EL ESTADO MACRO CORRUPTO

Algeria-lultimatum-del-Mujao[1]©Teresita Dussart

Hace un mes, el think thank estadounidense “International Assesment and Strategy Center” (IASC) no dudaba en asimilar Argentina a un Narco Estado. Información corroborada por la entrega 2013 del informe de la Oficina de Drogas de Naciones Unidas (UNDOC). Durante esta década de viento de cola, paradójicamente, Argentina cerró las puertas a la globalización comercial y se cortó de sus partenarios naturales, en base a principios bastante obtusos por cierto, pero no lo hizo así para el crimen. Parte de sus conexiones, las mas políticas, se revelan a través de los nexos del crimen transnacional. En 2007 la que escribe participaba de una cumbre de expertos de lucha contra el blanqueamiento de activos en Mauritania. En aquel momento se apuntaba a las nuevas formas de financiamiento del terrorismo. Mi exposición consistía en alertar sobre el contrabando de cigarrillos, como una de esas nuevas formas de financiamiento, entre los nuevos grupos dijahdistas, entonces incipientes, en África sub/trans Sahariana. Hoy es la cocaína, y esos grupos son guerrillas que pueden derrocar un ejército regular y practicar la política de la tierra quemada. El rol ascendente de Argentina como puerto de salida de cocaína hacia África occidental, corredor de tránsito hacia Europa, ha tenido por efecto de exacerbar la rivalidad dentro de la nebulosa jihadista nomadizando en Mali, Níger, Mauritania, para el control de la droga. Un mercado infinitamente más lucrativo que lo que hasta 2009 dividía casi inocentemente las facciones: el contrabando de cigarrillos. A través del narcotráfico Argentina ejerce una palanca geocriminal que ha potenciado los acontecimientos del norte del Mali. ¿Quien lo diría? Dos zonas tan alejadas, sin prácticamente comercio regular, tan aparentemente fuera de toda comunidad de destino ?
Se entiende si se entiende que el narcotráfico es parte de una acepción sistémica del crimen, no se da solo. Y no cabe duda que a lo larga de esta década, el país paso de ser un estado de estándares éticos al nivel del subcontinente latinoamericano, o sea no brillantes, a la caratula de “Estado golfo” (rogue state), concepto al cual hoy se prefiere “Estado criminalizado”.

Lo paradigmático de esta situación es que los estados de derecho no conforman usualmente este tipo de estado. Como la hija loca de la madre cuerda, esta república de derecho genero la macro corrupción, que es lo que es el Estado criminalizado. No obstante sus treinta años de retorno a la democracia, sus instituciones sobre papel admirables, Argentina hace excepción, en una lista conformada sólo por dictaduras o países en estado de severa disrupción institucional.

Por macro corrupción se entiende un jefe de estado y su clan familiar o allegados más íntimos atornillados al poder durante un lapso de tiempo crítico que se termina generalmente de modo violento y cuyo fondos mal habidos son obtenidos, cosas que se saben, en base a comisiones tan ocultas como extorsivas o al robo directo al erario público, o actividades directamente criminales perpetradas al amparo de una justicia cuya ceguedad no es de confundir con la imparcialidad. Enriquecimiento personal de un nivel tan importante en dígitos; tan sistémico, que perjudica directamente el crecimiento del país. Para conocer casos similares hay que viajar en el tiempo y en el espacio: el General Sani Abacha (Nigeria), Mohamed Suharto (Indonesia), Ferdinando Marcos (Filipinas), Omar Bongo (Gabón), Alberto Fujimori (Perú) y Slobodan Milosevic (Serbia). A éstos y muchos más conviene agregar varios líderes depuestos por las recientes “primaveras árabes”. Todos usufructuaron el buen negocio de gobernar un país emergente con valores de evasión de entre 700 millones a 15 mil millones de dólares. La Argentina de esta década estaría en alguna parte entre Milosevic y Omar Bongo. Lo dicen las estimaciones de evasión según las denuncias habidas, y lo que se sabe al cabo de diez años de extorsión a las empresas, en particular extrajeras, y varios rubros abiertamente criminales relacionados a altos funcionarios.

Esos picos se alcanzan en base a factores exógenos y endógenos. La notoria falta de escrúpulos de algunas plazas financieras y el doble discurso de otras. Nunca se había hablado tanto, ni se hablaría más, de obligaciones de diligencia como se hizo en los albores de este milenio, y el gran patrocinador de tan nobles medidas fue Estados Unidos. Sin embargo, muchos de los “malos” de la película bajan la bandera del discurso “antiimperialista” ante la hospitalidad y las ventajas de blanqueo que siguen proponiendo los estados de Delaware, Nevada o Florida. Es imprescindible entender que las estructuras jurídicas de la evasión pueden sin perjuicio registrarse en paraísos abigarrados, pero los fondos reposan en unas pocas plazas financieras del mundo, como Suiza, Londres o Estados Unidos, fundamentalmente, ofreciendo los tres criterios no negociables que son la estabilidad monetaria, política y legal. Especialmente la legal, porque no hay más quisquilloso que el corrupto, cuando de asegurarse jurídicamente los bienes mal habidos se trata.

Otro son los disfuncionamientos internos. Cuando un gobierno empieza a tener conductas insólitas, es importante estar al acecho. Los servicios de inteligencia evocan lo insólito, como señal débil. A lo largo de esta década las señales débiles confinan en un bochinche ensordecedor. Pero ninguna de esas señales parece haber inmutado el funcionamiento de la Oficina Anticorrupción o de una de las tantas herramientas. Una señal débil es aquella información presentada sin énfasis, diseminada en un contenido que la condiciona como anecdótica. Puede ser la recurrencia de un mismo banco en varios esquemas transnacionales de lavado en la misma época. Las revelaciones del contador Gustavo Gutiérrez, tratándose de un banco en Estados Unidos donde habrían transitado los fondos de Santa Cruz, coinciden con otros casos de macro corrupción del Banco Central de Rusia, desviados del FMI en 2001, idos a parar en la misma entidad a la misma época, o los fondos provenientes del narcotráfico por los cuales fue imputado Raúl Salinas, el hermano del entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari (PRI). Puede ser una coincidencia. No quita que los haberes que llegan a una entidad reputada por su gestión de fortuna no llegan de la mano de un testaferro extraviado porque vio luz encendida y entró. Hay cazadores de fortunas, gente moviéndose en los círculos apropiados que los van a buscar, proponiendo un “all inclusive” desde la evasión, el lavado, hasta la integración al sistema financiero legal. No es inútil saber que, dentro de ese know how, figura hasta el propio reporte de operación sospechosa (ROS). Un ejemplo de ello es el reporte por parte de Lombard Odier a su autoridad de tutela de una transacción aislada de un millón y medio de dólares por parte de una de las sociedades pantallas del clan Báez que deja al banco ginebrino bien parado, a la vez que permite transferir los fondos no reportados con toda serenidad. Un técnico de la lucha contra la corrupción no deja pasar esas señales. Como no deja pasar la afirmación del, camporrista, titular de Fabricaciones Militares, Santiago Rodríguez, de querer vender armas a Angola. Como si los vetustos pertrechos argentinos podían competir con lo que Angola posee proveniente de los arsenales y subsecuentes tráficos, rusos, franceses y mucho mas. Un episodio entre los tantos, de esa modalidad de relacionarse al mundo que ni siquiera mejora las relaciones bilaterales, pero sí concurren a generar más dudas sobre los intereses de por medio.

No sólo los organismos de control son inoperantes. La percepción de la corrupción por parte de la opinión pública está en juego. La última encuesta de Transparencia Internacional confirma que 72% de los argentinos piensa que la corrupción aumento desde 2011. Información nunca faltó. Siempre hubo un periodista o un parlamentario para denunciar el escándalo de los fondos de Santa Cruz, de los fármacos adulterados, del financiamiento oculto de las últimas campañas, de los subsidios evadidos, de las coimas y otras fechorías conformando el Sutra de la corrupción argentina. Lo que falto es traducción política de esa percepción. Durante una década, todo fue cayendo en saco roto, y no tanto por la mano invisible detrás de la lotería judicial, sino y, tal vez, sobre todo, por la letárgica indiferencia de la opinión pública, aun incluyendo las recientes movilizaciones populares de las cuales sólo se registra el efecto catártico de sana indignación. Empiezan a caer segundos cuchillos como Ricardo Jaime, tiemblan choferes y testaferros varios. Los jueces se animan, pero también se animaban, en fin de reino de Carlos Menem. Lo que tiene que cambiar es el relativismo cultural resumido en la ficción popular del “roban pero hacen” que no sólo otorga sino que conlleva una pizca de admiración.

1- http://www.ajd-mr.org/modules.php?name=News&file=article&sid=1272



Categorías:Argentina, Corrupción

Etiquetas:, , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: