22ª conferencia regional africana de Interpol

Mientras se conmemoraba el trágico 11 de septiembre 2001, el terrorismo sigue haciendo estragos. La región más afectada es África del Norte, y no es una casualidad que la 22ª conferencia regional africana de Interpol tenga lugar en la ciudad de Orán, Argelia. Desde el 10 de septiembre hasta mañana 12 de septiembre se reúnen 170 oficiales de policía de unos 40 países, magistrados, especialistas en lucha contra el terrorismo y el crimen organizado transnacional, representantes de asociaciones de víctimas y organizaciones no gubernamentales varias. La última organización de Interpol en ese país tuvo lugar en 1997, cuando Argelia se encontraba a fuego y sangre bajo la acción violenta del Grupo Islámico Armado (GIA) y de su vidriera política el Frente Islámico de Salvación  (FIS), cuyo rol consistía en gestionar aquella parte de los reclamos entendibles por la comunidad internacional (reclamo de más democracia) por un lado, y por otra, la parte más espuria (compra de armas, negociación de rescate de los rehenes occidentales, entre otros).  El GIA y el FIS terminarían por entrar en guerra y sobre sus cenizas se crearía el AIS (Ejercito Islámico de Salvación) y, finalmente en 1998, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). Parte del cual se aliaría a Al Qaeda en 2002, tras una amnistía general, negociada con Bouteflika en 1999 , considerada para muchos como un precedente de impunidad intolerable. El hecho es que Argelia hoy enfrenta de nuevo, así como Túnez, Libia, Mauritania, Mali, gran parte de África, una resaca de violencia djihadista que pone en peligro no sólo la vida de miles de personas, sino sus fundaciones institucionales, su, a veces, frágil equilibrio étnico, su economía emergente.

Las tropas interafricanas lograron echar de Mali con el apoyo del contingente francés a Al Qaeda Magreb, nebulosa criminal cada vez más debilitada, así como en el resto del mundo, a medida que fueron liquidados sus máximos jefes, Osama Bin Laden, Anwar al-Awlaki, Abdejhamdid Abou Zeid. Pero con ellos no desaparece el djihadismo bandolero y letal. Las mismas tropas que estuvieron causando estragos en Mali, antes en Afganistán, ahora nomadizan en la zona Saheliana. Desprendimiento de Al Qaeda Magreb, un grupo se bautizó “Brigada de los Signatarios por la Sangre”, dirigido por Mokhtar Benmokhtar. Nombre pavoroso y ésa es precisamente su razón de ser, su marketing. El djihadismo combatiente es una forma de gran bandidismo transnacional revestido de ideología islamista y tiene que atemorizar para lograr su objetivo mafioso, que es alcanzar volúmenes financieros muy importantes de rescate, el control de todos los tráficos, de los campos de opio y de lo que comporte como recursos delictivos la región donde ejercen su nefandad. Así lo hicieron siempre y por todas partes, en el Cáucaso, en los Balcanes, en Mali, en Afganistán, y así lo hicieron y lo harán los que están ahora combatiendo en Siria en los rangos de Al Nusra o uno de los tantos grupos de la metástasis terrorista. Razón de sobra para evaluar a su justo valor la advertencia contenida en el informe de la comisión de inspectores de Naciones Unidas divulgado este miércoles. Como lo decía R.I. en una nota anterior (“Intervenir en Siria, una pésima idea”) la insurrección secular del Ejercito de Liberación Siria ya casi no existe. En su lugar los observadores reportan la emergencia de grupos cada vez más radicalizados e internacionales.

Hace tres días, el presidente de Argelia,  Abdelazis Bouteflika, tuvo que pedir a su ministro de Defensa desplegar tres mil hombres a las fronteras con Túnez y Libia para contener la expansión de la Brigada de Mokhtar. Es la segunda vez en una semana. En mayo pasado, siempre en la región transaheliana, el mismo grupo cometió un doble atentado que provocó la muerte de veinte civiles. La semana pasada el grupo vivió un revés importante cuando asaltando el complejo gasífero natural de In Amenas fue desbandado. Registró pérdidas importantes pero sobre todo no logró imponer el terror y los dividendos que por ese camino pretende conseguir. Argelia frente al terrorismo aplica una política espartana “a la rusa”: el ataque frontal y la política de no negociación más intransigente, allí donde otros países dicen no negociar pero terminan por inclinarse por no poder resistir al costo político que supone pérdida de vidas inocentes.

Las conferencias de Interpol sirven para identificar retos, nuevas formas de criminalidad y desarrollar políticas regionales de lucha contra esos flagelos. Según el secretario de la organización multilateral Ronald K. Noble, “la cooperación internacional de agencias de implementación de la ley puede llegar a cabo el mayor de los retos: sea éste tráfico de personas, de pequeñas armas, de drogas, de medicamentos falsos, o el combate contra la piratería marina. El rol de la cooperación internacional es fundamental para desterrar el crimen.



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