Triunfo de una campeona de la gestión de crisis

imagesCAXEN84WTeresita Dussart (c ) 

La nítida victoria de Angela Merkel ayer 22 de septiembre es doblemente meritoria. No sólo porque se suma a conformar una troika con dos presidentes que ocuparon el sillón de cancilleres en momentos muy particulares de la historia, Konrad Adenauer -padre de la construcción europea y primer Canciller alemán de la posguerra- y Helmut Kohl, el hombre a quien todo se le puede perdonar porque obro a la difícil reunificación de las dos Alemanias. Los dos, como ella, miembros de la CDU, el partido conservador. Pero Merkel es la primera en ganar una re re después de una crisis de amplitud histórica. Y no sólo lo logra, sino que mejora en 8 puntos su victoria anterior.

42,5%, cifra que será afinada en las horas que siguen, no deja planear ninguna duda sobre el grado de aprobación a su política del “Nein”, ante la crisis europea. Los alemanes interpretaron su liderazgo, el cual hubiese sido declinado con gusto , simplemente por la fuerza centrífuga de la economía alemana sobre el resto de la Unión Europea. La mayoría reconoció en la tacherisación de Merkel, la unica vía para mantener el país dentro del cordón sanitario: lo suficientemente hermético como para mantenerse incontaminado, y al mismo tiempo lo suficientemente proactivo como para que la zona euro recupere competitividad.

El candidato Peer Steinbrück,  de la oposición, el sociodemócrata  (SPD), fundó parte de su campaña sobre la crisis europea, como era de esperar, reprochando a Merkel de mentir a los alemanes. En una nota del diario Welt am Sonntag, declaraba a pocos días de las elecciones que “tarde o temprano, Merkel debería decir la verdad a los alemanes (…)  Admitir que Grecia no podría acceder a los mercados durante por lo menos ochos años y que los alemanes deberían ayudar al país helénico”. Agregaba en el  mismo tono que “no se puede apretar más los bulones de Grecia”, “hay que pedirles que cumplan con los compromisos pero no se le puede pedir más”.

La crisis europea, y singularmente el riesgo de un tercer plan de rescate a Atenas acamparon a sus anchas a lo largo de la campaña como si Atenas fuera otro Land, el más pobre sin lugar a dudas. El hecho es que la política de Merkel gozaba de un 65% de aceptación según un sondeo realizado el 3 de septiembre  por la cadena de televisión ARD. Aceptación que incluía sectores importantes del SPD. Angela Merkel, que perdió su aliado histórico, el partido liberal  (FDP), el cual pasó de 14,6 % en 2009  a 4,6% el domingo,  tendrá que conformar una coalición y muy probablemente lo tendrá que hacer con los sociodemócratas. Pero las diferencias son mínimas entre los dos mastodontes políticos. Steinbrück representaba una corriente en realidad marginal dentro de su proprio estamento.  Aunque a veces el diablo se esconde en los detalles y el CDU ya está fijando precio a su participación a una coalición. Las dos patatas calientes del CDU para Merkel son la cuestión del salario mínimo y la reforma del código de nacionalidad para incluir la doble nacionalidad.

En la gestión de la crisis europea, el protagonismo de Merkel se analiza de dos maneras distintas según el prisma ideológico. Para una mayoría, como se pudo apreciar el domingo, es la líder natural por el abanico de medidas que propulsó, el cual de hecho favoreció a España retomar el camino de regreso al crecimiento, más rápido de lo proyectado.  En ese decálogo de medidas están fortalecer la disciplina fiscal, mejorar la competencia de los países en crisis apoyando donde hace daño: el mercado de trabajo; fue la inspiradora del Fondo de Estabilización Monetaria para venir en rescate a España y Grecia,  de la misma manera trabaja para reforzar la Unión Bancaria con un mecanismo que le crea algunos dolores de cabeza con las entidades bancarias regionales de su país, impuso un mecanismo de supervisión monetaria europeo que prácticamente puso a España bajo tutela durante el tiempo que se sane su economía, sometiéndolo a auditorias de disciplina prusiana. Finalmente instaló la idea de crear más federalismo dentro de la Unión. Es la ortodoxia más convencional que se pueda imaginar pero indiscutiblemente produce sus frutos. Al otro extremo, los críticos de este sistema piensan que el liderazgo alemán consistiría  en poner la mano al bolsillo e intervenir monetariamente en las crisis. Algo que sólo ha encontrado intransigencia total por parte de Merkel y es de imaginar que siga así. Provenida de la leva protestante, esta hija de pastor, nacida a la vera de la austeridad de la RDA cree firmemente que cada uno se tiene que hacer responsable de sus acciones. Y en ese espíritu considera simplemente impensable que los alemanes paguen por la mala gobernancia de los otros.

La canciller estima que el problema es de fábrica, cuando los sociodemócratas bajo férula de Gerhard  Schröder permitieron la entrada de Grecia dentro de la zona euro, sin exigirle cumplir con los requisitos primero,  y así lo espetó a su adversario durante el único debate televiso de la contienda electoral. Steinbrück fue ministro de finanzas de Schröder.

Merkel es sin lugar a dudas el tipo de líder que le puede robar votos a la izquierda o la derecha sin por lo tanto ser populista. Una rareza. Puso un punto aparentemente final al partido Alternativa para Alemania (AfürD) que representa la corriente que va de los Euroescépticos a los Eurofóbicos, al demostrar que la salida de la zona euro no era ni la solución ni algo deseable. Su diatriba contra los partidos populistas “que florecen como hongos” pronunciada durante una cumbre con Mario Monti el 28 de agosto de 2012, causó cierta sensación precisamente porque provenía de una personalidad que encarna la disciplina monetaria.

La canciller tiene varios retos delante de ella, del resorte de política interna, como el dossier energético. Su declaración fracasante de abandonar la energía nuclear en 2011, como reacción al accidente de Fukushima, le gano los votos de los Grünen y de parte del electorado de izquierda. Pero en la práctica es un camino espinoso. La infraestructura y los canales de distribución de la energía verde que tanto gusta a los alemanes no están a la altura de la demanda industrial, y eso repercute en el precio. Por otra parte, Alemania, al extremo contrario de Argentina, tiene un problema de natalidad cuyas consecuencias se hacen sentir en la vida de todos los días. Ese déficit demográfico sea tal vez el principal escollo para su desarrollo económico. En Argentina hay una natalidad descontrolada sin infraestructura educativa para ofrecer un porvenir de calidad a las cohortes de jóvenes que suben. En Alemania está la infraestructura pero faltan los candidatos en el Moisés. Otro de los retos es la perecuación entre las regiones. Los Land más ricos, como la Baviera o Hesse, quieren revisar el sistema de ponderación de las transferencias monetarias dentro del sistema de regiones. Finalmente Angela Merkel tendrá que lidiar con ese juguete (una muy buena idea por cierto) que es una Unión Bancaria, pero guardándose de dejar los bancos regionales fuera del sistema, de modo tal de mantener su autonomía inalterada para no crearse innecesarios problemas con  los potentes caciques regionales. Por ahora inventó un codicilo, según el cual el nuevo instrumento comunitario solo debería incluir los principales bancos de la Unión. Pero esa batalla campal todavía no se dio.

Publicado en Relaciones Internacionales

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Categorías:EUROPA

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