Siria, “algo” pasó

 

543987-000_nic6241796[1]Teresita Dussart (C)

Angela Kane, la alta representante de Naciones Unidas para Asuntos de desarme logró obtener del gobierno sirio la implementación inmediata de una investigación sobre los acontecimientos del miércoles pasado en la periferia de Damasco y esta mañana se desplegó la primera comitiva hacia Muadhamiya, al oeste de Damasco.  El 21 de agosto llegaron a distintas agencias, entre otras la AFP y DPA, imágenes de víctimas de lo que podría ser según los rebeldes un ataque químico con agentes neurotóxicos perpetrado por el régimen sirio, a pocos kilómetros de la capital.  Las víctimas mortales, entre 140 y 1.300 según la fuentes, todas éstas de cuño rebelde, habrían sido atacadas por gas neurotóxico no identificado. Las imágenes muestran muchos cuerpos alineados, entre ellos varios niños. Los sobrevivientes presentan síntomas correspondientes a aquellos que proceden de un ataque químico: dificultades respiratorias, abundante mucosidad nasal y lagrimal, espasmos musculares, convulsiones y contracción exagerada de las pupilas.

La investigación fue decisiva en un lapso relativamente corto, teniendo en cuenta que la americana Angela Kane llegó a Damasco el 24 para establecer las modalidades de la investigación y el 25 fue consentida con la garantía, por lo menos de forma, que el equipo del sueco Aake Sellström podría trabajar sin condicionamientos ni rémoras de ninguna índole. No obstante, esta mañana uno de los vehículos de la ONU fue atacado por francotiradores, pero eso no interrumpió la labor de la comitiva.  William Hague, el canciller del Reino Unido, expresó sus dudas, afirmando que en cinco días las pruebas podían haber sido borradas.  Técnicamente no debería ser así. Stefan Mogl, director de la unidad química de la empresa suiza Laboratoire Spiez, referencia internacional para la identificación de los agentes de guerra química, afirmó en declaraciones a la revista Spiegel, que la presencia en el suelo de agente químicos dura mucho más que cinco días y, por otra parte, están las presuntas víctimas  y sus secuelas. La investigacion de las Naciones Unidas es la mejor garantia de alcanzar la verdad. “Un gran número de personas en Ghouta murió, médicos y testigos describen horribles detalles que dan a pensar que hubo un ataque con armas químicas, y el gobierno pretende que no hicieron eso. La única manera de saber qué pasó en Ghoutta es dejar entrar a los investigadores de Naciones Unidas“ dice Joe Stork, director para Medio Oriente de Human Right Watch (HRW) en un comunicado del 21 de agosto.

Hasta ahora todas las organizaciones que se han expresado proveen información tercerizada. La ONG francesa, Médecins Sans Frontières (MSF) incluida. En declaraciones a Relaciones Internaciones (RI) esta mañana, Jean Pierre Fardeau, director del despacho de Paris de HRW, provee una actualización sobre el estado de conocimiento a distancia del hecho por parte de la ONG : ” Desde que hemos publicado nuestro comunicado (21 de Agosto), hemos hablado con otros habitantes que han verificado las afirmaciones ya realizadas por médicos y otros habitantes en relación a la naturaleza de los síntomas y de los tratamientos recibidos por las personas afectadas por esos ataques. Todos los testimonios recibidos son coherentes con la consecuencia de la utilización de un agente neurotóxico. Pero no podemos confirmar que esas armas fueron utilizadas. El equipo de las Naciones Unidas es ahora el mejor posicionado en el terreno para llevar a cabo los peritajes de medicina forense para explicar la causa de las muertes y de las heridas. Podemos confirmar en cambio que centenares de personas murieron“. En relación a las imágenes difundidas a través de la web, Fardeau reconoce ante RI “no podemos confirmar la veracidad de los vídeos que circulan por la web. No tenemos los medios para hacerlo“.

“El equipo de las Naciones Unidas es ahora el mejor posicionado en el terreno para llevar a cabo los peritajes de medicina forense para explicar la causa de las muertes y de las heridas. Podemos confirmar en cambio que centenares de personas murieron.”

Desde el principio de esta guerra se estableció una guerra concomitante que es el la de las imágenes. “Le poids des mots le choc des images”. El célebre eslogan de Paris Match, semanario que en su auge supo tener reporteros de guerra de la envergadura de Robert Capa, tiene en Siria su concreción más suasoria en este principio de siglo. Claro, ya no son aquellas fotografías que sin inhibiciones estetizaban la muerte, la miseria y la violencia, sino vídeos amateurs producidos por los Smartphone. Y eso es así por la dificultad de los reporteros extranjeros a moverse dentro de la zona de conflicto sin ser apadrinados por una de las partes del conflicto, o matados, aunque sea como parte de la propaganda. Como ocurrió con la periodista japonesa Mika Yamamoto, de Japan Press Agency, asesinada justamente el 21 de agosto del año pasado por una de las tantas estructuras metastásicas del djihadismo salafista.

Para colmo, la división, posterior multiplicación y recombinación, de la células djihadistas opaca el estudio del terreno previo al trabajo del reportero. Al Nusra y lo que queda del Ejército de Liberación Sirio son las dos únicas organizaciones sobre las cuales se puede poner un nombre sin equivocarse sobre el quién es quién. En ausencia de reporteros de terreno o corresponsales residentes, algunas agencias como la AFP formaron locales, como la gente de Shaam News, los cuales practican periodismo militante en todas las posibles acepciones de la palabra, del lado de la insurgencia.

El hecho que la información haya sido de corte propagandista todo lo largo de esta guerra de casi tres años, no implica descartar que los hechos sean tales como lo describen los rebeldes. Si así fueran, marcarían un hito frente a un crimen contra la humanidad sin retorno posible. Uno de los indicios de que “algo pasó” efectivamente, sería la inhabitual declaración positivista del flamante presidente de Irán, Hassan Ruhani, a la agencia de prensa Iranian Student News Agency (ISNA):  “En Siria muchos inocentes han sido heridos y han sufrido el martirio por agentes químicos, y es lamentablemente (…). La república islámica aconseja a la comunidad internacional ejercer toda su potencia para impedir la utilización de esas armas a donde sea en el mundo“. O sea el gobierno Iraní, en la voz de su presidente, reconoce que “algo pasó”. Aunque ese “algo” se encuentra inmediatamente delineado por el portavoz de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi, el cual identifica los grupos terroristas takfiri ( insurgentes suníes) como autores del ataque.  Para Irán, si Siria cruzó la famosa línea roja delimitada por el presidente Barack Obama, le complicaría mucho su rol en la región. Si el culpable es Bashar el Assad, sostenerlo empezaría a ser políticamente desgastante para la república islámica y crearía un antagonismo critico entre los halcones dispuestos a sostener al hijo de Hafez Al Assad incondicionalmente y los reformistas que parecen imponerle un límite a su respaldo.  Si el culpable es una de las facciones insurgentes, hipótesis férreamente sostenida por el gobierno sirio, significaría que la situación escapa al control de Bashar al Assad y que los insurgentes pueden proveerse de armas no convencionales. En los dos casos es una muy mala noticia, y que lo sea para los iraníes es lo de menos. Lo es para el mundo entero.

Lo que menos ayuda son los profetas y sus verdades leoninas. El ministro de asuntos exteriores francés, Laurent Fabius, y el canciller William Hague se declaran listos para intervenir inclusive sin consenso de Naciones Unidas. Si se cometió un crimen, la condena será cuanto más fuerte ya que se habrá actuado con circunspección en los comentarios.  Los gobiernos respaldarían mejor la causa de las víctimas optando por una actitud más prudente frente a una investigación cuyos resultados están por delante. Entre las hipótesis alternativas al ataque directo, HRW evoca la existencia de una planta industrial, Tameco Pharmaceuticals, a dos kilómetros del lugar donde habría sucedido el ataque químico. Todo es posible. Se vieron djihadista atacando hospitales a los largo de estos dos años, y nada es de descartar. La investigación se debe realizar sin prejuicio de lo que se pueda encontrar. La región de Ghouta representan una densidad poblacional muy alta, con cerca de un millón de habitantes. Si hubo un ataque o un accidente químico deberían ser muchas las víctimas.

Desde el inicio del conflicto se registraban en marzo pasado 100.000 muertes en Siria segun Naciones Unidas. En este caso el mundo entero mira perplejo. Entre el síndrome de Srebrenica, en referencia a aquel crimen de guerra cometido en tiempos modernos, ante la indiferencia de la comunidad que condena pero no actúa, mientras se tantea a saber cuál de los males es peor, existe otra alternativa que es la que todos desean. Que esto sea otro Timișoara.  Aquel supuesto estrago que conmovió al mundo entero en 1989, cuando se anunció que habían muerto miles de insurgentes en esa ciudad de la parte húngara de Rumania, durante los eventos posteriores a la caída del tirano  Mihail Ceauçescu, antes de que se revelara como una burda manipulación.



Categorías:Medio Oriente

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