Dossier AMIA: Quién, cómo y porqué organizó impunidad para los terroristas

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Teresita Dussart (c) todos derechos reservados

La voladura de la mutual de la colectividad judía, la Amia, el 18 de Julio de 1994, quedará en la antología criminológica del terrorismo como un caso aparte. Comparando hechos similares acaecidos en el mundo en la década del 90 y principio del milenio, todos se resolvieron al cabo de unas semanas, a lo sumo en meses.  El atentado de resolución más larga hasta el de la  Amia fue el caso de Lockerbie, la explosión en el aire de un vuelo de la compañía Pan Am sobre esa ciudad escocesa que dejo un saldo de 259 muertos del avión y 11 residentes en tierra. La investigación duró tres años antes de concluir en la responsabilidad de agentes de la inteligencia libia. Comparando lo comparable en todo los casos, menos en el de la Amia, la línea de demarcación entre por un lado las víctimas, por el otro los terroristas, y en medio servicios de seguridad e inteligencia obrando a esclarecer el hecho era muy clara, con un objetivo igualmente claro: hacer justicia y prevenir futuros atentados.

El caso de la Amia es paradigmático porque el grupo terrorista y parte del aparato de inteligencia componen un contubernio incestuoso y a su vez insoslayable.  Varios sectores de la seguridad del Estado, en lugar de trabajar en pos de la Justicia coligando la información fundamental al esclarecimiento del hecho, se dedicaron a crear intrigas, sustraer documentos, embarrar el terreno, aportar falsas pistas, comprometer exitosamente en la mayoría de los casos, en lo personal o en lo profesional,  a todos aquéllos que tuvieron la “ultrajante”, casi religiosa, preocupación de concentrarse sólo en la materialidad de los hechos y abordar con honestidad intelectual todas las pistas. El juez Juan José Galeano, los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, los abogados de la Amia y la Daia Luis Dobniewski y Marta Nercellas, respectivamente, tienen en común con otros protagonistas de la causa, y el ex presidente de la Daia Rubén Beraja, haber conocido aprietes, carpetas, hostigamiento, condena social. Los abogados se salvaron in extremis, pero el juez, los fiscales, Beraja, Palacios, entre otros, conforman en el imaginario publico prácticamente los responsables del atentado.

Galeano ya no es juez, Barbaccia y Mullen ya no son fiscales. Ese triángulo vive desde hace casi una década bajo la Espada de Damocles de una causa penal. Mullen escapó por muy poco al juicio político que le quería iniciar Nilda Garré en 2004. Y no es una casualidad que sea Garré, la amiga de Cesar Milani, ex miembro del Batallón de Inteligencia 601, quien haya tomado esa iniciativa. La aún imperante aberración moral fue hecha religión de Estado por la  declaración del presidente Néstor Kirchner cuando en 2003, en su primer discurso ante el Congreso dijo que la investigación de la Amia era una “vergüenza nacional”.  Los que hoy se refieren a la responsabilidad del Estado se refieren a eso: una investigación mal desempeñada, y al proceder de ese modo aportan agua al molino de los encubridores. En el caso Amia, hay una responsabilidad muy neta del Estado, que no porta sobre la calidad de la investigación sino sobre el hecho de haber albergado, al calor de sus respectivos fueros, a los terroristas y sus cómplices.  Es de notoriedad pública que la pareja Kirchner ofrecía el flanco a una infinidad de aspectos dignos de figurar en una “carpeta” de la Side y ser doblegados a la gracia del hombre fuerte de la inteligencia del momento, el ingeniero Antonio Stiusso.

Precisamente, debido al pasado de los dos componentes, por un lado tenían que transigir con Stiusso; por otro, las causas por enriquecimiento ilícito empezaban a supurar sin contención posible.  Y en esa configuración tuvo que recaer por sorteo, y recayó en Galeano ser juez subrogante de las causas más sensibles. La primera fue contra el secretario de Transporte Ricardo Jaime, en agosto de 2004, por sobreprecios en la remodelación de estaciones y vagones de tren, y la tuvo el juez de la Amia. Otra fue la primera causa propiamente por enriquecimiento ilícito de Néstor Kirchner, también en junio de 2004. Por si fuera poco, además había recaído en jurisdicción de Galeano, el mismo año, la causa por la cual Néstor Kirchner denunciaba un complot para derrocarlo. Aparentemente, el difunto presidente no apreciaba los exhortos que el juez Galeano le mandaba con el fin de ahondar más sobre el origen de las oscuras maniobras destituyentes alegadas. Galeano insistía en la inquisitorial curiosidad de querer saber a quién ser refería el entonces presidente cuando mencionaba “jerarcas policiales, empresarios y economistas del menemismo residual” entre los aspirantes golpistas.  No tuvo tiempo de saberlo. Cuando el juez fue destituido por el Consejo de la Magistratura, bajo intensa presión de Néstor Kirchner, las causas pasaron a ser gestadas por el juez Julián Ercolino. La causa de enriquecimiento del fallecido presidente fue llamativamente cerrada un año después. Indudablemente aquellas causas de alto perfil político acabaron por propulsar la salida, de todos modos ya programada, de Galeano, sólo que fiel a su costumbre Néstor Kirchner hizo de modo que ésta sea la más humillante posible, con la intercesión en esto del senador Miguel Ángel Pichetto.

Como en el caso de Lockerbie, los planificadores son policías, ex militares con un pasado al servicio de la desinformación, por lo cual necesariamente la investigación va a ser más difícil que si fuesen terroristas “ordinarios”. Los que más tenían por perder en la investigación de la Amia eran la policía de Buenos Aires, el Departamento de Protección del Orden Constitucional (DPOC), el contraespionaje, o sector 85 de la Side, dirigido por el Ingeniero Antonio (a) “Jaime” Stiusso (netamente protector de la conexión policía bonaerense), o Sala Patria, conducida por Alejandro Brousson, luego Patrick Finnen, más afín a la conexión armas o carapintadas. Estos dos últimos protagonistas se enfrentan cuando “salta” el factor “Carlos Telleldín”. Cada uno tiene que proteger a sus más allegados dentro de la trama terrorista. Eso se hace por medio de falsos testigos preparados, robo de documentos y carpetas. Al final, además de la propia desgracia de Alejandro Brousson acaecida por razones tan indecorosas como ajenas a la causa Amia, se crea un consenso por defecto: los terroristas son extranjeros, preferentemente iraníes o alternativamente sirios (pista Kaanore Edul, su deposito de cemento y volquete en Avellaneda, sus conexiones policiales, el terreno baldío, el sin fin de testigos y cartas anónimas).La responsabilidad de los locales, cuando identificada, debe presentarse como marginal: azarosos y desinformados delincuentes de derecho común, pequeña corrupción ocasional implicada en algo que la superó.  La tesis vigente hasta hoy, sólo alterada por ocasionales “hipótesis de trabajo” alegando complóts urdidos por doquier. Lo único que se debe descartar taxativamente son los datos establecidos en función de peritajes y de una investigación en serio. O sea lo que está en el expediente de Galeano.

Desde las primeras palabras, al inicio de una larga serie de entrevistas, Luis Dobniewski contesta a esta periodista: “venga esta tarde, me hará una catarsis”. El que fuera el primer abogado de la Amia, el promotor del documento “La Denuncia” presentado al juez Galeano “con los hechos y los nombres de quienes obstaculizaron la investigación” en 1997, ostenta como otros la soledad del corredor de fondo.  Hoy dice, no se puede nombrar “La Denuncia”  porque lleva la firma del ex director de la Daia, Rubén Beraja. El documento evocaba los documentos robados, la falta de cooperación de los organismos del Estado, la inaceptable excusa de la inexperiencia para justificar la inacción. El documento era también firmado por León Arslanián, Andrés d’Alessio, Ricardo Gil Lavedra y Raúl Zaffaroni. Siendo este último tal vez aquél que más podría perjudicar el valor de inventario de esa contribución a la Justicia, por su activa participación en el negocio de la trata de personas a través de sus departamentos porteños devenidos en prostíbulos, aquél que podría lastimar la dignidad del documento con su firma, y sin embargo él no constituye  un factor de sospecha.  Su extraordinario sentido de la supervivencia en política, característica victorhugoniana en su versión austral, le permite sostener la tesis del hombre fuerte del momento. Lo demostró últimamente apoyando el aberrante Memorandum of Understanding con Irán.

EL ESQUEMA DEL GRUPO TERRORISTA, EUFEMÍSTICAMENTE REDUCIDO A “CONEXIÓN LOCAL”

Una de las desprolijidades del esquema terrorista es Telleldín mismo, un individuo con tal pedigré de malviviente es una mancha que atrae forzosamente la atención. La investigación se  podría haber solucionado en seis meses en base a la relación entre el rodado utilizado para la voladura de la Amia, quién lo entrega a quién, lo que se sabe de dónde fue llevado y quién y con qué lo acondicionó. La parte pobre de la investigación es quién conduce el vehículo desde el lugar donde fue acondicionado hasta el teatro de operaciones. En cambio, se sabe de la operación final, la explosión,  que hay expertos en explosivos que aseguran el servicio posventa con una ambulancia preparada, de la cual sólo se sabe que sirvió para transportar un herido cuya presencia no consta en ningún nosocomio. Con lo que se sabe, en otro país se hubieran pronunciado condenas a perpetua. De eso no debe caber la menor duda. Más cerca se está del atentado, más contundentes son los elementos. Después, a medida que pasa el tiempo,  empieza a hacerse sentir la intervención de la Side. Es justamente la enormidad del aparato de impedimento una rareza a escala mundial, que influye sobre la propia percepción del trabajo del juez y del equipo. Ellos mismos minimizan la importancia de los datos colectados.  No parecen siempre tomar la justa medida de lo que están desenmascarando. En el texto de elevación a juicio, Galeano escribe  “En esa reconstrucción de la verdad de lo acontecido, debo reconocer que la copiosa instrucción desarrollada, con aportes propios, de organismos nacionales e internacionales de seguridad e inteligencia, no ha permitido unir aún con la fuerza necesaria los diferentes puntos de sospecha, de manera de construir un tejido sólido que permita identificar y traer a juicio, con sustento de forma y de fondo, a los autores directos del atentado del 18 de julio de 1994. Sólo se han reunido probanzas respecto de criminales y policías -también criminales-, que asociados en un ilegal comercio, han abonado el terreno para que esto suceda”. En estas últimas palabras reside aquel Talón de Aquiles, gracias al cual los sustentadores de la impunidad van a lograr sus fines. No son terroristas aquellos que cometieron el acto terrorista, son partícipes necesarios,  “abonaron el terreno”. Esa depreciación del propio trabajo de investigación se debe a la presión ejercida obsesivamente desde todos los sectores de la sociedad a la búsqueda de una autoría foránea: un grupo, primero iraní, libanés, sirio, otro. Conjeturas que se fomentan en un terreno de profundo desconocimiento del mundo donde se mezcla todo: shía, suníes, libaneses, saudíes, kurdos etc. De todos modos, todos son “turcos”. [1]

Abundan las razones para pensar, en base a los elementos de la causa, que el grupo terrorista local -el cual deber ser abordado taxativamente como una unidad operacional-, obtuvo un financiamiento externo, muy probablemente medioriental, en vista de la perpetración del acto. No hay en cambio razón para pensar que haya obtenido un apoyo de índole operacional, ni siquiera una asesoría. Todo el know how era “casero”, como lo demuestran los peritajes.  La percepción de la autora, es que inclusive la célula terrorista se impuso un pundonor de demostrar que podía llevar a cabo la operación sola. De la misma manera, RI piensa que el atentado a la Embajada de Israel, íntimamente relacionado al atentado a la Amia, actuó como vidriera para demostrar de qué era capaz la célula terrorista local en su oferta de ”soluciones globales en materia de terrorismo “  a potenciales “adquisidores”.  Las razones para pensar que en ese primer caso hubo un asesoramiento extranjero parecen más explayadas. Ese grupo local, veremos quien lo compone, venía escalando operaciones de gran bandidismo cada vez más violentas. No por nada los medios identificaban esas acciones como “masacres”. El paso al terrorismo constituyó apenas un salto cualitativo. El financiamiento por parte de terceros no disminuye la culpabilidad, inclusive si es el dinero el causante de la acción por el simple hecho que es lo que moviliza al grupo. Muchos grupos terroristas reciben participación financiera por afinidad ideológica de patrocinadores privados o públicos; o por extorsión o, muchas veces, en el caso del islamismo radical, en aplicación de un precepto instituido en los años 80: “si mi enemigo tiene un perro malo yo tengo que tener uno peor y cuidar que esté bien alimentado”, como declaró en alguna ocasión un miembro de la Hermandad Musulmana en Ginebra a esta periodista.  El Hezbollah puede ser financiado por Irán, pero eso no quita que el grupo terrorista es el Hezbollah. Osama Bin Laden pudo recibir financiamiento de algunos miembros de la familia real Saudí, eso no quita que el grupo terrorista sea Al Qaeda. En el caso argentino, el grupo, sea quien sea el patrocinador de la voladura de la Amia, no puede ampararse detrás de una calificación que lo deja como una parte funcional más o menos omisible. La conexión local obedece criminológicamente a la estructura del gran bandidismo utilizado con el fin de comisión de un acto de terrorismo. En Córcega, el hampa fue subcontratada para la comisión de atentados de índole ideológica por los independentistas. No es una configuración que se desconozca. Es importante calificar criminológicamente el grupo, porque eso lo sitúa en su correspondiente índice de peligrosidad, más teniendo en cuenta que  desde 2004 sus componentes están libres.

ELENCO TERRORISTA:   LA “GLOBAL SOLUTIONS”

Lo que se sabe desde hace 19 años es que el 10 de julio de 1994, Carlos Telleldín entregó una Trafic blanca a un grupo de policías bonaerenses que vienen a conformar la conexión del mismo nombre. Ese grupo es dirigido por Juan José Ribelli, comisario, cuyo recorrido profesional empieza en la zona sur de la provincia bonaerense, hoy retirado de la fuerza y abogado penalista, materia que estudió durante su encarcelamiento.  Al momento del atentado de la Amia, es jefe de la División Automotores. Se sabe que la Trafic es entregada a “los del Tigre”, en referencia a componentes de la Brigada de la Unidad Regional XII de Tigre, entonces dirigida por Mario Eduardo Naldi. Naldi hace parte del núcleo duro de la tertulia de Ribelli, compuesta, además de Ribelli, por Pedro Anastasio Klodczik, Comisario General, jefe de la policía bonaerense, y Mario Héctor Rodríguez, comisario mayor de la policía bonaerense al momento del atentado. Se retiró siendo jefe de la Unidad Regional II de Lanús. En el nido del águila se encontraba estratégicamente emboscado el comisario inspector Ramón Oreste Verón, a cargo, al momento de los hechos, de nada más y nada menos que el Departamento de Investigaciones de la Policía Bonaerense,de la cual dependía justamente la División Automotores. Una de las dos columnas operativas de la policía (Dirección de Seguridad- Dirección de Investigaciones). A él se le confía el mandato de la investigación en Asuntos Internos sobre lo ocurrido con cuadros de la Policía Bonaerense en relación a la Amia.  En 2000 sería ascendido a ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Si de evaluar sus tareas de investigación se trata, esos laureles habrían tenido mejor uso como guarnición en una sopa. Según el informe de la comisión bicameral, su testimonio fue de “aquellos más mezquinos, donde el deponente respondía estrictamente a lo que se le preguntaba sin agregar nada de su experiencia o conocimiento personal, contestando sólo por el compromiso de hacerlo pero con la evidente voluntad de no aportar nada. (…) Es sugestivo además que fuera el único deponente que conociera a todos los detenidos [Ribelli y subalternos] y que fuera a Ribelli a unos de los que más conociera”. En realidad, según una fuente judicial, Verón hizo algo más de lo que dejo entrever, pero lo más sabio era no permitir que se le reconociera ese esfuerzo.

Todos son socios de una esas aseguradoras de automotores que constituyen el pico del iceberg de sus negocios. Hay una entidad interesante porque en ella se juntan todos los “peces gordos”.  Además de Ribelli y  Verón están José Víctor Vertrugno, Eduardo Mario Naldi, Mario “Chorizo” Rodríguez y  Oscar “Cocodrilo” Rossi. Se trata de la empresa Global Solutions, la cual tenía contratos de seguridad privada con la intendencia de Vicente López.  Aparentemente, más que seguridad se trataba de extorsión. El comisario Mario Rodríguez fue por mucho tiempo sospechoso de ser el responsable de la masacre de Andreani, un hecho criminal que se produjo el 6 de noviembre 1996 cuando una facción de la policía bonaerense atacó a una banda de asaltantes en Avellaneda, para mejicanearles el botín. Hecho que se tradujo en nueve muertos y que fue archivado diez años después. Los policías habían desayunado con los ladrones a las 8 de la mañana el día del asalto. Verón, el comisario encargado de la investigación de la Amia, una personalidad que debería estar por encima de toda sospecha, es parte de esa trama. La información relativa a “los del Tigre” cae a partir de una intercepción telefónica transcurrida en julio de 1996 entre los policías Juan Carlos Nicolau y Carmelo Juan Ionno. Nicolau es suboficial mayor de la Policía Bonaerense al momento del atentado. Presta servicio dentro de la División Sustracción de Automotores de Vicente López, dirigida por Ribelli. División curiosamente situada dentro de la agencia Gran Prix, una de las agencias de autos pertenecientes a Ribelli. Nicolau hace de chofer para el hombre fuerte de la bonaerense. En 1994, hace dieciséis años que trabaja bajo las órdenes de Ribelli. Primero, en la Brigada de Lanús (ex Avellaneda); después, junto con su jefe fue trasladado a la División Homicidios de la localidad de Banfield. Dos años más tarde fueron trasladados a la Brigada de Almirante Brown,  donde conocieron a Klodczyk. Luego, los tres fueron destinados a la Brigada de Quilmes. Ribelli, ya ascendido a Comisario y afectado al área de Narcotráfico, siempre asistido por su fiel Nicolau, “sirvió” bajo las órdenes del comisario general Calabró. Cuando el juez Galeano llama a declarar a Nicolau, la citación le llegará por intermedio de Calabró, encargado de la investigación en su trecho “Tigre” y del contenido de la escucha telefónica entre éste y Ionno. La relación de Nicolau con Ribelli es también de índole familiar. La mujer de Ribelli es madrina de una hija de Nicolau, éste conoce las hermanas de su jerarca, incluida Ana María, la que está casada con el comisario José Miguel Ojeda, que será imputado en la “patota narco” de la Brigada de Lanús y luego sobreseído. Patota de policías  involucrada en la denominada “Masacre de Wilde”, en enero de 1994. Ribelli como buen padrino mafioso tiene que hacerse cargo de mantener las familias de los soldados de la organización delictiva caidos. Según figura en el Informe de la Comisión Bicameral, Ojeda era en ese momento jefe de la Brigada de Lanús, “siendo el responsable máximo de la fuga del principal acusado, hecho por el cual perdió la Brigada”.  Kldodczyk recupera a Ojeda, ya ocurrido el atentado de la Amia, y lo rehabilita con una promoción, nombrándolo director de Administración y Finanzas de la Policía Bonaerense.

El nepotismo es una forma de corrupción en sí, en todos los sectores. En una sociedad donde la corrupción ha demostrado ser endémica y como parte del ADN cultural, una forma de prevención sería que dentro de las fuerzas de seguridad no sea posible contratar miembros de la familia, porque eso multiplica el coeficiente mafioso. Nicolau está al tanto de todos los negocios delictivos de Ribelli. Los coches vendidos en las agencias de automotor del padrino Ribelli,  la “agencita”, tal como la evoca en su deposición: “Paola” en Remedios de Escalada o “Gran Prix” en Banfield. Venden coches robados u obtenidos por extorsión de detenidos, a cambio de ser liberados. Es parte de una trama de gran bandidismo uniformada. Ionno, a quien habla Nicolau, es socio con Ribelli en una joyería de Lanús donde venden joyas robadas, “Los Padrinos”. No se inventa semejante nombre.  Esto es una ínfima parte del cuadro delictivo, que no incluye la dimensión proxenetismo y narcotráfico. Durante su declaración, Nicolau reconoce que el patrimonio inmobiliario de Ribelli no concuerda con el salario de éste. El contenido de la intercepción entre Juan Carlos Nicolau y Carmelo Juan Ionno viene reproducido aquí según retranscripción de la Side que cualquier ciudadano debería poder procurarse.

–          2: Hola –         1 Hola… LOBELLI. (fo) …. Hola… –          2 Boludo, ése es el mío –          1. Cómo? –          2 Éste es el movicom mío, que te di, boludo es el movicom mío… –          1 Pero … Mirá estoy loco, mirá –          2 Risas… –          1 Bueno, de paso contame lo que me ibas a decir… Estoy loco –          2 No…, que allá no es conveniente ir… eh viste… –          1 No, no, ya me dijeron… –          2 No porque hay escuchas, hay de todo… viste (##)… –          1 Claro, claro, claro…. –          2 Entonces, no hay que darle más letra a esta gente… para que no … –          1 Más bien!! –          2 Y bueno… Eso… Que BURGUETE está separado de todo el resto, lo mandaron allí a la jefatura Central, Dpto. Central…. Y que HUISI está en Robos y Hurtos, allí en el depto. Central y, que posiblemente mañana declare JUAN e IBARRA… viste. –          1 Si, qué abogado tienen? –          2 Eh… Fiscalini. Pero creo que hay dos que unificaron todo, viste… Antes iba ser: cada uno iba a tener su abogado, parece que ahora no, viste van a ser dos los que manejen todo. –          1 Está bien. –          2 Pero… cuando se separen las aguas… ahora parece ser que ya está localizado lo de TIGRE, viste. –          1 Los que llevaron el vehículo… –          2 Exacto… –          1 Mas bien. –          2 Así que por allí en cualquier momento los tumban, o sea que bueno… , eso es un aliciente –          1 Claro, más bien, eso ni hablar de eso –          2 Sí, por eso te digo… así que vamos a ver qué pasa… –          1 Sí, en qué garrón los quieren poner ahora a ellos? –          2 Por eso hay que esperar a la espera de lo que va… de lo que pueda llegar a decir… –          1 Claro, lógico. Che… SEBA (fo) Anda por acá, o no? –          2 No. No. Él me llama cada hora o cada dos horas. Pero no está ni tampoco tengo el movicom de él. –          1 Está bien, yo igual cualquier cosa, te voy a molestar mañana. –          2 A mí llámame diez veces,  a la hora que quieras, cuál es el problema ? –          1 No. No. Por eso yo quería saber… –          2 No, pero dormí tranquilo… –          1 Bueno, un abrazo,… –          2 La letra que me tiren a mí, te la tiro a te vos. –          Ta, encima mirá cómo ando, mirá que me equivoqué en vez de llamar a …te llamé a vos… Bueno, hasta luego… –          2 Chau.. chau…

¿TELLELDIN APRETADO?

En la conversación desgrabada por la Side, se hace referencia a Alejandro Burguete. El Juan nombrado es Ribelli. Huci es el apellido de Bautista Alberto e Ibarra tiene como nombre de pila Raúl Emilio. Nicolau reconoce que en la conversación por “vehículo” se refiere a la Trafic que poseía Telleldín. Según Nicolau, no es la primera vez que Telleldín era víctima de extorsión por parte de Ribelli. Se acuerda que cuando el reducidor de coches estuvo detenido en Lanús, tuvo que entregar a Ribelli la cantidad de dos vehículos y una moto a cambio de su puesta en libertad. El 16 de julio de 1994, dos días antes del atentado a la Amia, un documento de compra venta deja constancia que Telleldín vende y transfiere una embarcación de tipo “Marbella” a Juan Alberto Botegal, de profesión abogado, quien es parte de la conexión Policía Bonaerense. Ése sería el precio que en ese momento Telleldín tuvo que franquear para liberar a uno de sus cómplices, un tal Pérez, arrestado por Ribelli. Es curioso porque en ese acta de venta figura el nombre de una persona real que es parte del esquema delictivo. En cambio, para la venta de la Trafic, Telleldín inventa una identidad, la de un tal Ramón Martínez, el cual se sabe, es una identidad ficticia. Evidentemente hay una preocupación superior en el caso de la Trafic en dirimir las posibilidades de rastrillaje del rodado. Telleldin-boleto De la hipótesis del “apriete” hay muchos detalles en la causa, pero todo surge del escenario que provee Telleldín. El escenario de la extorsión tiene por evidente beneficio el reducir su implicación al rango de un delincuente menor, eslabón funcional e inadvertido de lo que se está gestando. La presencia de la Policía Federal, con Carlos Castañeda entre otros, y de la Side, en su domicilio una vez la Trafic utilizada para la voladura es identificada, es interpretada por algunos no como un cónclave cuyo objetivo sería que se entregue, sino fomentar una coartada. Ese día, en casa de los Telleldín están además Mario Norberto  Bareiro y Raúl Ibarra, de la Brigada de San Martín. Dos soldados de Ribelli que habrían sido los receptores de la Trafic. Parece extremadamente improbable que esos individuos, cuyo sentido de la supervivencia hace las veces de inteligencia, hubiesen aceptado estar presente en casa de Telleldín a sabiendas del uso que se le había dado a la Trafic, dato que los comprometía en un esquema de terrorismo. Seguramente no lo habrían tolerado, si no fuera porque se estaba negociando una salida de crisis entre todos y para todos.

Coincide la presencia de esa camada, Side y Policía Bonaerense, con la desaparición de los 66 (68, según otras fuentes) casetes de intercepción de las comunicaciones de Telleldín. Es ése el punto neurálgico de las irregularidades de la causa AMIA, cuando ésta se encontraba depositada en manos del Departamento Protección del Orden Constitucional (DPOC), singularmente de aquellos que tenían la investigación a cargo, Carlos Castañeda y Rodolfo Osca Peralta. En el informe de la comisión bicameral de seguimiento de la causa Amia y de la Embajada de Israel se puede leer lo siguiente: “DESAPARICION DE LAS 66 (SESENTA Y SEIS) CASSETTES CON GRABACIONES DE ESCUCHAS TELEFONICAS A Telleldín. El juzgado solicita al DPOC las cintas grabadas correspondientes a esas transcripciones. La solicitud es cursada también a la Side. Esta última contestó que al no tener suficientes casetes los habían vuelto a utilizar para otras grabaciones”. Así se bombardeó la causa. Es mucho empeño puesto al servicio de un delincuente de derecho común que cometió un acto de sabotaje, mínimamente interpretable como encubrimiento de una masacre de inocentes ¿no?

En La Denuncia (1997), el robo de esos documentos conforma el hecho número 5 de una serie de 20 disfuncionamientos identificados. “A diferencia de lo ocurrido en sede de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el caso de la investigación judicial iniciada para esclarecer la voladura de la Amia-Daia, se advirtieron lentos pero sostenidos progresos en la pesquisa. Precisamente esos progresos pusieron en evidencia – blanco sobre negro- la existencia de una más que sugestiva acumulación de situaciones equivocas ocurridas en distintas etapas de la instrucción, y protagonizadas por funcionarios públicos que, como mínimo, contribuyeron a demorar el avance de la investigación, y, hasta donde sabemos, en los peores casos, resultaron en la desaparición de elementos de prueba probablemente cruciales para permitir la identificación de los responsables de la masacre“.  Carlos Castañeda fue condenado en 2007 a cuatro años de cárcel por el robo de las 66 casettes, pero el fallo fue anulado en 2011 por la Corte Suprema, considerando que el hecho jurisdiccional era prescriptible y la causa había prescripto, sin expresarse sobre el fondo. Esa eximición de culpa fue una señal definitiva clarísima de las prioridades del Estado argentino. Los investigadores, Galeano, Mullen, Barbaccia, ellos siguen siendo procesados.

Los enigmas que levanta Telleldín no sólo tienen que ver con la desaparición de documentos de su domicilio de la calle República 107 de Villa Ballester, de donde además de las casetes ya mencionadas también desaparecieron varios disquetes de marca Nashua, un rollo de fotografía de marca Kodak no revelado de 24 fotos y cinco videocasetes JVC y TDK. Conseguir una Trafic no necesita tramitar una dramaturgia de chantaje tan sofisticada para quien, como Ribelli, tiene un parque automotor con todo a su disposición, precisamente porque es el jefe de la División Automotores. Por otra parte, la personalidad de Carlos Telleldín es realmente singular tanto por su pasado, como por su presente al momento del atentado. Su padre, Raúl Pedro Telleldín, es el ex jefe del Departamento de Informaciones de Córdoba, la temible D2. Entre 1995 y 1996, Galeano dedicó tres legajos a las actividades de Raúl Pedro Telleldín, personaje altamente nefasto, criminal codicioso, rudimentario, violento, psicópata, padrino mafioso. Según el periodista Leamons Fleisher, el padre de Telleldín era “quien indicaba quiénes eran judíos o no a la policía de Córdoba. Los Telleldín son de origen sirio, pero el fascinerismo mafioso es bien criollo y de extracción inconfundiblemente peronista. El padre Telleldín siempre se definió como un peronista, nacionalista de extrema derecha, es decir un peronista ortodoxo.  Todos los componentes del esquema terrorista son peronistas. Para hacerse una idea de quién es Telleldín, Galeano recibe el 5 de Julio de 1996 a José Eladio Gariboglio, ex juez de instrucción de Córdoba, quien se ha puesto en contacto con el juez de la causa. Gariboglio califica a Pedro Telleldín como un hombre de ”alta peligrosidad”. Según él, Telleldín padre, durante su estancia en la ciudad de Bell Ville, provincia de Córdoba, atenta contra la vida de representantes de  “los sectores democráticos locales” poniendo bombas.  Entre sus víctimas produce una lista: “Dr. Horacio Ballesteros, presidente del Colegio de Abogados. Dr. Ramón Céliz Pizzaro, abogado de conducta ajena a la izquierda política, en absoluto. Sr. Céliz Humberto, legislador provincial radical, Dr. Aldo Lacreu, secretario del Colegio de Abogados, Dr. Ademer Testa, abogado defensor de presos políticos. Sr. Gillette Luis, bomba debajo del auto no estalla, Dr. Luis José Bondone, abogado, Colegio de Abogados. Bomba no estalla. En Marcos Juárez, bomba al juez de instrucción Dr. Vocos. En San Severo, Ruta 8, dos bombas, una en un boliche denominado “El Bambi” y otra en el denominado “Descanso del camionero” (zona de la localidad de San Severo). Gariboglio también explica que el núcleo duro del grupo lo conformaban Antonio Castro, “quien operaba como enlace después del golpe y que se encargaba de idear las actividades del grupo” (…) “Que los otros tres eran Peralta, Lucero y Molina de quienes desconoce su nombre de pila al igual que sus actuales paraderos”. El juez Galeano pregunta de dónde “extraían los explosivos utilizados estos grupos”, y Gariboglio dice que “según referencias que tiene, los explosivos en esa época eran de fácil obtención (…) En la fábrica de Villa María salían camiones cargados con explosivos todos los días“. Una información cuanto más importante si se la pone en perspectiva con un exhorto realizado a fines de agosto de 1994 hacia esa planta, donde se encuentra exactamente el mismo explosivo, nitrato de amonio (amonidal), que el que fuera utilizado para la voladura de la Amia.

El juez Galeano también recibe en su despacho al ex policía federal Octavio Severo Cuello. Cuello revistaba en la Subjefatura de la Policía de la Provincia de Córdoba durante la dictadura. Aclara que “no comulga con ideas de izquierda”, que incluso “participó de la represión”. Pero no estaba de acuerdo con la metodología empleada entonces por el subjefe, comisario general Luis Alberto Choux, el cual recibía órdenes directas, como muchos otros, de Pedro Telleldín, el jefe de la Inteligencia de la Policía de Córdoba durante el Proceso Militar. Al apartarse de la fuerza, Cuello dice haber sido objeto de amenazas hasta muchos años después de restaurada la democracia. En 1989 le colocan 1,5 kilogramo de trotyl en su automóvil; rodado que queda totalmente destruido. Trotyl es el explosivo utilizado para el atentado a la embajada de Israel en 1992. De bombas-lapa, de coches-bomba, de atentados, de operaciones clandestinas, de antisemitismo y de actividades criminales varias, pocas personas en Argentina sabían más que el padre del entregador de la Trafic y menos aún disponen de su red de delincuentes embadurnados de verde o de azul.  Durante dos años tuvo a su hijo Carlos bajo sus órdenes para transmitirle el “oficio”, antes de la restauración de la democracia. Cuello le atribuye al padre dos atentados, además de los mencionados por Gariboglio.  El del  ex ministro del gobierno Erio Bonetto y del juez de Cámara Hairebedián. Oficialmente, Telleldín padre está muerto, pero Cuello, en 1995 expresaba fuerte dudas al respecto. Opinaba que su deceso accidental podría haber sido una puesta en escena. Afirmaba que lo habrían visto en la localidad de Bell Ville, en la Ciudad de Buenos Aires y en Paraguay. Agrega que dos periodistas en ese momento se hallaban investigando: Enrique Sdrech y Carlos Juvenal. Entre las informaciones más relevantes para la causa Amia, Cuello hace saber al juez Galeano que “muchos elementos que habrían trabajado bajo las ordenes de Pedro Telleldín, se hallan actualmente contratados por los servicios de Inteligencia de Córdoba, como por la Secretaría de Inteligencia de Estado“.  Quizá esto explique la incongrua presencia del titular de la DPOC, el comisario Carlos Castañeda, y del propio Stiusso, de la Side, en el domicilio de Carlos Telleldín el día del allanamiento.

Está a la vista que a Telleldín no le faltan conexiones. Es el hijo del nazi cordobés, de aquél que fuere el líder del denominado Comando Libertadores de América, organización paralela a la Triple A, un héroe para muchos, el hombre de López Rega en Córdoba! En el Tigre, en Río Gallegos, es un dato de importancia que trasciende los disfraces ideológicos exigidos por las nuevas circunstancias. Por esa razón es poco razonable hacer cuadrar al hijo en un marco de un delincuente más del conurbano. Pero en el estado de carcasa de la investigación, después de diez años de disciplinado esfuerzo de demolición de lo hecho, hay que conformarse con la materialidad de su actuación, que ella es irrefutable, no obstante las tentativas objetivas de obviar su existencia instalando la idea de que no había habido coche lapa, sino explosivos en un volquete. Hipótesis descartada taxativamente por los peritajes, entre otros mediante explosiones realizadas en Azul en condiciones análogas. El volquete o la hipótesis de una implosión tenían el mérito de descartar de oficio a Carlos Telleldín, por ende a la policía bonaerense que arrastraba detrás de sí y a los carapintadas.  Esa manipulación es de las pocas que no pudo funcionar. De presentarse después de 2004, sin lugar a dudas habría prosperado.

MISILES PARA HUNDIR LA CAUSA

Entre las manipulaciones que sí funcionaron, las cuales merecerían todas un capítulo aparte, estuvo la del falso testigo Ramón Emilio Solari, formateado por la policía bonaerense dentro de la comisaria de Vicente López para alejar a los fiscales Muellen y Barbaccia y al juez Galeano de la pista Telleldin. Solari es un criminal consumado, fue detenido por primera vez a los quince años, ha cometido decenas de asaltos violentos y a los 39 años es condenado a perpetua por cuatro homicidios. Dice tener información recabada en la cárcel y de hecho parece muy bien informado, puesto que es alimentado en datos por los más allegados cómplices de Telleldin y Ribelli, los cuales durante meses, a través del reo, motivaron todo tipo de exhortos innecesarios con el fin de instalar la idea de que Ramón Martínez existe. Solari interviene en la causa a partir de diciembre de 1994, cuando las cosas se empiezan a poner muy complicadas para todos y desde la Brigada de Vicente López se decide de mandar ese misil. Empieza con una carta redactada por el reo Solari a la Embajada de Israel, la cual llega al bufete del juez Galeano de manos  del comisario inspector Garello. En “La Denuncia” citada anteriormente, se puede leer dentro del dictamen producido por el grupo de juristas el siguiente comentario: “El episodio Solari es de muy alta gravedad, en razón que pone de manifiesto la operación desarrollada por personal de una fuerza policial para desorientar la investigación, del hecho terrorista más grave sucedido en la República desde el restablecimiento del gobierno constitucional. Este episodio revela que no se trata de una participación accidental de algún miembro de la fuerza en el hecho, sino que además se cuenta con una red de encubrimiento capaz de programar y llevar a cabo esta operación de desconcierto dirigida contra el accionar de un Juzgado Federal”.

Otro misil importante de los tantos fue Claudio Adrián Lifschitz. Este último es un agente de la red de prostíbulos de la Side, trabajó con Martins y cuando se peleó con éste asesoró a la hija. Luego volvió al proxeneta internacional Martins. Actuó en ambas condiciones: proxeneta y agente de desinformación de la Side. Llega a Galeano después del episodio Solari. A Galeano no le gusta pero piensa que tal vez alguien con un perfil atípico podrá aportar a la causa. Es un error, no sólo lo reconoce sino que lo pagara muy caro. De Lifschitz vendrá la idea del vídeo con la oferta a Telleldin. Esa oferta de 400.000 dólares a Telleldin, Galeano la formula dentro de lo que en otro país sería considerado como un programa de protección de testigos, algo que faltó significativamente en la causa. Se lo ofrece a Telleldin no para que mienta, sino para que diga la verdad como una protección para su familia, y el juez se filma el mismo. Hay dos copias. El hecho es que Lifschitz la consigue en condiciones no esclarecidas hasta la fecha. Víctor Stinfale, el abogado de Telleldín, la vende a Ribelli, el cual llega a la oficina del juez proponiéndole un negocio. Le ofrece un acusado con una investigación llave en mano, un individuo con un nombre medioriental, un tal Alí, para que no quepa la menor duda. Si Galeano sobresee a Ribelli el vídeo no será divulgado, de lo contrario pasaría lo que paso, ya que Galeano no acepta el “negocio”. El error de Galeano en ese momento es no asumir que Telleldín y Ribelli son parte de una misma unidad criminal y que mismo si existía un programa de testigo protegido no le serviría, porque Telleldín es mucho más que un testigo.

El episodio del robo del video tiene muchos resortes extorsivos, antes de llegar este en manos del periodista argentino Jorge Lanata. Prueba de ellos, son las comunicaciones telefónicas interceptadas entre Matilde Menéndez y el abogado de Ribelli, Mariano Cúneo Libarona. Menéndez, por entonces presidente del Directorio del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI)  se encontraba implicada en un asunto de desvió de fondos y necesitaba ver al Juez Galeano destituido y desacreditado. El juez tiene ya en ese momento una causa pendiente con un personaje de mediana exposición política. Dentro de todo, las escuchas de las conversaciones entre Menéndez y Cúneo Libarona, lograran limitar los daños por un momento. Solo un momento.

A cambio de la operación crapulosa, el proxeneta de la Side debió ser pagado con una suma bastante importante. Poco tiempo después abre, en Benidorm, una caja de seguridad en la Caixa, de la cual reproducimos la copia. De todos los personajes de la causa, el que más desprecio genera consensualmente es Lifschitz, “nefasto” es el epíteto más oído cuando se hace referencia a él. En las redes sociales como Amicus, Claudio Lifschitz se define como “el chico de Benidorm”. Lifschitz-tarjeta

El asunto del vídeo es entendido como un apriete y no constituirá un impedimento hasta la llegada de los Kirchner al poder y el actuar de Cristina Kirchner que será, como lo veremos, el misil más decisorio para hundir la causa.

CARAPINTADAS

La protección de Telleldín se blinda. El esquema terrorista y el infamante abolengo de Telleldín están entrelazados. Hay vínculos objetivos que emergieron a lo largo de la investigación de Galeano y de los fiscales entre Telleldín hijo y varios carapintadas. Mullen dice: “estuvimos investigando muchísimo los carapintadas”. No faltan razones para ello.  Entre los contactos del padre figuran variosmiembros de las dos brigadas bonaerenses, de la Side y carapintadas. Telleldín mismo tiene contactos fluidos con varios de estos últimos. Uno de ellos es el torturador Carlos “el Indio” Castillo. El Indio era un subcontratante estrella de Alejandro Brousson (Sala Patria). Fuentes dicen que es su protegido. Cuando le reportaban un problema con el “Indio”, Brousson contestaba “al Indio no se toca”. El indio, como Brousson, es un ex militante del grupo extremista de derecha Concentración Nacional Universitaria” (CNU).  Compartían una amistad con Rodolfo Galimberti. El Indio estuvo implicado con Telleldín padre en varios secuestros extorsivos y asesinatos,  como el de un dirigente del gremio de trabajadores del Hipódromo de la Plata, en 1976. Fue carapintada y hombre de confianza de Aldo Rico, con el cual tendría un diferendo cuando se disolviera el Modin. Se movía en la zona de Tigre, donde no le faltaba apoyo político gracias a la familia feudal peronista, que si no nos equivocamos sigue siendo la misma. Otro contacto de los Telleldín padre e hijo es el imam de la mezquita de Cañuelas. Él, un oficial de policía, era también amante de la hermana de Ribelli. Como dice el fiscal Mullen, en la causa todo son casualidades.

Una de esas casualidades es la aparición muy en filigrana de Alejandro Jorge Sucksdorf. Sucksforf es un ex militar, separado de la fuerza por su pasado de carapintada. Entro en el ejército en la división de Prensa y Difusión y durante la última dictadura integró el Batallón de Inteligencia 601, como muchos otros personajes de esta tragedia. Conoció personalmente a Raúl Pedro Telleldín. Comparte un denominador común con Ribelli, Telleldín y varios carapintadas, que es Paraguay, donde realiza frecuentes viajes  como también lo hace el “Indio” Castillo, quien tenía una causa por narcotráfico, robo de combustible y contrabando de armas en ese país antes de ser arrestado en Argentina en relación a su pasado durante la dictadura. Algunos tienen que ser condenados, de en cuando en cuando. Sucksdorf, como el Indio, frecuenta en el país del norte el ambiente libanés, tanto que se lo vincula a siete libaneses apresados en 1995 por hechos de narcotráfico. Para el gran público era desconocido hasta poco después del atentado a la Embajada de Israel. Sucksdorf se hace conocer cuando su esposa, Andrea Silvia Ramis, lo denuncia después de una golpiza. Y en la misma ocasión cuenta que su marido almacena armamentos y explosivos en la casa que tienen en Tigre y en el campo de entrenamiento de la Isla Arroyo Antequera, del Delta del Paraná, un oasis de gente de su calidad que se encuentran allí para experimentar explosivos y otros juguetes, los cuales funcionan mejor que aquellos vendidos en contrabando a Croacia.  En aquel momento, además de la codicia y del instinto criminal, Sucksdorf está animado de lo más parecido a un buen sentimiento. Quiere reunir los fondos para fomentar la evasión de la prisión de Campo de Mayo de su jefe Mohamed Alí Seineldín, el responsable de la asonada de 1990 que se tradujo en 13 muertos. La esposa de Sucksdorf declaró que su marido había entregado 20 panes de trotyl a Andres Pirossi, el secretario de Seineldin, para ser utilizados en la voladura de la Embajada de Israel, por lo cual el entonces procurador Fappiano, a cargo de la investigación de la causa Embajada de Israel, decide proceder al allanamiento del domicilio de Sucksdorf. En el informe de la comisión bicameral de seguimiento de los atentados de la Embajada de Israel y Amia se puede leer: “ En lo que respecta al trotyl específicamente y luego de efectuados los análisis y estudios correspondientes y realizada una comparación con los vestigios de este explosivo hallados sobre las piezas de la camioneta Ford-100 [el coche lapa] que fuera utilizada en el atentado perpetrado contra la Embajada de Israel, se pudo establecer que si bien se trata del mismo género que el de uno de los explosivos utilizados en aquella oportunidad no puede determinarse si corresponde a la misma partida de fabricación”. Siendo una Embajada, en 1992 el caso queda en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), que deja las cosas en el mismo estado. Aun frente a tan contundente información.

Sucksdorf es arrestado por acopio de armas de guerra. Cuando Galeano hace allanar los domicilios de los carapintadas en la causa Amia, dentro del impresionante arsenal que se descubre se encuentran 60 panes de trotyl y dicen los miembros de la comisión de seguimiento: “Para comprender la importancia de la cantidad y calidad del material secuestrado basta tener en cuenta que la cantidad de explosivos incautados es similar a la que se habría utilizado en el atentado a la Embajada de Israel en el año de 1992“. Se puede conjeturar sin riesgo de equivocarse que si se hubiera tomado con más seriedad el factor Sucksdorf- Seineldín, se podría haber evitado el atentado a la Amia. Sucksdorf compartía con Telleldin el mismo abogado, Víctor Stinfale.

Sucksdorf-firma

 Firma de Sucksdorf con la doble SS rúnica de los Schutzstaffel nazi.

DEL TIGRE AL ONCE

Se sabe que el rodado es acondicionado con los explosivos, lo más probablemente, por los protagonistas del legajo “armas”, o sea los carapintadas. También es transformado. Intervienen en la transformación una serie de delincuentes que trabajan en desarmaderos relacionados a personal de la policía bonaerense. Entre otros el oficial Guillermo Godoy. Todos son conocidos de Telleldin y tienen una relación casi de subalternos con este y su mujer Ana María Boragni, la cual en ese momento causa cierta sensación con su rubio teñido al estilo mujer de Maradona.Entre ellos se encuentran Guillermo Cotoras (Sociedad La Camionera), el mecánico Antonio Avelino Agüero, Ariel Nietzcaner. Este último está relacionado por un parentesco político a un amigo de Telleldin, un tal Daniel Alberto Marcattini del cual durante su detención Nietzcaner dirá que es obsesivamente antisemita y que alardea de haber hecho desaparecer gente en Córdoba, donde, siempre según dichos de Marcattini reportados por Nietzcaner, habría trabajado con Telleldin padre. Humberto Pérez, un personaje muy cercano a Telleldin, omnipresente, Eric Deprez, el “francés. Hay varios entrecruzamientos en el expediente entre estos y los carapintadas.
Se llega a los carapintadas a través de un testigo de identidad encubierta que conduce a un templo umbanda, en la localidad de Paso del Rey, conurbano oeste de la Provincia de Buenos Aires, donde se inicia el legajo armas. Esa conexión vende armas de alto poder de fuego y explosivos. El 4 de Noviembre de 1995 se lleva a cabo una operación de compra controlada de armas, la cual deriva en el arresto de varios miembros del Batallón 601. La conexión con los carapintadas se hace primero a través de Ricardo Villarino y Ángel Lovera, el cual deriva hacia Juan Carlos Coppe. A través de escuchas telefónicas se llega al diputado del Modin Emilio Morello, y ya delante de su puerta el juez delega un secretario para dar por finalizado el procedimiento debido a la inmunidad por su condición de diputado, lo cual conducirá a otro foco de división entre el fiscal Mullen y Galeano. Para el fiscal, en ese momento lo más importante es saber qué hay puertas adentro. Galeano en ese momento ya está muy sensibilizado. Le han arrojado a sus pies el falso testigo Solari, el proxeneta de la Side, Carlos Lifschitz que organiza el robo del vídeo y el chantaje subsecuente, ha superado los misiles Castañeda, Verón, Calabró, sin hablar de un sinnúmero de pistas falsas, no sin daños irreversibles para la causa, y cuando llega la conexión carapintada desconfía de todo el mundo. Más cuando se entera que el testigo encubierto, Mónica Cañete,  tiene lazos de parentesco lejano con Ribelli, una suerte de madama.

No es de extrañar que se conozcan, ya que es un todo operacional y uno solo es traicionado por lo suyos, pero para Galeano es la señal que le están dando gato por liebre, entregándole una pista alternativa con el fin de proteger la conexión policía bonaerense. Por otra parte, el policía Miguel Ángel Salguero, a cargo de la conexión “Armas”, tuvo trato con Ribelli y eso lo hace sujeto a caución de todos, inclusive del senador Carlos Soria del PJ , mucho tiempo presidente de la comisión bicameral del seguimiento de la investigación de los dos atentados, que hace pública su desconfianza hacia Salguero por su relación con Ribelli, su presunta voluntad a acceder rápidamente hacia una pista carapintada y desviar el foco de la policía bonaerense. La historia parece haber sido injusta con ese oficial; hizo un trabajo importante que seguramente merecería ser redescubierto. Se desconfía porque se percibe las conexiones como una u otra. Una en contra de la otra, cuando en realidad es un todo operacional. Criminales se juntaron con un objetivo que es tener acceso a una recompensa en efectivo inmediata a la realización del atentado y, en un segundo tiempo, convertirse en operadores transnacionales del gigantesco mercado de drogas. La voladura de la Amia sería, según un experto en narcotráfico[2], el derecho de piso por pagar. Cuando son arrestados los militares en Campo de Mayo, se ve en una foto a Ribelli participando de la operación con Galeano, foto que dio mucho que hablar. Esa foto es un signo mafioso de la protección que Ribelli, que no ha sido aún arrestado, lo será el 12 de Julio de 1995, estaba todavía en grado de proveer a la otra columna operativa terrorista.

Además de las intercepciones telefónicas, de las armas encontradas, de los escritos, de lo que se sabe de la anterioridad de una más que posible participación en el atentado de la embajada queda un hecho irrefutable, insuperable, que es la cantidad de carapintadas que están presentes el día del atentado. Entre ellos, varios miembros del partido filo nazi Modin, como el diputado Emilio Morello. Parece el Teatro Colón. Todos tenían una razón para estar justo en la esquina de esa cuadra, eso sí a una distancia prudencial. Se encuentra presente José Orlando Pacifico, Jorge Rodríguez Day,  Miguel Calvete (hoy representante de los autoservicios chinos). Stiusso es el primero en llegar, dice la leyenda. No se sabe cuán rápido tardo en hacerlo. Malas lenguas dicen que estuvo allí casi instantáneamente. Todos, menos el jefe del sector 85, a quien no se le preguntó, alegaron motivos que no pudieron ser demostrados, como una conversación a propósito de la creación de una ONG para niños, Niños del Sur, o la compra de un BMW por parte de Calvete, cuyo vendedor se encontraría justamente en la cuadra de Pasteur donde ocurrió el atentado. La investigación demostrará que tal vendedor de tal vehículo no existe. Pacifico maneja una camioneta disfrazada de ambulancia, la cual sirvió para trasladar, de esos hay filmaciones, un herido que nunca se encontró no obstante las búsquedas en los nosocomios. Ese herido podría ser el conductor del vehículo que tuvo tiempo de huir después de la puesta en marcha del detonador. Los hechos pueden ser enormes, el escepticismo es más fuerte. No obstante, Galeano dispone del procesamiento de 11 carapintadas, entre los cuales se encuentran Juan Carlos Coppe, Ricardo Villarino, Raúl Eduardo Salomone, Luis Gilberto Rodríguez, Luis Alberto Ferreyra y Carlos Manuel Britez, por el delito de acopio de armas de guerra.

El eslabón perdido de la investigación es quién maneja el coche que ha sido acondicionado, desde el Tigre hasta su último destino que es la masacre de la Amia. Se pierde el rastro de la camioneta durante ocho días. Es durante ese periodo que el coche es cargado del explosivo. Son muchos los motivos de pensar que la Trafic no se desvincula nunca totalmente de Telleldin.

Ese tramo de la causa ha sido muy investigado pero lamentablemente lo ha sido por un oficial que presentaba una seria arista de conflicto de interés, no sólo por su también relación con Ribelli, sino porque objetivamente obró en hacer desaparecer todas las pruebas de ese tramo, Antonio Calabró. Como mínimo no hizo nada. Lo que se puede deducir, partiendo de la idea que un delincuente uniformado de la policía puede ser valiente a la hora de abatir un librero en grupo y bajo el efecto de la cocaína, pero no necesariamente para conducir un coche cargado de 300 kg de amonidal, lo más lógico seria que lo haga o uno de los militares de la conexión “armas” que aun si son militares de opereta están más formados para ello, o alguien de la Side. Se sabe que el coche fue estacionado en un parking Jet Park, a unas cuadras de la Amia, aparentemente por alguien relacionado al Modin y a la Side, alguien que dejo su DNI, esa persona seria Mario Lorenz, o por lo menos identifica a Mario Lorenz como el conductor del vehículo. El domicilio de Lorenz, un fotógrafo que trabajaba para la SIDE, estuvo a punto de ser allanado y no lo fue y eso figura como el hecho número 15 de la lista de las irregularidades fijadas como tales por “La Denuncia” anteriormente referida.  Lo que es seguro es que si las pruebas desaparecieron, los que saben, ellos viven y prosperan en la provincia de Buenos Aires. Bastaría con saber preguntarles de buenas maneras.

CRISTINA KIRCHNER EL MISIL DEFINITORIO DE LA CAUSA AMIA

Durante los primeros años, como miembro de la comisión bicameral de seguimiento, la diputada es un miembro poco activo. En el primer informe de 1996, la entonces diputada de Santa Cruz dice cosas loables y sensatas: ”Es mi deseo abordar el análisis de los atentados a la embajada de Israel y  de la sede de la Amia, desde una óptica más general, vinculada con la situación institucional e histórica en la que se produjeron. Al respecto, existen desde mi punto de vista, dos cuestiones fundamentales, que están íntima y directamente relacionadas: el funcionamiento de los organismos de seguridad y de inteligencia en la República Argentina y la impunidad. “ “No podemos ignorar que en estos hechos, están involucrados miembros de las fuerzas de seguridad. Me refiero a las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia que en el país sirvieron durante décadas a la doctrina de la seguridad nacional. Pues habían sido creados, ideados, imaginados y programados para controlar a la sociedad civil, guiados por el concepto de estado absoluto, que presuponía que solo desde allí podían provenir los daños. “Lo cierto es que esos policías, que participaron en la consumación de un atentado, provienen de una policía que sirvió a la represión más feroz que se recuerda en la historia argentina. No han nacido de un repollo; son hijos de la impunidad”. No se puede no estar de acuerdo con lo que declara en 1996. En ese momentos la senadora es incluso más dura que Galeano. No puede ser más clara. Los policías “participaron en la consumación del atentado.” O sea son terroristas.

Es simplemente notorio que está hablando de gente de la misma familia política y filosófica que ella y su marido, ya que 100% de los miembros de la policía, de la SIDE, Telleldín hijo y padre, y todos los actuantes del esquema terrorista, especialmente los carapintadas, se declaran peronistas y rosistas[3], inclusive o tal vez sobre todo, aquellos que tuvieron un rol en la represión durante la última dictadura. En ese momento, la diputada está de acuerdo con los otros miembros de la comisión en la evaluación del trabajo de Galeano y los fiscales Mullen y Barbaccia. Comparando con las deficiencias del Procurador General de la Nación en la investigación del atentado a la embajada de Israel se ponen de acuerdo en que “Si comparamos eso con la investigación a la AMIA, a cargo del juez federal Doctor Juan José Galeano, creo que es el día y la noche. Y así como señalamos las falencias iniciales que tuvo el citado juez, también marcamos las cuestiones positivas.”

Hay un punto de inflexión que es la llegada al poder de Néstor Kirchner. No se sabe si la leyenda según la cual Stiusso le trae al entonces presidente las carpetas de todos los miembros del gabinete, menos las de su esposa y la de él, tiene algo que ver en ello. De hecho tal vez no haya habido en la historia Argentina personajes que porten el peso de un pasado tan comprometedor, sumando los casos de enriquecimiento ilícito en Santa Cruz y su comportamiento durante la dictadura; pero el mismo Stiusso se convierte en  “asesor” de Cristina Kirchner y la bajada de línea es demoler a Galeano, Mullen, Barbaccia, los abogados de la causa, Marta Nercellas y Luis Dobniewski, y arrasar con todo. No reproducimos aquí las “camas”[4] que se le hicieron a los unos y los otros, porque sería participar del sistema de desacreditación de los únicos que aportaron a la verdad. No hay más pista local. No hay más de esos policías que la entonces diputada denunciaba en la comisión bicameral. Tanto es así que cuando la causa es elevada a juicio en el tribunal oral en lo criminal N 3º, Cristina pide declarar como testigo. Su testimonio es muy confuso, primero no se acuerda de cuándo se conformó la comisión de seguimiento de la cual formó parte. No se acuerda de aspectos fundamentales como de la sesión en la cual se discutió el robo del vídeo con Telleldín, en cambio sí se acuerda de los aspectos que pueden minimizar la responsabilidad de los policías bonaerenses. No se acuerda que se haya hablado del pago que recibió Ribelli. Momento crucial de la investigación, que es discutido en la comisión bicameral el 20 de Noviembre de 1998 cuando brinda declaración testimonial ante la comisión bicameral la escribana Juana María Vaquer Garmendia, ante quien pasó la escritura de los 2.500.000 dólares recibidos por Juan José Ribelli a poco días de haberse cometido el atentado. Escritura que es referida como una donación del padre de Ribelli, un hombre que vive en un rancho que es poco más que una choza en la ciudad de Lobos, provincia de Buenos Aires. El patrimonio de Ribelli será abundantemente discutido dentro de esa comisión y de eso dejan constancia los informes anuales de dicha comisión [5].

Dice Cristina Fernández haber tenido una relación borrascosa con Galeano desde el principio y haber marcado su diferencia, lo cual no sólo no consta en los informes sino que, por lo contrario, numerosos son los testimonios que dicen que ella propuso que las dos causas, embajada y amia, le sean confiadas al mismo juez Galeano. Evidentemente la presidenta se está prestando a una maniobra de encubrimiento que será decisoria. Maniobra que si la Justicia no procesa, la historia lo deberá hacer.

Esa relación iniciada con un sector de la Side en 2003 se acaba con la firma del Memorandum of Understanding. Documento sobre el cual de nada sirve agarrase la cabeza con las manos y sondear a que interés sirve, que no sea la justicia, ya que desde el punto de vista del derecho es simplemente aberrante. La cuestión no es porqué. La cuestión es cuánto. La bajada de línea ahora sería simplemente abogar la responsabilidad del Estado, apuntando a la parte de la investigación que implica a Galeano y sus fiscales, con la ayuda de la asociación Memoria Activa, y recaudar del Estado las indemnizaciones. Asociación de víctimas ésta que quedará en la historia como aquélla que festejo la liberación de los policías bonaerenses, de Ribelli mismo, al cabo del juicio oral, en los pasillos de del tribunal federal.

CONCLUSIONES

El caso Amia resume todos los disfuncionamientos de forma y de fondo del Estado argentino. En  él se revela la matriz criminológica del país, su profunda corrupción moral, la cual trasude del espeso maquillaje de meretriz, una capa de mojigatería, otra de nacionalismo de nuevo converso y otra de peronismo, que es una redundancia con lo que precede. La conexión argentina es una célula con niveles de especialización distintos. Debido a diferencias operacionales y la rápida identificación de la Trafic, el factor desestimado por los terroristas en la planificación, los protagonistas velaron cada uno por limitar su proprio riesgo, acusando a la otra facción. Los servicios de inteligencia por su parte se encontraron en un conflicto de lealtad, cada uno defendiendo su protegido. Sala Patria, debido a las afinidades militares, el antisemitismo y las conexiones de Brousson con los carapintas se volcó en la defensa de esta última conexión, tendiendo a subrayar la responsabilidad de la policía bonaerense y haciendo lo posible para traer a colación la pista iraní.  El sector 85 hizo lo posible, más a partir del advenimiento de Néstor Kirchner, para desbaratar el naipe Telleldin, es decir la conexión que podía llegar a Ribelli and Co. Apeló a la teoría del volquete y cuando no pudo más hizo lo mismo que Sala Patria, intento imponer, con más suerte, la pista iraní En el expediente está todo. Los investigadores hurgaron cada posible aspecto con determinación y merece ser descubierto o redescubierto por criminólogos y especialistas en terrorismo. Lo que de un punto de vista procesal no pueda ser utilizable en la situación actual de la justicia en Argentina lo es para la historia, de modo tal que intervenga esa justicia inmanente que es el oprobio y que éste tenga amplitud internacional. Cabe recordar que siempre hay esperanza porque el crimen que se llevó la vida de 85 inocentes, en nombre de la cobardía y de la codicia de un puñado de violentos, es imprescriptible. El expediente permite además entender toda una serie de crímenes que afectan dramáticamente la vida de los argentinos y tienen consecuencias mucho más allá de las fronteras en ámbitos como el narcotráfico, por ejemplo.

ABERTURA SOBRE LA PISTA INTERNACIONAL. PROXIMO INFORME DE RELACIONES INTERNACIONALES

Es indiscutible que la embajada de Irán en Argentina estaba por lo menos informada, debido a las relaciones del entorno de varios de los terroristas argentinos con Mohsen Rabbani desde 1983, de la presencia de los mismos a charlas con un contenido fuertemente antisemita que daba el clerigo de la embajada, que no era todavía diplomático el 18 de Julio de 1994. Sí lo seria pocos días después. De lo que se puede extraer  del expediente, se puede llegar a dos hipótesis igualmente válidas, porque no da para más: la Embajada sabía y dejó hacer o sabía e intentó evitarlo.  Entre esas variantes queda que hubo un aporte significativo de fondos de origen medioriental, con un pasaje muy importante por Paraguay. Ochos días antes del atentado, Ribelli viajó a ese país, aunque mostró fotos para justificar que fue un viaje de familia, y Telleldín hizo lo mismo el 26 de Julio. Los carapintadas iban y venían con mucha frecuencia y estaban conectados con lo peor del hampa paraguayo, entre otros varios libaneses.  Queda como un hecho fenomenológicamente incontestable que después del atentado a la Amia, Argentina se convirtió en un narco estado y que la fuente que decía que este crimen fue el derecho de piso para entrar en negocios delincuenciales mucho más importantes parece tener razón. Cuando hace dos años le dijeron a esta periodista que entre los hermanos Julia, los 900 kilos de cocaína partidos de una base militar de Morón hacia España y la Amia había un vínculo, no se lo podía creer. Ahora parece tomar forma. Ése será el objeto del próximo informe de Relaciones Internacionales sobre el tema Amia: La dimensión internacional o quién y con qué se alimenta los perros malos desde los organismos de seguridad hasta la cúpula del poder?

Publicado en Relaciones Internacionales

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[1]
[1] En Argentina se refiere a los mediorientales, especialmente los  inmigrantes siro libaneses y árabes en general, así como a sus descendientes, como “turcos”.
[2][2] No es estrictamente off pero reservamos su identidad porque es un aspecto sobre el cual se habrá de volver en la segunda fase del informe de la pista internacional.
[3] Juan Manuel Rosas, tirano excéntrico que gobernó las Provincias del Rio de la Plata de 1835 a 1852, antes que Argentina sea una república constituida, con el cual se identifica el peronismo ortodoxo y el yrigoyenismo (Hipólito Yrigoyen fundador del partido radical). La presidenta actual lo califica de entrañable argentino y ocupa un lugar especial en su panteón de “próceres”. Los grupos más derechistas siempre lo han revindicado como suyo.
[4] Nombre que se le da en Argentina a las trampas que se crea en torno de una persona para hacerla entrar en un esquema infamante para ella misma.
[5] Pagina 120, 121, 122 del informe de la Comisión de Seguimiento de los atentados de la Embajada y de la Amia-Daia, de 1999.


Categorías:AMIA, Argentina, Corrupción, Irán, Medio Oriente

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5 respuestas

  1. excelente informe!!

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  2. INFORME IMPACTANTE. CÓMO SE PUEDE REACTIVAR -CON LO AFIRMADO- LA INVESTIGACIÓN?

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  3. Reblogged this on Relaciones Internacionales and commented:

    Añade tus pensamientos aquí… (opcional)

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  4. Debería ser leído en Cadena Nacional , IMPRESIONANTE

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