Hassan Ruhani, el hombre del medio.

Desde Teherán, Teresita Dussart (c) all right reserved

El ahora presidente Ruhani es un excelente conocedor del funcionamiento del régimen, por ser uno de sus pilares y cofundadores. Al conocer sus fuerzas y debilidades cuidó detalladamente la dramaturgia de su asunción. Entró acompañado del ex presidente Ali Akbar Hachemí Rafsandjani y situó a dos sillas a su derecha a Hamid Karzai, el presidente de Afganistán. Lo primero fue un mensaje gráfico con destino interno a los secuaces de Mahmud Ahmadinejad y todos aquéllos que potencialmente quisieran verlo debilitado. Rafsandjani es el hombre que nunca salió del escenario político desde la revolución. En cuanto a Karzai, es un mensaje al frente externo. En 2014 se retiran las tropas americanas de Afganistán y el único país con algo de capacidad y muchas buenas razones de hacer frente al sunismo fundamentalista de los “Taqfiris”, es Irán. El mensaje apenas subliminal fue cuídenos, nos van a necesitar de vuelta.
Por primera vez en la historia del Irán post revolucionario, delegaciones extranjeras fueron invitadas a asistir a la asunción de un presidente, el ayatoleslam Hassan Ruhani. En el Majlis, el parlamento Iraní, diez presidentes extranjeros, ocho vicepresidentes, dos primer ministros y tres diputados no lograron juntos tapar la ausencia de representantes occidentales.
Sin embargo, el discurso de asunción, fue inequivocadamente dirigido a la atención de aquellos grandes ausentes. Su discurso fue una carta abierta en modo apologético a la moderación, una calidad que ha faltado significativamente al régimen revolucionario desde 1979, no obstante algunas ventanas que fueron las presidencias de Rafsandjani y la menospreciada y desaprovechada presidencia de Muhamad Khatami. “Tenemos que mostrar la verdadera cara del islam” dijo Ruhani. “La moderación es la racionalidad. No podemos seguir en la radicalidad de nuestras interacciones”. Parecía repetir aquella frase que una vez el ayatollah Rafsandjani espetó, desde una oración del viernes al mismísimo Khomeini, durante la guerra Irán-Irak, cuando Khomeini sugirió mandar al fondo una nave de guerra estadunidense : “no podemos hacernos enemigos inútilmente “.
“Declaro que la Republica Islámica de Irán busca la paz y la estabilidad en la región”, fue una de las declaraciones más impactantes de Ruhani. El nuevo presidente es el heraldo de gran parte de la sociedad que reprocha a Ahmadinejad sus declaraciones fracasantes que habrían propiciado las sanciones impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos. Al contrario, durante su asunción Ruhani aclaró “nosotros no queremos transformar las fronteras de ningún estado”. Lo que podría exegéticamente ser considerado como un mensaje destinado a Israel. Un cambio de tono radical si uno se acuerda de las declaraciones de Ahmadinejad de querer borrar Israel de la superficie de la tierra, en 2005, luego reiteradas en 2006.
En un discurso de ruptura con su predecesor, Ruhani hizo un atrevido llamamiento al respeto de las libertades civiles dirigiéndose a las mujeres, recordaron que siempre acompañaron la revolución, son la mitad de los iraníes y por sus cualidades y su inteligencia merecerían que sus derechos sean mejores considerados. No ejemplificó cómo entendía desarrollar ese concepto. Las mujeres en Irán gozan en la vida civil de un acceso a la vida profesional y académica igual o superior al de los hombres. En cambio, el derecho familiar inspirado por la Shariá las confina a una condición de ciudadanía a medias, entre el esclavo y el patricio. Por el resto, apeló a “terminar con las discriminaciones y respetar los ciudadanos”, sin precisar a qué tipo de discriminaciones se refería. Poco después en su discurso evocó la necesidad de crear una “meritocracia” para generar prosperidad. La sociedad iraní sufre de esa forma de flagelo que entra a hacer parte de una de las tres categorías de corrupción según el Banco Mundial, que es el nepotismo. Los hijos del poder se encuentran en todas los esferas políticas y económicas y constituyen un freno al desarrollo del país. Como parte de ese reto que Ruhani asimila a la lucha contra la pobreza, y como lo había hecho ayer, evocó la necesidad de erradicar la corrupción. Un reto casi imposible. Los ocho años de presidencia de Ahjmadinejad son ochos años de opacidad en el manejo de la economía.
En materia económica, su texto fue impregnando de ideas francamente liberales que no debieron ser del gusto de algunos de sus invitados, como Diosdado Cabello, presidente del Parlamento venezolano e hijo putativo del fallecido Hugo Chávez. Hablando de economía, el ayatoleslam Ruhani declaró que “su prioridad será reducir el estado de control de la economía”. “Tenemos que tenerle confianza al talento de los iraníes, despegar más iniciativa privada.” “El Estado deberá reducir las estructura existentes y priorizar el desarrollo y la prosperidad”. Algo muy poco compatible con el credo neobolivariano. Un diplomático que conoce bien las relaciones entre Irán y América Latina declaraba a este corresponsal que las relaciones entre las repúblicas “socialistas del siglo XXI” Irán no serían nunca más las mismas, lo que sí era muy probable en cambio, era que este nuevo gobierno conserve la relación comercial privilegiada que tiene con Brasil. El resto pasaría por una fase de “profunda remodelación.” Antonio Patriota, el canciller brasileño, fue uno de los tres representantes de América Latina de alto nivel que asistieron a la asunción. El gobierno argentino no mandó nadie.
Aprovechando, como lo dijo explícitamente, de la presencia de delegaciones extranjeras, Ruhani transmitió al presidente del congreso, apenas pronunciado su discurso, la muy esperada y potencialmente polémica lista de los miembros de su gabinete, apelando a un voto de confianza del Majlis. El viernes pasado, durante la celebración de Al Quds, de profunda devoción revolucionaria y donde se reentonan todos los latiguillos contra el sionismo, el imperialismo y la degeneración de Occidente, le fue dirigido al presidente electo un mensaje intimidatorio. No se le permitiría nombrar en su gabinete ningún miembro “sedicioso”, que haya participado en la primavera de 2009. Sería bloqueado por el líder supremo Ali Khameney, intención que fue confirmada por el propio Khameney al día siguiente. La lista que presentó Ruhani es un elenco de apertura, pero hace las concesiones a esa nueva guardia de la guardia vieja que son los conservadores populistas. Entre los más destacados del nuevo gabinete, si es confirmado, estaría Muhammad Javad Zarif, ex embajador de Irán en Naciones Unidas, elevado a la dignidad de jefe de la diplomacia, y Bijan Zanganeh, que recupera su portafolio de ministro del Petróleo que ya ocupó bajo la presidencia de Khatami. El parlamento deberá aprobar o rechazar la semana que viene el gabinete creado por Ruhani. Rechazándolo, generaría una crisis gubernamental.
Ruhani mide perfectamente los escollos en su camino. “Espero que sabremos evaluar las oportunidades y no reducir una conducción a cuestiones personales”. Para estar donde está, sobrevivir a las rivalidades y zancadillas propias del clero al cual pertenece y no provocar una oposición demasiado virulenta de la minoría urbana pobre que conserva Ajmadinejad en su panteón de héroes deberá ser, más que nunca, fiel a su definición de él mismo: “el hombre del medio. ”

Teresita Dussart (c) all right reserved
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