IRÁN EXPLICADO PARA TONTOS

IRAN2 024Desde Teherán, Teresita Dussart (Copyright). All rights reserved.

La república islámica de Irán ya no soporta tener que cargar con el peso de la demonización. Pertenecer al eje del mal pudo parecer cool cuando las procacidades antisemitas y populistas de Ahmadinejad resumían todo el panel político, cultural, moral de Irán, y que siempre habíase de servir más sopa a quien no le gustara.  Pero a unos días de la asunción de un presidente que hace de la moderación y del repudio de los extremismos su eje de gobernación, trasude cuán perjudicial es en la vida de todos los días llevar ese karma de país aparte.

Lo menos que se puede decir es que la república islámica desde el punto de vista de la propaganda no es un éxito. Su singular democracia con epíteto, difícil de entender desde un punto de vista occidental, no ha encontrado forma alguna de simpatía tanto en el mundo cristiano occidental como árabe o centro asiático. Detrás de las sonrisas de sus vecinos hay mucho recelo. Tal vez India, discretamente y no casualmente sea el país del que más paciencia y empatía pueda esperar.  Pero más allá de las declaraciones intempestivas que parecen haber quedado atrás con la placardización de Ahmadinejad, más después de la asunción de su sucesor Hassan Ruhani, un momento realmente humillante para el presidente saliente, el único aliado con el cual sueña Irán, ya sin disimulo, es Estados Unidos. El resto hace oficio de premio consuelo o de palanca para atraerse los favores del objeto de deseo inalcanzable. Durante su primera conferencia de prensa, los temas seleccionados por el flamante presidente, en el marco de una muy respetable señal de apertura, fueron las relaciones con Estados Unidos, Siria y la economía local. Aparte una agencia china y una rusa, la casi totalidad de la prensa autorizada a hacer preguntas fueron periodistas americanos. A tal punto que desató una fuerte protesta por parte de los periodistas iraníes locales.

En un sentimiento creciente, la república Iraní acaba de tomar el pulso que un esfuerzo pedagógico se impone en lugar de la escalada de anatemas. No puede seguir en el lugar del malo por antonomasia. Entiende que la revolución de 1979 creó un paradigma que necesita ser explicado aunque sea un ejercicio muy difícil. La revolución de 1979 deja al mundo occidental en estado catatónico porque era la concretización de algo que se había visto venir por parte de la Hermandad Musulmana pero, no sólo no se dio donde se le esperaba, sino en lo que parecía ser un Jardín de Edén occidental. En esos años de guerra fría, la represión del Shah no tenía alcance posible en la opinión pública internacional.

Destronar al Shah necesitaba de un fuerte incentivo, que al no poder ser marxista, siendo el estado vecino Afganistán el mismo año ocupado por las tropas soviéticas, sería islamista. Rusia, una nación asiática, necesitaba de una idea occidental para emanciparse del Tsar. Esa idea fue el comunismo, que no emancipó sino que se asiatizó. Irán, una nación occidental apeló a  una idea si no asiática, por lo menos tribal para emanciparse del Shah. El resultado es historia. Fue una opción por ausencia de algo de mejor, que no parecía poder encontrar forma alguna de eco en una población, hasta 1979, islamizada muy superficialmente, pues todavía muy fuertemente impregnada de la herencia preislámica y de las tradiciones zoroastrianas, sobre todo en el ámbito rural. Y donde fue islamizada fue de un Islam ilustrado, el de los Safavidas, de sus poetas y científicos renacentistas, en todo alejados del obscurantismo khomeinista.  En los primeros años de la revolución, el velo islámico no era obligatorio y sería algo que se iría imponiendo en un espíritu de uniformización, al estilo soviético. Si algo de espantoso hay todavía hoy en la sociedad iraní, y probablemente sobrevivirá como parte del inconsciente colectivo es ese  no sé qué soviético, que el todo potente Ministerio de la Cultura y de Orientación Islámica, mejor conocido como el “Ershad”, cristaliza en su obsesión de control. En Irán fue transferido el flujo conspirativo de la primera guerra fría este-oeste que dividía el mundo en dos, para transformarse en uno mas unos pocos aliados circunstanciales, contra casi todos, además de un protocolo disuasivo nuclear más marketinero, que en realidad no debería causar tanto miedo.

Debido al tamaño del antagonismo percibido y sus subsecuentes amenazas, nada tiene que escapar al control del régimen. “Control” es la palabra clave del régimen. Especialmente si se trata de la presencia de occidentales en el territorio en nombre del viejo instinto conspirativo. Eso no es estrictamente el resultado de la revolución. La revolución sin la guerra Irán-Irak hubiese sido un estado transitivo. Esa guerra es el momento épico en el marco del cual se teje el traumatismo fuente de la teoría de la conspiración por parte iraní hacia el mundo entero y el subsecuente formateo de un mensaje de desafío. El 22 de setiembre de 1980, las tropas Iraquíes entran en la provincia iraní del Juzestán. En 1982 los iraníes han recuperado el territorio. El conflicto podía quedar allí pero el Gran Ayatollah Ruholla Khomeiny rechaza la tregua propuesta por Saddam Hussein. En aquel momento Hachemí Rafsandjani dirige el consejo de guerra en nombre del líder supremo. Muchos hoy todavía le reprochan el haber prolongado la guerra inútilmente. Esa guerra, conducida con la técnica de trinchera de la Primera Guerra Mundial y sus armas químicas, deja un saldo de un millón de muertos de ambos lados. Pero sobre todo asienta el culto del mártir muñido de sus llaves de plástico para acceder al Paraíso como en el tiempo de la secta del viejo de la montaña que no era todavía Khomeini, o de la secta de los Hassassin del siglo XI (cisma de la rama shii, hoy Ismaelitas), adoctrinados al asesinato y suicidio. Hay que ser europeo para entender fuera de Irán lo que representó como legado psicótico la guerra de 1982 a 1988, en el inconsciente colectivo ese traumatismo nacional y la deriva obscurantista que impuso a lo que había sido una revolución emancipadora. No hay quien dude que sin esa guerra prácticamente denegada, ignorada por el resto del mundo, una guerra casi privada, Irán no sería lo que es ahora. La guerra esclerosó el país en el culto del mártir y de allí el  latiguillo del sentimiento de ser víctimas de una “conjuración sionista” o del “imperio americano”, lo cual según el glosario iraní es poco menos que lo mismo. Una acusación falsa, ya que las tropas de Saddam Hussein estaban más bien equipadas por armas soviéticas, por lo menos hasta 1987 -después se inversó la relación de fuerzas-, mientras que las tropas de Khomeini llegaron a utilizar equipos israelíes y estadounidenses. En los primeros años de la guerra, Irán constituía el campo de profundidad estratégica para luchar contra la invasión soviética de Afganistán. Ya parece lejos el Irán-gate o Irán-contra. Sin embargo la administración Reagan le vendió armas a Irán no a Irak. Pero la psicosis generada por la guerra está ante todo al servicio de la propaganda, no de la historiografía.

Es doloroso ver un país con una historia de 8.000 años, la tierra donde se irguió Persépolis, faro de civilización, cuna de casi todas las lenguas del espacio Indo Europeo, tener como vocero improvisado al piquetero populista antisemita argentino Luis  d’Elia

La paranoia es una obsesión dinámica que genera reciprocidad y es un hecho que hay una fijación occidental en contra de Irán que hace que sea muy difícil poder hablar de ese país fuera de los estereotipos, y que los matices son descartados de oficio para quien no haya puesto pie en la república centro asiática.  Más cuando los que hablaron bien de Irán a lo largo de la década de Ahmadinejad, generalmente lo hicieron por las peores razones y nadie quisiera entrar a formar parte del mismo club. Aquéllos encontraron en Irán el estereotipo de la concretización de sus propias fobias y resentimientos.  Miembros de partidos neonazis negacionistas, corruptos populistas de América Latina, peronistas, chavistas, extremistas sovieto islamista, afro americanos neofascistas, y otros de índole variada y abigarrada encontraron en Irán el brazo de la venganza a su resentimiento contra el “Imperio” o el disfraz adecuado a su antisemitismo y otros odios no asumidos.  Es doloroso ver un país con una historia de 8.000 años, la tierra donde se irguió Persépolis, faro de civilización, cuna de casi todas las lenguas del espacio indo europeo,  tener como vocero improvisado al piquetero populista antisemita argentino Luis  d’Elia y a tantos otros impresentables.  La convergencia de semejantes personajes coligando su discurso de odio al amparo de una idea pervertida de Irán, hace olvidar que hay judíos en Persia desde tiempos bíblicos, desde la destrucción del primer templo, desde que Cirrus el Grande les ofreció refugio y ayudo a que sea reconstruido el Segundo Templo.  El judaísmo y el mundo persa son dos tangenciales que se cruzan en varias ocasiones.  Si el discurso contemporáneo es frecuentemente antisemita en el Irán post revolucionario, también se da esa curiosidad que es el único país fuera de Israel donde las sinagogas no necesitan ser valladas.  Hay comunidades religiosas más castigadas a lo largo de la historia iraní hasta nuestros días. Una de ellas es el Zoroastrismo, la más antigua religión persa, consubstancialmente persa, prácticamente liquidada por la islamización impuesta a punta de espada por hordas venidas de la península arábiga y, después de 1979, silenciada cuando no ninguneada por el guía supremo.

Obviamente la afinidad de esa red de impresentables hacia la republica de los mullah no es el fruto de una casualidad, sino de las relaciones con el mundo que Irán, por defecto o por designio propio, fue tejiendo estos últimos años, y de la personalidad de Mahmud Ahmadinejad, un d’Elia en versión iraní.  El populismo llama al populismo, de la misma manera que el populismo llega en períodos de fuerte desgaste institucional y popular y no es una casualidad que los malos de la película hayan, a lo largo de los ocho años de presidencia de Ahmadinejad, hecho de Teherán una Babilonia lumpen.

El encierro se lo impone tanto el que está adentro como el que está afuera, y sin duda son muchos los estados que no tienen interés en ver a Irán reencontrarse con su destino de potencia en un espacio lingüístico del cual es el líder natural; desde el punto de vista económico por sus reservas en gas y petróleo, y desde el punto de vista político por la presencia demográfica chiíta en Medio Oriente, con dos aliados fuertes, Siria e Irak vuelto en el regazo persa. Uno sumido en una guerra civil infernal, el otro recién salido del yugo de Saddam Hussein en una democracia todavía muy frágil, pero al fin aliados los dos de Irán. Aparte de esos dos países, todos los países de la región sacan una ventaja del estado de debilitamiento y de ostracismo de Irán. Para salir de esa encerrona, romper con el tropismo de un país encumbrando el eje del mal, percibido como una amenaza para la humanidad, cultivando él mismo el discurso que se espera que practique, se necesita en realidad poco. Ese poco Ruhani parece dispuesto a ofrecerlo, pero necesitara reciprocidad efectiva rápida. Cuando Irán ya no sea una teocracia será tremendamente nacionalista y un gran revival persa nadie volvió del futuro para contar si era una buena noticia o no.

 Cuando Irán ya no sea una teocracia será tremendamente nacionalista y una gran revival persa nadie volvió del futuro para contar si era una buena noticia o no.

En el pasado, Occidente no siempre supo tomar ventaja de las oportunidades que se crearon para entablar nuevas relaciones con Irán. Ése fue el caso con el presidente reformista Khatamy.  Esta vez la oportunidad no puede ser perdida.  Pero como Khatami fue tratado tan mal sino peor que Ahmadinejad, cabe interrogarse qué se asume por democracia. Eso se preguntaba el mediático Doctor Mohamed Marandi, en el marco de una mesa redonda organizada por el Instituto Político de Estudios Internacionales, el think thank de Ruhani. Y recuerda esa teoría de la paz que dice que los estados democráticos no atacan estados democráticos. El Doctor Marandi hace referencia a una teoría establecida por el filosofo Emanuel Kant en su opus “Paz Perpetua” y Alexandre de Tocqueville en su “Democracia en América”. Según esa teoría, las naciones democráticas tienden a no desempeñar acciones hostiles contra otras naciones identificadas como democráticas, ya sea porque ambas naciones deben responder a mecanismos de contrapoderes democráticos similares, ya sea porque al ser democráticas, son intrínsecamente más pacíficas y más razonables. Pero al no ser Irán reconocido como tal se encontraría permanentemente bajo la espada de Damocles del wilsonismo. Ese otro concepto en nombre del cual una nación democrática debe venir al socorro de una población oprimida y reclamando democracia.

Irán no es reconocida como nación plenamente democrática por las otras naciones democráticas y está bien así porque no lo es. Ése es un talón de Aquiles que no puede ser corregido exclusivamente por un esfuerzo de comunicación. Irán es fenomenológicamente una democracia delégativa imperfecta del estilo “mayoritarista.” Considera que obtener la mayoría en el marco de una elección es la única prueba de paternidad democrática fehaciente. Por el resto, en el día a día, el acceso a la información sigue controlado, aunque las posibilidades técnicas de soslayar los filtros están al alcance de todos. Hay restricciones importantes a las libertades civiles, un tema sobre el cual el actual presidente se ha comprometido a trabajar; existe libertad de culto pero con condicionamientos; la elección presidencial depende del beneplácito del Guía Supremo que puede vetar los candidatos así como lo puede hacer básicamente con toda la clase política. Desde una perspectiva Iraní contemporánea es totalmente injusto exigirle a Irán que mejore sus instituciones, cuando dentro de todo cumple con los requisitos mínimos, lo cual no es el caso de todas las petromonarquías de la región que no solo no organizan elecciones, se ríen de las libertades civiles y financian terrorismo internacional. Es parte de las contradicciones que Emanuel Kant no había contemplado. Democracias que se llevan de maravillas con sistema que no pretenden serlo ni mínimamente. De la misma manera que no fue contemplado que el wilsonismo exacerbado tanto por la administración Georges Bush Jr. como por la de Barack Obama y su ex secretaria de estado Hilary Clinton, se pararan a la frontera de Irán. Todas las primaveras árabes se beneficiaron de la empatía del congreso y del gobierno estadounidense cuando se trató de instaurar la Hermandad Musulmana en lugar de las dictaduras laicas, pero en Irán la insurrección democrática de 2009 aplastada con sangre,  no se benefició de los mismo favores que las “primaveras árabes” de 2011 y su líder, el candidato a la presidencia Mir Hussein Mousavi, se encuentra en arresto domiciliario desde ese 2011 para evitar un efecto replica, así como su esposa y sus dos hijas. La propia hija del ex presidente Rafsandjani, Faezeh Hachemí Rafsandjani, ferviente partidaria de Mousavi fue condenada por su protagonismo durante esa insurrección. Del 23 setiembre 2012 al 19 de Marzo de 2013 estuvo internada en la siniestra cárcel de Evin. Su hermano Mehdi se encuentra en exilio en Londres. Muchos fueron los hijos de aquella parte del establishment intelectual, mucha veces asociado al clero, a pagar el precio de una insurrección secular. Mohsen Rouholani lo pago con la vida. El joven era el hijo de Abdolhossein Rouholani, uno de los consejeros de Mohsen Rezai, (Secretario de la Asamblea de los Expertos, ex candidato presidencial durante la última contienda y incidentemente uno de los acusados por el juez argentino Rodolfo Canicoba Corral por su presunta participación en el atentado de la Amia.) Se le exige a Irán cosas que no se le exigen a las petromonarquías, y se le perdonan otras que no se las perdonan a las dictaduras laicas. No hay nada que entender, porque en la relación con Irán, Occidente mantiene un código conductual fundamentalmente irracional.

Irán no sólo es un caso aparte por lo que se exige de él, que no se exige del resto del mundo. Irán está acusado de estar comprometido con el terrorismo. La relación que Irán tiene con  grupos como el Hezbollah es tan compleja como el Hezbollah el mismo y ha sido evolutiva, siempre animada de la  voluntad de controlar su líder Hassan Nasrallah y nunca desprovista de amargas tiranteces. Pero dejando de lado esos matices, la relación es indenegable, tanto como lo es con el Hamas o el Djihad islámico. Tanto es así que los tres grupos fueron representados al más alto nivel el 4 de agosto, día de la asunción del presidente Hassan Ruhani. Ahora estos tres grupos autores de atentados terroristas tienen también una vidriera política y social. El Hezbollah es una impresionante maquinaria social en Líbano, a su vez que un partido extremadamente respetado por todos los libaneses, incluidos los cristianos, ya que en la acepción libanesa, el Hezbollah es ante todo un partido nacionalista y de resistencia, y el nacionalismo es parte del ADN de la revolución iraní. La dimensión religiosa shiíta pasa a un segundo plano. Si no se puede negar la lista de atentados de los 80 por parte del Hezbollah, la invención del atentado suicido y la toma de rehenes y asesinatos de periodistas, diplomáticos y civiles, no se pude asimilar ese tipo de terrorismo a los grupos salafistas, de rebeles sin causa, que matan a civiles en ciudades elegidas según las oportunidades logísticas, aparecidos con el hiperterrorismo suní de tipo Al Qaeda a fines de los 90. En Siria, palestinos se pelean por el control del campo de refugiado donde vivían 560.000 palestinos antes de la guerra civil contra djihadistas, entre otros de la nueva nebulosa Al Nusra. Los palestinos del Hamas o el Hezbollah no pueden compartir nada con ese tipo de terrorismo nacido del ocio, del fanatismo producto de crisis identitarias de las segundas generaciones de migrantes de los suburbios de Europa, o de la pura y simple deriva de grupos antes mafiosos, ahora religiosos, Por eso cuando Irán dice “no sostenemos el terrorismo”, dice no sostenemos a los grupos salafistas, los takfiri y todos aquellos grupos suníes financiados de modo azaroso por el crimen, motivados por el control de actividades criminales como el narcotráfico o directamente subvencionadas por las petromonarquías o estados occidentales, en este último caso en nombre de una ingenua versión del wilsonismo, que dice todo grupo que se alce en armas en nombre de la democracia debe ser sostenido interdependientemente de toda otra consideración. Los iraníes son las primeras víctimas de esos grupos, ya que los chiítas son considerados como infieles (takfir) antes que cualquier otro grupo judío, americano, cristianos, y así murieron de vuelta civiles de esa comunidad durante esta primera quincena de Agosto en Irak y Pakistán, víctimas del terrorismo suni.

¿cuál habría sido el interés de Irán de ir a matar judíos en un lugar tan periférico para sus intereses como Argentina ?

Una de las más graves acusaciones que porta sobre los hombros la Republica de Irán es el atentado de la AMIA el 18 de Julio de 1994.  En febrero de 2013 se firmo un Memorándum of Understanding (MoU) entre Irán y Argentina. Un logro diplomático para Irán, desde el punto de vista técnico;  desde el punto de vista de la filosofía del derecho una aberración, ya que hace de la parte sospechada el árbitro, y un costo político enorme para el gobierno de Cristina Fernández, cuyo celo en llevar a cabo la firma del acuerdo obedece a intereses aún desconocidos. Pero nada de todo eso tiene que opacar o influir sobre lo principal, que es que no se sabe quién o qué está detrás del atentado que confino en la muerte de 85 personas. Un aspecto del cual es muy difícil hablar, ya que la investigación no ha concluido en ninguna pista. Pero desde la racionalidad cabe preguntarse ¿cuál habría sido el interés de Irán de ir a matar judíos en un lugar tan periférico para sus intereses como Argentina con el cual estaba en negocios y que siguió haciendo negocios en materia de intercambio nuclear, en particular de uranio enriquecido a 20%  de modo totalmente legal, en remplazo del uranio altamente enriquecido, hasta después del atentado? Rafsandjani es el hombre que hizo liberar los últimos rehenes detenidos por el Hezbollah en Líbano ¿que habria querido manifestar a traves de semejante estrago?  ¿Sería posible que el Guía Supremo haya tomado esa decisión sin informarlo aunque en el esquema de poder teóricamente fuese posible ? ¿Obedeciendo a qué retribuidle estrategia? Los especialistas consultados en Irán parecen decir que es impensable.  En cuanto al recurso de un atentado delegado en manos del Hezbollah parece impensable también. El Hezbollah nunca cometió atentados fuera del Líbano y en 1994, trabajaba para construir su vidriera política.  ¿Por qué una primicia en Argentina? ¿Qué interés tan estratégico podría haber habido en un país tan periférico, tan alejado del punto cero de impacto político o propagandístico? ¿Porque ir a cometer un atentado en Argentina cuando Irán estaba negociando desenfrenadamente para ser resarcida del pago efectuado a la empresa Argentina INVAP por el contrato firmado el 5 de Mayo de 1987 en materia nuclear ?  Un atentado no era la mejor manera de llegar a una solución, menos con la Agencia Internacional  a la Energía Atómica( AIEA) ofreciendo sus buenos oficios. Las negociaciones llegaron a cabo en 1997 cuando Irán recibió un pago de 5.500.000 dólares. ¿Podría el estado argentino haber indemnizado un estado, el cual sinceramente consideraba como el principal sospechoso de un atentado que dejo tantas muertes civiles?  ¿Pudo ser un hecho aislado por parte de un subgrupo de intereses mafiosos entre dos países donde la corrupción no tiene nada de anecdótico?  Pero la corrupción en Irán como en Argentina debe ser autorizada. Más aún en Irán donde la noción de control impone su impronta en todos los aspectos de la vida. Todos los especialistas, y no solo iraníes, apuntan a la pista local, o sea argentina. La cantidad de material que converge hacia la pista local en otro país, Francia, Estados Unidos o en el Reino Unido para hablar de países victimas recurrentes del terrorismo, habría bastado para pronunciar condenas perpetuas. Es una historia que queda por contar. Porque se enterró la pista local y quien se ocupo de que así sea.  ¿Quien encubrió aquello que se llego a saber ? Esa parte si se conoce. Fue Néstor Kirchner. En el estado actual es asumido con resignación que nunca se sabrá. Irán, envarado en su corsé de país del Eje del Mal, nadie parece preocupado de saber la verdad. Iran es el culpable perfecto.



Categorías:Argentina, Irán

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2 respuestas

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