para circunscribir su pensamiento económico nada mejor que recurrir a la enseñanza de Carlos Martínez García, quien supo censar los cincos mitos peronistas aplicados a la economía: 1) La doctrina vaticana de las encíclicas, tal como Rerum Novarum y Populorum Progresio. Aquellas que festejan que hayan pobres, villas miserias, y gente que no se condiga con la “alienación” del progreso, de las cloacas, del agua potable etc. Un ciclo cerrado con el ahora papa peronista que quiere más pobres. Ya no hay porque tener vergüenza en crearlos.  2) El keynesianismo mal digerido. 3) La teoría del desarrollo con inflación. 4) El autarquismo. 5) El estatismo.

Durante el encuentro, las preguntas del locutor fueron tan escuetas como obvias. No se habló del mundo con el cual la mandataria tiene un enfado ya indisimulable Impensable imaginar un jefe de estado no ser consultado,  mínimamente sobre dos o tres temas candentes, relacionados a la actualidad internacional. En Argentina es posible. Más extraño resulta teniendo en cuenta que la entrevista se daba a unas horas de concluida la Asamblea General de Naciones Unidas. En Nueva York,  la alocución de Fernández se dio el jueves, al caer el día, en presencia de un parterre desertificado. Antes había tenido que sufrir la ultrajante insolencia del mundo de imponer en el menú de la asamblea el recalentamiento de las relaciones entre Irán y Occidente, la cuestión Siria, las escuchas de la NSA en Brasil, el atentado en Kenia, la reelección de Angela Merkel y todo una serie de tópicos buenos y malos que desdibujan un mundo distinto, dentro del cual Argentina no existe. Cristina se presentó a la tribuna con los mismos tópicos de siempre, como si no hubiese tomado cabida que hace un siglo que el mundo escucha el mismo lamento de parte de Argentina. El Club de París fue diseñado en 1956 para restructurar ya, la deuda argentina. La Presidente no parece estar en condiciones de entender  que el mundo rehúye de semejante redundancias cometidas con las ínfulas nacionalistas que se sabe.

Entre los no scoops de ayer la Presidente ratifico lo que fuentes documentales gráficas, televisivas, radiales, y testimonios daban por asentado. A la Presidente le “encantaba Menem”[7]. “Pero el del 89”, precisa. Es decir el personaje que se asumía  nacionalista, autárquico. El que gustaba a Aldo Rico, al que apelaron con sus votos los “carapintadas” y los nostálgicos de la mano dura y que después los decepciono todos por ser demasiado abierto.

El último toque fue dado cuando la Presidente, en un arranque teológico sujeto a las más extremas especulaciones, declaró “soy media musulmana. ¿Viste que el Corán cree en eso del destino (…) cuando te llaman de arriba?” ¿No se habrá equivocado de religión? Lo que es seguro es que hay un electorado a quien esas payasadas encantan, y al peronismo no se lo lleva el viento.  Ella es sólo parte de una de una comedia nacional tragicómica que seguirá, con o sin ella.


[1] Matones

[2] Grupo de choque del Kirchnerismo, con fuerte presencia en la vida económica. Del nombre del hombre que supo ocupar el poder durante los meses de transición previos al retornó de Juan Domingo Perón,  exiliado en España donde fue  huésped de Franco.

[3] Toda aquella persona a lo largo de la historia argentina que logro hacerse conocer, incluso por los peores motivos.

[4] Asesinado el 20 de Octubre de 2010

[5] Maximiliano Kosteki y Darío Santillán eran activistas del Movimiento de Trabajadores Desocupados. El 26 de Junio de 2002 cortaban el puente de la localidad de Avellaneda en la periferia inmediata de Buenos Aires. En la represión fueron matados por la Policía de Buenos Aires en una de las tantas masacres causadas por la misma fuerza. Tuvo como consecuencia que el presidente Eduardo Duhalde precipito las elecciones presidenciales a favor de su delfín Néstor Kirchner.

[6] Grupo de prensa Clarín, Héctor Magneto CEO del grupo y socio accionarial.

[7] Carlos Saúl Menem. Durante una década los Kirchner se definían ferozmente anti menemistas.



Categorías:Argentina, Corrupción, Otro día en Argentina

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